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    Pues a mi no me pone Mario Casas… ¿es grave?

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    Pues no, no es mi tipo. Vale, que el chico es majete, yo no digo que no. Pero que no, que no me gusta y punto. Se me ocurrió comentarlo en voz alta el otro día en la redacción y por poco provoco cuatro bajas. Una se atragantó con el agua que tenía en la boca, otra soltó un grito que pareció la alarma de incendios, la de más allá empezó a convulsionar “¿cómo que no, cómo que no?” y la de la otra esquina por poco se mata con una silla corriendo hacia nosotras “¿qué pasa, qué pasa?”.
    – Ésta, que dice que no le gusta Mario Casas…
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    Entonces todas se agolparon en torno a mi ordenador, uno de los chicos también se acercó convencido de que hablábamos de las tabletas de algún futbolista, y nos dispusimos a hacer lo que no se debe hacer en estos casos: intentar convencer al otro de lo que no piensa. Pusimos “Mario Casas” en Google imágenes, y ahí estaba él, con su manita apoyada en la barbilla, frunciendo el ceño (siempre lo hace) y poniendo morros (siempre lo hace también). 8 de las 10 primeras fotos eran a pecho descubierto. No digo que eso sea un problema, pero me parece mu repetío. “Que siiiii, que ya te hemos visto las tabletas, hijo mío”.
    “A ver, feo no es ni mucho menos…” tuve que defenderme, “pero simplemente a mi no me parece un empotrador”. Y claro, no conseguí llegar a buen puerto, éramos 4 contra 1, más el tío que estaba por allí, que también estaba de parte de ellas y que me decía que no entendía por qué no me lo quería zumbar, que las tías no nos aclaramos y que estamos locas. Él fue el primero en marcharse de allí, porque le pusimos una cara por unanimidad de locaseratuputamadre; luego las chicas desistieron y me dejaron ante el ordenador llena de dudas.
    – ¿Me gustarán las tías?
    – ¿Me estoy haciendo mayor?
    – ¿Me estoy volviendo rara?
    – ¿Es necesario poner tan fuerte el aire acondicionado?
    Pero fue una falsa alarma, me reafirmo. No me gusta Mario Casas porque está mu delgaducho, aunque en alguna peli se haya puesto petao. No sé, lo veo delgaducho. No, no es la edad. Tiene 29, y a esos ya me los tengo yo repasaos sin problema. No es cuestión de gusto generacional. No sé. No me va su morrismo, sus ojitos, su rollo malote. Me parece manido ya el rol de macarra. Me recuerda a Juan José Ballesta en El Bola, sinceramente. Me parecen calcaos. Y si calladito tiene alguna posibilidad, ya cuando habla, ni te cuento. ¿Soy la única persona en este país que no lo entiende cuándo habla? En serio, me dan ganas de pasar por al lado y cascarle una colleja y decir: “¡Niño, vocaliza coño, que no se te entiende”.

    Y es que yo soy muy de charlar, qué queréis que os diga. Y al final me imaginaría yo iniciando una conversación con él y a la segunda palabra rumiada (niño sácate el chicle de la boca), al segundo “ejque” y al tercer “glugluglu” no tendría más remedio que acabar tirándomelo. Sí… y sería una pena follarme a Mario Casas sin ganas…

     

    Sobre el Autor

    Imagen de perfil de Marina

    Soy periodista deportiva, soltera, hetero y bruta, muy bruta. Algunas veces las cosas me pasan a mi, otras no, pero tengo la manía de contarlas todas...

    

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