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    Cómo follarte a tu ídolo siendo gorda

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    Pues sí, aquí en las memorias de una cuarentona está el capítulo de cuando tuve un idilio con mi ídolo, al que llamaremos Señor X. Ese que has visto tantas veces en la tele. Con el que has tenido algún que otro sueño erótico. El inalcanzable. Pues sí, ese. Un hombre acostumbrado a acostarse con las más guapas y poco acostumbrado a que pasen de él…

    La historia empezó un día que decidí hacer uno de esos cursos donde te enseñan a meditar. Y yo me engalané con mi vestido monísimo, mi pelo planchado, mi eyeliner perfecto y mis taconazos. Al llegar al curso tuve dos sorpresas: una que no pegaba nada (la mayoría iban vestidos como para hacer deporte), y dos, que allí estaba el hombre de mis sueños en pantalón de deporte dispuesto a hacer el curso conmigo.

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    El curso duró dos días. Y yo no le dirigí la palabra en ningún momento. Todas las chicas le rodeaban y le reían las gracias constantemente, pero yo me mantuve al  margen, con una actitud algo altiva como si me pareciera todo un poco patético, y es que hasta cierto punto lo era. Al acabar el curso, al marcharme y despedirme del profesor, el Señor X escuchó donde vivía yo y resulto que él vivía bastante cerca y se ofreció a llevarme a casa. Yo accedí pero con poca emoción, no iba yo a hacerle la pelota. En el camino fue él el que se interesó por mí, por mi trabajo etc. Al llegar a mi casa, me dispuse a bajar del coche, y él me preguntó si iba a ir a otro curso, o si coincidiríamos otra vez y yo le contesté que no creía, pero que si quería que me agregara a Facebook. Ras que te vas.

    Cual fue mi sorpresa cuando al día siguiente veo su solicitud de amistad, ¡tremendo, tremendo!

    Hablamos unos días por Facebook y yo seguí disimulando mi fanatismo, chulita que es una. Y creo que eso fue lo que le moló. Que no le iba detrás ni le hacía la pelota. Total que al final tuvimos la primera cita. Me invitó a cenar y después de la cena le dejé claro que yo no me iba a acostar con él  y me volví a mi casa. Escuchando los aplausos de todas las mujeres despechadas del mundo, y por otro lado pensando: “¿A ver si la he cagado?”.

    ¿Y si me he pasado de chulita y no me llama más?

    ¿Y si me he pasado de chulita y no me llama más?

    Pero no fue así, me volvió a llamar, tonteamos por Whatsapp. Y un día me pidió un masaje (En esa época yo trabajaba de quiromasajista en un centro de belleza). Así que allí estaba yo, con el Señor X desnudo en mi camilla, y masajeando todo su cuerpo perfecto y fibrado y con un calentón más que considerable. Cumplí mi hora de masaje profesionalmente, y al acabar el Señor X me miró sonriente y me dijo:” Muchas gracias, ahora me toca a mí satisfacerte”.

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    Y allí en la cabina, me empotró contra la camilla y pegamos el polvo de la vida. Porque el tío sabía, pero vamos si sabía. Fue uno de los momentos más morbosos de mi vida.  Y así empezó nuestro lío, que duró unos mesecillos, con encuentros solo sexuales. Aquella relación me subió el ego a tope, que ahora lo tengo más grande que mis tetas. Y me he pasado el resto de mi vida diciéndome a mí misma cada vez que no me ha entrado la ropa en una tienda, o cada vez que no he ligado en una disco ¡No tiene importancia, porque yo me he follado varias veces al Señor X!.

    Emma Abril

     

    En la foto destacada: Fluvia Lacerda

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    Este post está escrito por un colaborador puntual de WeLoversize. Si tienes algo interesante que contarle al mundo, puedes enviarnos tu textos y propuestas a [email protected]

    

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