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    ¡¡¡Pero qué miedo de muñecas de Cinderella, joder!!

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    Hace poco acudí con mi sobrina de 5 años a la tienda Disney. A echar la tarde. Sí, no lo escondo: la tienda Disney es el parque temático para pobres. La niña juega con todas las muñecas que le da la gana, se prueba disfraces, entra y sale de castillos de cartón piedra y se traga una película si hace falta. Y todo gratis. A lo que voy. Paseando entre Yasmines, Elsas, Muditos, Sirenitas, Cars y Plutos, reparé en unas muñecas tipo barbie que me miraban desde una estantería. Sentí miedo. Un escalofrío me recorrió la espalda.

    Me acerqué y las inspeccioné ahí, metidas en sus cajitas, valiendo su peso en oro (cuánto cuestan, las hijas de puta, además de horrendas). Eran las nuevas muñecas de la película de Cinderella, la Cenicienta de toda la vida, vamos, pero con personas. Flipé.

    – ¡Coño, qué susto!, dije en voz alta.

    Una madre me miró escandalizada por la palabrota, y se volvió sin que pudiera señalar hacia la estantería para que comprendiera mi estupor y me perdonara. Pero se marchó. Mejor para ella. Así no tendría pesadillas esa noche, como yo.

    Ahí estaba la recreación en goma olorosa de la ¿guapa? Lily James y del ¿apuesto? Richard Madden. Mirándose con estas caras de terror el día de la boda.

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    Sí, amigos, pensáis lo mismo que yo: que estos muchachos (que en la realidad sí que son guapos y apuestos) tenían la misma puta gana de casarse, que yo de estar tres horas en la tienda de Disney que huele a vainilla.

    ¡No quieren casarse! Pobres muñecos, joder. Pobres niños que los verán, jugarán con ellos y tendrán traumas. Pobres padres que tendrán que pagar psicólogos infantiles. Y ole los psicólogos infantiles que se forrarán.

    Por cierto, me relaja pensar que los actores de carne y hueso sí son capaces de mirarse de otra forma… coño, que hubieran recreado estas expresiones, joder…

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    Seguí testando el material y me encontré con las fieles reproducciones de otras actrices del reparto de la peli que dirige el interesantísimo Kenneth Branagh (amo a ese tío, os lo prometo).

    Y entonces dejé de sentir miedo porque empezaron a darme pena. Eran muñecas tristes, sus miradas estaban vacías.

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    Me dio por pensar en la tristeza suprema de las hermanastras de Cenicienta, en sus vidas, en su necedad por encontrar un buen hombre que las soporte y que las lleve lejos de su depravada madre, la hijadeputa, amargada toda la vida porque no le metieron un buen pollazo a tiempo. Porque sí, la muñeca de Cate Blanchett transmite algo raro… desolación, introspección, soledad…

    ¿Y el hada madrina? Pues no os creáis que era tan feliz. Joder, qué cara la Helena Bonham Carter en muñeca, por favorrrrr… ¿no tiene cara de mala? Para mi que la han hecho así para una segunda parte en la que el hada se vuelve loca y los mata a todos aplastados con una calabaza gigante de Halloween.

    En fin, qué agobio más grande. Menos mal que mi sobrina vino corriendo diciéndome que se hacía caca y eso, en una niña de 5 años, es una fuerza mayor que te obliga a salir despavorida del lugar, aunque pite el detector de robos porque se te ha quedado un cangrejo de la Sirenita colgando del trasero por el velcro que tiene en la pinza, y dos guardias jurado te persigan hasta el baño de mujeres dando gritos.

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    Soy periodista deportiva, soltera, hetero y bruta, muy bruta. Algunas veces las cosas me pasan a mi, otras no, pero tengo la manía de contarlas todas...

    

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