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Cultura

First Dates o cómo seguir confundiendo sinceridad con mala educación

Imagen de perfil de Beatriz Romero
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De verdad os lo digo, estoy hasta el chichi de tanta mala educación disfrazada de sinceridad de pacotilla. Anoche en First Dates vivimos otra cita de esas incomodísimas por la egolatría de una de las partes.

La chica parecía normal: 21 años de A Coruña, feminista, amante de los animales y estudiante de psicología que se quiere especializar en apoyo a mujeres víctimas de violencia de genero. Todos los ingredientes para caerme chachi. Un físico normal, morena, un poco más ancha que flaca pero para nada gorda y vestida así bastante neutra. Podría ser cualquiera de mis amigas.

El muchacho un tío majo, ni feo ni guapo… por ponerle alguna pega llevaba una camiseta amarilla a mi juicio bastante espantosa pero hijas mías, no se debe ser tan superficial (¿verdad?). Un ceramista de 24 años de Girona al que le gustan muchísimo los animales. El típico chico con pinta de hacerte pasar un rato agradabilísimo pero ¡eh! gordo.

Cuando Sobera los presenta ya se nota que a Ana no le gusta nada Óscar (cuánto se aprende del lenguaje corporal y de la vida en general viendo este programa); bueno, qué se le va a hacer, cuando algo no te entra por el ojo pues poco hay que hacer más allá de intentar pasártelo lo mejor posible e intentar ver si se genera algún tipo de conexión no física. Pero no, ella se cierra en banda. No voy a juzgar eso, si no le gustó, no le gustó y no tiene por qué esforzarse en nada. El problema viene cuando ella toma la iniciativa preguntando por las primeras impresiones.

– ¿Tu primera impresión?

– La primera impresión es buena, eres una chica guapa, como ya debes saber…

– Es que… O sea, me gustan las personas atléticas, eeeeh, y ya está.

– (Cara de póker). ¿Algo más que contar?

– Creo que ya he contado suficiente…

¡BOOOOOOOOM! ¿Qué fucking necesidad de quedar como el culo y hacérselo pasar mal a tu cita? Sí, querida Ana, ya has contado suficiente, si me tocara a mi semejante comentario no sé cómo reaccionaría, pero desde luego me sentaría como el culo y probablemente haría la croqueta… Da igual lo empoderada que esté, no tiene nada que ver con eso, se trata de la falta de sensibilidad que demuestra esa necesidad de expresar el YOYOYOYOYO. No somos solo personas individuales, vivimos en sociedad y eso significa que existen unas normas que todos deberíamos cumplir para intentar vivir en armonía.

Pero ¡ojo! que la reacción de Óscar, aunque algo comprensible, muy bonita tampoco fue… con la diferencia de que no se lo dijo en la puta cara.

Vale. Si fuera un chico atlético pediría una chica modelo, una chica 10. Como no lo soy pido una chica normalita. Creo que sí, es pedir una cosa que no tienes.

Amigo Óscar, te vamos a disculpar porque en ese momento tenías el orgullo tocadito y con razón. Pero Ana (y cualquiera) puede pedir lo que le salga del chichi, sea o no una chica 10 (que por cierto… ¿qué coño es una chica 10?). Otra cosa es que no tenga derecho a hacértelo pasar mal gratuitamente solo porque no le haya gustado tu físico y que encima lo haga como con recochineo, siendo ella la que empieza esa conversación porque está deseando decir que el muchacho no le había gustado físicamente, sin darle la más mínima posibilidad de nada. No tiene sentido. (Podéis ver el vídeo completo aquí).

Y os lo digo una vez más: NO SOY BUENISTA, SOY UNA PERSONA EDUCADA.



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