Croqueti
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    No me lo digas con flores: dímelo con croquetas

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    Que sí, las flores son preciosas y lucen un montón en las fotos que luego subes a Instagram pero una croqueta… una croqueta te emociona tanto que ni puedes esperar a sacarle fotos porque ya te la has comido.

    Hace ya tiempo vi una ilustración de Ana Belen Rivero que decía que por su cumpleaños quería una tarta de croquetas. No una tarta cuyo ingrediente fueran las croquetas, entiéndase bien. Si no que quería por tarta una torre de croquetas. Tipo la Preysler con los Ferrero Rocher. Y yo que soy una envidiosa, también la quise.

    anabelenrivero.com

    IG: @ana.belen.rivero

    Y es que al final todo reside en que la croqueta no está bien vista socialmente, o no al menos en todos los ámbitos. Imaginemos la siguiente situación: boda de alto copete, de esas que salen en el “Hola”. ¿Alguna croqueta en las fotos? NO. Y ¿por qué? Porque alguien decidió que no era lo suficientemente digna de tal evento.

    Así que la vida es eso: una delgada línea entre aspiraciones y deseos. Poder y querer. Y no todo reside ahí (digo yo), hay 300 matices intermedios en los que probablemente tu croqueta no luzca. Siempre habrá la típica señora de rancio abolengo que venga y mire tu croqueta con cara de asco, de esas señoras que a todo le ponen cara de “me huele a pis”, que desprecian tu croqueta como si fuera eso: una simple croqueta.

    Si os digo la verdad no conozco a ningún ser humano al que no le gusten las croquetas. Sin embargo queda mucho más bonito decir que te gusta el “foie”… y es que hace mucho tiempo que debemos de pasarnos por el chirimoyo lo que los demás piensen. Como bien dice mi santa madre: mandamos poco a la mierda y eso se nota. Os pongo un ejemplo:

    Yo tenía una compi de cole que quería ser peluquera. Al principio todos pensaban que eran boberías de niños (mi padre quería ser heladero para comerse los helados) pero a medida que iba creciendo siguió en sus trece de ser peluquera y ahí empezó el “drama”. Ella tenía que ser otra cosa.

    -Pero a mi me gustaría ser peluquera mami.

    -Cariño tu puedes ser otra cosa mucho mejor.

    -Pero yo quiero ser peluquera, no ser otra cosa.

     

    Este podría definirse perfectamente como el síndrome croqueta. Si tú quieres ser una cosa ¿por qué tienes que ser lo que otros quieren?

    Seguro que habrá alguien que venga a decirme que no es comparable la belleza de una flor con la de una croqueta y estaré totalmente de acuerdo (en que no es comparable) … pero ¿alguien se ha parado a pensar en todo el trabajo que conlleva una croqueta? Que ser croqueta es muy duro, joder.

    A una croqueta le da igual como ser por fuera (las hay redonditas, cuadradas y alargadas). Van de duras por fuera pero por dentro, que es donde realmente está el valor de la croqueta, son super tiernitas y tan solo cuando las has catado puedes sacar un veredicto. Además que las croquetas son super apañadas, valen de todo tipo de ingredientes y son las que salvan de cualquier marrón de última hora. Pero cuidadito porque las croquetas también pueden engañar y joderte vivo si quieren: pueden abrasar como el mismo magma del infierno y destrozarte por dentro.

    Sin embargo, hay una característica (mi favorita) y es que si te fijas, pese a estar rodeadas de platos super refinados y más elaborados SIEMPRE SON LAS ELEGIDAS por la gran mayoría.

    Así que sí, siempre habrá flores en jarrones y sí, puede que luzcan más en fotos de Instagram pero yo prefiero mil veces ser croqueta… porque de eso hablábamos ¿no? De las croquetas 😉

    Sobre el Autor

    Imagen de perfil de Alba Somoza

    Abogada con alma de repostera. Composición: 50% retranca gallega y 50% locadelcoño. Amor infinito a los unicornios. Yonki de la Nutella. Profesional en meterse en jardines.

    

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