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    El efecto Ella baila sola

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    De pronto, en un bar cualquiera se escucha “¿Por qué ya no me baila…”. Inmediatamente todas las chicas que estamos por ahí (y que andamos en la treintena, año arriba, año abajo) nos miramos. No tenemos nada en común. Una es pijilla; otra lleva rastas. Una lleva tacones y la otra va en chándal. No importa, al unísono todas comenzamos a desgañitarnos: “… un gusano en la tripa…”. Es el efecto Ella baila sola.

    Hace muchos años que no las hemos vuelto a escuchar. Pero no importa. La letra está ahí, tatuada en un pequeño recoveco de nuestra memoria, preparada para salir.

    Éramos niñas. Con nuestras amigas nos repartíamos las voces. Tú, la voz grave. Yo, la alta. Tú, la rubia. Yo, la morena. Tú, Marta. Yo, Marilia. Porque ellas, Marta y Marilia (siempre nombradas así, en ese orden), se convirtieron en parte de nuestras tardes escuchando  y cantando sus canciones.

    Aprendimos sus letras (y las de Amistades Peligrosas pero eso era otra cosa). Nos emocionábamos con unas canciones que hablaban de rutinas de pareja (que se hacen máaas, máaaas fuertes), de rupturas y de promesas sin haber pasado nosotras por nada de eso todavía. Nos comentaban que repartir los amigos después de una separación era muy difícil y me dejaron muy claro que de mayor nunca sería una “mujer florero”.

    Ahora cantamos las canciones en un bar cualquiera, acordándonos de cómo éramos hace años, pensando en cuánto tiempo ha pasado (ay, la nostalgia noventera). Es entonces cuando nos damos cuenta que Ella baila nos habían adelantado todo por lo que íbamos a pasar, nos habían preparado.

    Allá por 1996 nos dijeron lo que nos pasaría unos años más tarde: “Será que nuestra vida ya no es diferente, hacemos todo igual que el resto de la gente”. Que  llegaríamos a entender qué se siente cuando escuchas promesas mientras alguien se aleja, saber que piensa volver algún día cuando los sapos bailen flamenco…  Y sí, también  nos avisaron que llegaríamos a encontrar consuelo en los amores de barra.

    Pero como en sus canciones, ellas también terminaron separándose. Adiós a Marta y Marilia.

    Marta, con una nueva compañera, volvió a ser Ella baila sola (bueno, E.B.S.) pero terminó separándose de nuevo para trabajar en solitario. Y Marilia hace un par de años sacó nuevo disco. Ya no están las chicas con las que cantábamos nuestras primeras canciones de desamor. Pero no importa, porque ellas crearon el efecto Ella baila sola.

    Porque ahora, mujeres que aparentemente no tenemos nada que ver poseemos esas letras preparatorias guardadas a fuego en nuestra memoria. Porque las cantamos dándolo todo en los bares. Porque las tarareamos cuando nos vemos con lápiz de labios mal puesto en el baño. Y las bailamos juntas aunque sí, nosotras bailamos solas.

    Sobre el Autor

    Imagen de perfil de Mireia Clavero

    De pequeña quería ser trapecista. Ahora me lanzo al vacío contando historias. De vocación, cuentista. De corazón, teatrera. Me gusta lo rarito, lo hortera y los chistes malos.

    

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