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Cultura

8 razones por las que ‘Call me by your name’ es la mejor película de la temporada

Imagen de perfil de Beatriz Romero
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Alerta spoiler. Si no has visto ‘Call me by your name’ (no sé a qué estás esperando) mejor no sigas leyendo porque quizás sea mejor que te dejes sorprender.

Me he puesto intensita para hablar de una de las películas que más me han gustado de los últimos tiempos. Pero gustar desde las entrañas, un gustar que te cuesta explicar porque tiene tanto de ti que hasta te da vergüenza verbalizarlo.

– Por el primer amor (de verano). Con toda su intensidad y sencillez. Ese que te descoloca por lo repentino y que te expone a los elementos. Una explosión de sentimientos que te hace vulnerable y fuerte al mismo tiempo, el despertar del deseo y de la experimentación sexual. La búsqueda constante de intimidad y la construcción de un idioma común, esos lugares sagrados del amor.

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– Por todo lo que ni se dice, ni se ve pero se siente. Porque no hace falta ser efectistas para hablar del amor. Porque, al fin y al cabo, el amor son las cosas sencillas. Cuando una historia te hace sentir no hay que romper esa magia con artificios ñoños.

– Por la dolce far niente. En la era de la inmediatez y el estrés patológico, redescubrir la maravilla que es no hacer nada es casi un regalo. La película se regodea en esas “horas muertas” de paseos en bicicleta, lectura, baños en el río y poco más. La vida pausada del verano donde parece que no pasa nada pero en realidad está pasando todo. Y las moscas.

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– Por la belleza. En el sentido más amplio. No es que yo sea una experta en cine, pero la fotografía y las localizaciones te trasladan a un pasado feliz que es presente y futuro al mismo tiempo.

– Por el speech del padre de Elio que guarda toda la verdad del universo. Porque no podemos tener miedo a sentir dolor si ese dolor es el recuerdo de cosas maravillosas. Y si algún día soy madre, ojalá tener el valor y la sensibilidad de hablar así a mi prole.

– Por Sufjan Stevens, claro. Por esa canción maravillosa que estoy escuchando ahora mismo, en bucle, llorando como una magdalena de pura felicidad. Por Franco Battiato, que también sale. Y por toda la BSO en general.

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– Por la búsqueda de la propia identidad. Aunque parezca secundario, esto es una parte importante del hilo de la película, un adolescente buscándose a sí mismo, conociendo sus límites e intereses, madurando (como los albaricoques guiño-guiño) al fin y al cabo.

– Por una enseñanza vital: el amor de verdad no entiende de género. Y es que da igual lo que seas y a quien quieras… el amor es amor y ya está. A quien no se le haya encogido el corazón viendo esta película es que está muerto por dentro y ya está.

Y sí, por qué no decirlo, por la visibilidad de la comunidad gay desde una perspectiva de normalidad absoluta y donde la homosexualidad no es el punto de partida. Una historia de amor que cualquier persona puede haber vivido (o soñado vivir), sin morbo, sin dramas, sin topicazos, sin artificios…

Ojalá muchas más películas así, con esa sensibilidad tan sutil que se aleja de la ñoñería para dejarnos completamente devastados durante días. Yo me muero de ganas de volver a verla, pero necesito tiempo para recomponerme y poder disfrutarla tanto o más que la primera vez.



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