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    Paso de los delfines, yo quiero nadar entre sirenos

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    Las lesiones son una auténtica tortura cuando una es esclava del deporte, de la dieta y necesita las endorfinas para vivir y desconectar. Automáticamente, ese cuerpo tuyo acostumbrado al castigo constante, empieza a crecer. Porque no te puedes mover. El médico pronuncia la palabra “reposo” y, cuando ya la ropa no te entra, y te has comprado todos los jerseys largos del mercado, dice otra palabra aún peor. “REHABILITACIÓN”. Dios mío de mi vida. Que no lo diga… que no lo diga… Y lo dice: “En PISCINA, claro”.

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    El traumatólogo me acababa de mandar al matadero. Con el frío que hace. Todos los días con los pelos mojados. Obligada a estar perfectamente depilada y a rodearte de señoras y señores mayores que hacen la bicicleta del aquagym en el “carril lento” de ese estanque climatizado. Una embarazada va a hacer más ejercicio aeróbico que yo, pensé. Pero no me quedaba otra. Eso era todo lo que mi maldito músculo piramidal me permitía hacer.

    Para motivarme me compré un bañador ADIDAS muy mono, el más caro de la tienda y un gorro rosa y negro a juego con el look. E hice mi entrada en la piscina. Mientras camino, el bañador me corta la circulación de la ingle y se me sale el michelín, se me mete por el culo. ES alto de narices y hay que ver cómo me he puesto… Estoy preciosa, vamos, como para encontrarme a alguien. Qué más me da, si sólo va a haber viejos chapoteando, pienso…

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    De repente, un oleaje extraño llega a mi carril lento. Allí donde yo hago mis ejercicios de abuela. Es el muchacho del carril medio que lleva nadando a la velocidad de Phelps 40 minutos. Ha salido de la piscina de un impulso con el bordillo dejando ver un tríceps de tratado de anatomía. Ya fuera, decide estirar todo su ser hacia arriba  y los dorsales se le van a salir del tronco. A él los dorsales y a mi los ojos de las gafitas rosas de plástico.

    Qué barbaridad, yo no salgo del agua hasta que éste se vaya. Antes de que Adonis haya terminado de estirar, un “saco de abdominales” con ojos le saluda. El colega. Que también viene a hacer sus larguitos. Pero, ¡madre del amor! ¿De dónde ha salido tanta cantidad de cuerpos esbeltos?  Siguen entrando y saliendo de la piscina. Son las 5 de la tarde y parece que estoy dentro del canal de Teledeporte.  Cuádriceps de David de Miguel Ángel que agitan el agua como delfines en exhibición de Zoo Aquuarium. Piernas fuertes, pero alargadas. Y qué altos todos. Menudo espectáculo sin pagar un duro. Hay uno que se ha quitado las gafas y tiene un ojo mirando a Cuenca pero su espalda tiene la medida de mi armario empotrado. Da igual para dónde ponga la vista el muchacho. Si yo tengo michelines… Y a este paso no me los voy a quitar porque al spinning no vuelvo. He descubierto que los sirenos existen y, no sudan tanto como los ciclistas.

    Autor: Against The flow

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    Este post está escrito por un colaborador puntual de WeLoversize. Si tienes algo interesante que contarle al mundo, puedes enviarnos tu textos y propuestas a [email protected]

    

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