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  • Vida sana

    En un lugar tan raro como un gimnasio

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    Era la primera vez que estaba desempleada, pasaba por una especie de  crisis vocacional, decidí darle un giro a mi carrera, quería cambiar.

    Faltaban 6 meses para el día de mi boda, mi economía me lo permitía y lo decidí, me inscribí en un gimnasio por tercera vez en mi vida.

    Me armé de valor, y le dije a mi amiga que me contara acerca de su experiencia en su gimnasio y sus palabras fueron:” me gusta, porque nadie de los que asisten te prestan atención, eso sí, voy en las mañanas”.

    Pensando más en ocupar mi tiempo y liberar el “estrés que implica planificar una boda” (ja! Hoy me río de haber considerado que eso era estrés)…lo hice, llegó el tan temido lunes, desperté con un nudo en el estómago y ganas de arrepentirme, vestida con una vieja camiseta de algodón y un pantalón deportivo desgastado, en resumen el outfit más desfavorecedor del planeta. Legué al lugar, previa cita con mi amiga en la entrada. Ese día no me despegué de su lado ni un segundo, ni para ir al baño. Me mostró los vestidores, me enseñó a usar la cinta e hicimos una clase de aeróbicos, me sentía perdida pero me divertí y oh! Sorpresa, todo siguió mejorando. Mi  amiga y yo éramos pura risa en las clases de los que eran los inicios de la zumba, había días con actividades diversas, unas más entretenidas que otras, pero todo era felicidad. ¿Sospechoso?

    Un día, mi amiga de toda la vida, integrante de mi cortejo nupcial, esa a la que veía todos los días gracias a mi nueva vida deportiva, me dice que se va del país, a estudiar al extranjero, que todo lo hizo en secreto y que ése era su último día en el lugar. Ella se disculpaba por abandonar mi cortejo faltando dos meses para mi gran día y yo sólo pensaba, “estaré sola en el gimnasio” (en mi mente sonó un soundtrack digno de una peli de vampiros y un acercamiento a mi rostro con ojos en negación).

    ¡A darlo todo!

    ¡A darlo todo!

    Después de asimilar mi “pérdida” decidí no abandonar todo el esfuerzo que había significado crearme el hábito saludable de hacer ejercicios todos los días y más rápido de lo que pensé, fui sola al gimnasio e …hice amigos. Gente nueva, de todas las edades y formas. La convivencia hizo que se forjara un tipo de camaradería única.

    No se imaginan lo enriquecedor que puede llegar a ser  una conversación entre mujeres de 20/30/40/50/60 y si! 70 años, que ya se han visto en poses incómodas en un salón, vistiendo ropa apretada, en un vestidor, con todas las hormonas de la felicidad alborotadas gracias al ejercicio.

    Un día los baños y vestidores se nos quedaron pequeños y necesitábamos más espacio. Surgieron así, “las tardes de meriendas”, compartir en casa de alguna un buen café, un dulce, hablar y reír. Me di cuenta que formaba parte de una cofradía donde existía lealtad y cariño. Celebramos cumpleaños y fechas especiales y…llegó el licor a nuestras pequeñas reuniones y…se volvió más divertido aún.

    Cada lunes, eso sí, todas ahí de nuevo, dispuestas a quemar esas calorías, las tapas, los dulces, los vinos y cervezas que compartimos y …seguía siendo divertido.

    Sé que tuve suerte, porque hay que ser afortunada para encontrar semejante tesoro sin estarlo buscando; ha pasado el tiempo y siguieron las celebraciones pero también tristezas, divorcios, despedidas, nos llegó la dictadura, hijos, nietos y sobrinos y el lazo sigue intacto.

    Estas mujeres y algún que otro hombre que se nos unió en el camino, entre ellos nuestro entrenador personal, me hicieron ver más allá de lo obvio, tanto que hasta olvidé que era la gorda del gimnasio. Pude confirmar que el entorno si determina el éxito o fracaso de nuestras experiencias y que a lo mejor, no he bajado muchos kilos, sigo siendo gorda, pero mi condición física es innegable, y sí, he fortalecido mis músculos, pero sobre todo he fortalecido la fe en mi misma, en las personas, en el valor de la amistad, el cariño y la solidaridad. Si eso no es salud, ¿entonces díganme qué es?

    Estas líneas las escribo para que si tu gordibuena, o tu la tímida que no se atreve a  nada, te animes a mover el cuerpo, del modo que sea, ya nos sabemos de memoria todo el cuento de los beneficios que trae, pero es la verdad, aquí tienen razón.

    En esta comunidad se hace un “trabajo de hormiguita” y es importante, resuena mucho más de lo que podemos sospechar. Yo me imagino a todas las loversizes como un ejército de buena gente, todos diferentes, tomando espacios que antes pensamos que eran “prohibidos socialmente” para gente como yo, quien por pesar bastante más que el promedio, sólo por eso, me aterraban los gimnasios y el haberme atrevido a entrar a uno, fue de las mejores cosas que me pudo pasar. Hazlo ¿Quién sabe si ahí encontrarás a tu comarca de gente especial? tan especial como tú.

    Claudia Patricia Valdivia Carrero

     

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    Este post está escrito por un colaborador puntual de WeLoversize. Si tienes algo interesante que contarle al mundo, puedes enviarnos tu textos y propuestas a [email protected]

    

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