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  • Cultura

    Quiero ser monja: la llamada de la audiencia

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    ‘Cristo es mi hombre’, esto es lo que dijo Paloma, una de la protagonistas de ‘Quiero ser monja’, ayer en Cuatro. Con apenas 21 años, esta mujer tiene claro que quiere dedicar su vida a Dios. La iglesia está viviendo momentos de deserción después de muchos años de escándalos dentro de la propia institución; las iglesias y conventos se vacían, la edad de las monjas y curas es cada vez mayor. En medio de esta situación, ¿qué hay mejor que crear un programa donde las futuras monjas sean jóvenes, salgan de fiesta o hasta tengan novio? Este binomio perfecto entre el lavado de cara de la iglesia con un mensaje como; cualquiera puede sentir la llamada y somos una institución moderna que salimos en la tele y una cadena con sed de audiencia. Cuatro lleva años con unos datos de share que van a pique, tanto es así que sólo despunta gracias a los programas ‘tróspidos’ y a un Iker Jiménez que aguanta el barco como puede. Así que este formato ‘Quiero ser monja’ que tiene cierto punto morboso, le viene como anillo al dedo. Al ver el programa me hago muchas preguntas:

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    ¿Son actrices?

    Sobre los programas de Cuatro, a veces, planea la duda sobre su veracidad, recordad aquel programa ‘Perdidos en la Tribu’ que generó gran polémica sobre si sus protagonistas eran reales o actores. En el caso de ‘Quiero ser monja’, aún no hay datos que apunten que se trate de un montaje, así que es posible que sean mujeres reales con mucha vocación religiosa. Eso sí, las protagonistas fueron elegidas de una manera meticulosa  para que la audiencia sienta mucho interés por esta historia; la chica que tiene novio y quiere ser monja, la que le gusta salir de fiesta, o las dos hermanas que provienen de una familia muy espiritual.

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    ¿El dinero del programa, a dónde va? ¿Y el voto de pobreza?

    Para realizar cualquier programa se necesitan varios permisos de grabación, en este caso al tratarse de un tema religioso y al ser grabado en el interior de varios conventos, tienen que pedirse permisos a las congregaciones correspondientes y éstas a su vez a sus autoridades superiores. Esto quiere decir que la iglesia, como institución, aprueba que se haga un programa en prime time sobre chicas jóvenes que se plantean una vida dedicada a la fe. Es decir, ¿no importa crear un espectáculo televisivo (y morboso) siempre y cuando consigan más adeptos? Conviene recordar que, Juleysi, una de las chicas participantes tiene novio y aún así quiere entrar en el programa, para poder tomar ‘un camino’ en el futuro. Es cierto que la iglesia no establece ninguna norma al respecto, es decir, no hay ninguna prohibición sobre las relaciones amorosas previas antes de consagrarse a la fe. Pero a ¿dónde va el dinero del programa? ¿Quién pagará las dietas y los viajes en el programa? ¿Las monjas recibirán dinero a cambio? ¿Qué hay del voto de pobreza? Quiero suponer que el dinero que reciban el convento o conventos participantes (en caso de que reciban una compensación económica) se destine a una labor social. Conviene aclarar que en cualquier grabación, si se realiza en una propiedad privada, se ofrece una cantidad en concepto de alquiler durante el periodo que dure el rodaje, ¿en este caso se hará una excepción?

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    ¿La tecnología fuera? ¿Cuánto hay de ‘guionización’?

    El Papa Francisco se abre una cuenta de Twitter y consulta la prensa online, es decir, quiere acercar la iglesia a la vida 2.0. Pero en este programa se ofrece el mensaje contrario; los móviles fuera. Hay muchas monjas televisivas como Sor Lucía Caram, que también utilizan Twitter regularmente, así que me imagino que utilizará un móvil, un smartphone, concretamente. Por lo que esta privación del móvil ¿será un ritual habitual para desprenderse de sus costumbres de la vida pasada o será resultado de un guión? Sin tener una respuesta clara, mi primer impulso es decantarme por lo segundo. Cualquier guionista y espectador sabe que hay que crear conflicto desde el minuto cero, porque hay que captar a la audiencia antes de que cambie de canal. Así que si son chicas jóvenes; ¿qué mejor que quitarles el móvil la primera noche, para, así, crear los primeros llantos y las primeras dudas? Esto me lleva a la siguiente duda; el uniforme, ¿es necesario o es otra estrategia del programa para crear interés, incluso, morbo?

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    ¿Este uniforme de dónde lo han sacado?

    Las primeras sorprendidas con el uniforme son las propias protagonistas, si aún no son novicias ni tienen claro su futuro dentro del ámbito religioso, ¿para qué necesitan un uniforme? La audiencia necesita imágenes claras, no medias tintas. Si van a ver un programa sobre monjas quieren que se represente de manera clara y los iconos son importantes en televisión; chicas jóvenes con uniforme de monja, ¿qué puede fallar? Y atención, que le llaman ‘uniforme’ porque a esa indumentaria no le pueden llamar ‘hábito’, la forma más habitual de referirse a este tipo de prenda. Y le llaman uniforme porque no representa a ningún hábito convencional. Como alumna de un colegio de monjas me fascina lo estético que es este uniforme; falda ceñida, una cruz (que hasta le gusta a la aspirante a monja que estudia moda) y una camisa blanca que  cualquier persona podría usar para ir a la oficina, por ejemplo. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que probablemente el vestuario lo eligiese el propio programa de tal forma que sea más actual y que le siente bien a las protagonistas, o lo que es lo mismo, que sea otra estrategia para ganar audiencia. Y sobre este elemento, el uniforme, se produce uno de los momentos, que para mí, es el más surrealista del programa; el momento de vestirse con el uniforme. En la televisión, las mujeres somos objetos de deseo en cualquier momento, aunque nuestros deseos sean ser monja. La edición, la música y los planos elegidos son ideales para recrear que lo que estamos viendo es una escena donde se quiere remarcar que se puede ser monja y atractiva; la mujer como cosificación sexual una vez más.

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    Todas estas preguntas que me  hago al ver el programa pueden ser pura elucubración o la realidad del reality. El tiempo y el programa acabará respondiendo a algunas de mis  preguntas y me dará o quitará la razón. De momento, Cuatro se asegura unos domingos de resurrección gloriosos gracias al tema espiritual y sensorial con ‘Quiero ser Monja’ y el infalible Iker Jiménez.

    Sobre el Autor

    Imagen de perfil de LadyProtesta

    Guionista cuando me dejan. Con denominación de origen gallega. Escéptica y quejica desde finales de los 80

    

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