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    La gorda de Igartiburu

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    Me siento incómoda en mi trabajo, y no, no es que me haya puesto mal un tampón -esta vez no ha sido eso- es que todos los días, a la misma hora, me persigue la misma desagradable situación.

    Todo empieza sobre las 14:00h, es la hora de comer y la plantilla al completo nos sentamos alrededor de una larga mesa como una familia, todos cargados con nuestros tupperwares, frente al que será nuestro tema de conversación: la televisión.

    Pero es justo a esa hora, señoras y señores cuando entra en antena el único programa que parece agradar a mis jefes: Corazón, corazón.

    Empieza el programa y el combate comienza, mi compañeros de trabajo y mis jefes -personas a las que admiro profundamente, en las que confío y otras a las que no admiro tanto, pero con las que me iría de cañas-  empiezan a despotricar todo tipo de insultos ingeniosos contra Anne Igartiburu, contra su peso, lo más suave que se les oye decir es “gorda de mierda”. Insultos hirientes e injustificados.

    Por cierto: Anne, si estás leyendo esto, quiero que sepas que para mi eres una mujer muy atractiva y una gran profesional. Hay un pedestal para ti dentro de mi cabeza.

    Loviu Anne

    Loviu Anne

    El caso es que es que me veo otra vez, como en el instituto: escuchando a una pandilla de adolescentes subdesarrollados graznar si una tía está buena o no, si la cabeza está bien pero¿¡Pero qué es esto?! ¿Dónde están mis respetados jefes? ¿Dónde están mis compañeros de batallas y amigos? ¿Quién ha metido a estos burros en el comedor?

    Y ahora os preguntaréis si esto me pasa sólo a mi o a mis compañeras de trabajo también. Sí, a mis compañeras de trabajo les pasa lo mismo. Nos hemos quejado, pero han decidido omitirnos. Es gracioso cuando le pides a alguien amablemente que pare, y amablemente te ignora.

    De alguna manera me imaginé que hombres de su edad, con su experiencia vital y sus canitas,  ya no dedicarían su tiempo a decir este tipo de estupideces, que habrían madurado. Sí, por lo visto vivía en los mundos de yupi y ahora la decepción ha sido enorme.

    Así que yo estoy perdidísima. Oigo en mi cabeza un Pepito Grillo gritarme con la fuerza de Aretha Franklin: Si piensan eso de Igartiburu ¿qué pensarán de ti, pequeña saltamontes? (Quizá aquí ya hay demasiados bichos involucrados).

    Lo grave, más allá de lo herida que me pueda sentir yo, es que me dedico al medio audiovisual. Mis jefes son productores con mucho camino recorrido en televisión.

    Si estos “borricos alfa” piensan así, si estas personas son las que tienen que elegir el modelo de mujer que aparezca en televisión – ya sea a través de personajes de ficción o de presentadoras- ¿Qué tipo de mujer me representará? ¿Dónde está el modelo de mujer fuerte, auténtica y sin complejos que veo todos los días en el metro?

    Anónimo

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    Este post está escrito por un colaborador puntual de WeLoversize. Si tienes algo interesante que contarle al mundo, puedes enviarnos tu textos y propuestas a [email protected]

    

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