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    Que te den

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    A estas alturas del partido supongo que aquí todos conocemos ya la historia de Frozen. En ella se cuenta la “desgracia” de una princesa que nació siendo diferente, y como nadie era capaz de aceptarla ni ayudarla, decidieron tenerla encerrada a la pobre mujer. Años tuvo que pasar Elsa reprimida. Años. Hasta que un día se cansó y dijo “¿qué es eso de vivir apartada de la gente, de no dejar que nadie me vea, de ser la niña buena que debo ser, mantener en secreto quien soy de verdad?” ¡¡¡QUE LES DEN!!!

    Bueno, ella, como es princesa Disney, lo dijo más finamente con un simple “Let it go”, pero ya os digo yo que la traducción más correcta de esa expresión debería de ser un enorme ¡Que te den! Por fin una princesa Disney que nos representa a todas, porque, decidme, queridas amigas: ¿quién no ha sentido alguna vez que debía callar algo que quería decir, que debía dejar de hacer algo que deseaba, que debía esconderse antes de armar un escándalo? ¡TODAS Y CADA UNA DE NOSOTRAS!

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    Porque como fuimos niñas, y ahora mujeres, se nos educó para ser trofeos, no para ser nosotras mismas. Y como hay gente que todavía no se ha dado cuenta (o no se la ha querido dar, que hay que tener los ovarios muy gordos para aceptarse y liberarse) de que la represión no sirve de nada y las normas sociales no siempre son correctas, se siente en la necesidad de recordarte TODOS LOS DÍAS DE TU VIDA, que se dice también muy pronto, que tu forma de ser no está bien y sería mucho mejor que la cambiases.

    Suelen empezar con un consejo: “si yo fuera tú no me pondría esa falda, que pareces una mesa camilla”, “lo mejor es no comer pan, te lo digo por tu bien”, “cuidado con salir por la noche, que hay gente que le pone drogas a tu bebida”, “te pintas tanto que pareces una puerta”, “estudia mejor esta carrera, que tiene más salidas”. Este tipo de frases solo intentan transmitirnos miedo e inseguridad para que no hagamos lo que realmente queremos hacer. Habrá quien se deje convencer, pero si eres más valiente y decides seguir adelante, esos consejos se van a convertir en ataques: “vistiendo así pareces una payasa, estás ridícula”, “ahora estás muy bien pero en diez años vas a tener un porrón de enfermedades”, “menuda zorra, que te juntas con todos los tíos”, “estás más guapa sin pintar, con tanto maquillaje pareces una puta”, “sigue por ese camino que solo vas a ser una fracasada”.

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    Y tú, calladita, claro, porque tu razón te dice que con esta gente lo mejor que puedes hacer es no entrar al trapo. Eso es lo que quieren, discutir, desestabilizarte, llevarte a su terreno de inconformismo e insatisfacción. Y de verdad que la mejor solución es esa, callarse. Por mucho que joda y por muchas ganas con las que te quedes de contestar a más de uno. Sobre todo porque es muy difícil entender por qué gente que, en su mayoría, no te conoce de nada o te conoce de muy poco, tiene el papo tan gordo como para atacarte solo por ser quien eres o ser como eres.

    Pero este es un post sobre no callarse y no vivir reprimida, así que aquí va mi consejo, siempre y cuando me lo permitáis, que acabo de decir que la gente que da consejos sin saber es más desagradable que la sopa de sesos. Cuando alguien intente reprimiros, deciros que debéis cambiar, apartaros de los demás o simplemente atacaros por ser como sois… ¡cantad conmigo!

    QUE TE DEN

    QUE TE DEN

    QUE TE DEN POR EL CULO BIEEEEEEN

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    Y más que como una princesa Disney, te quedas como una reina.

    Sobre el Autor

    Imagen de perfil de Perradesatan

    Soy gorda por parte de padre, de madre, de abuela materna y de abuela paterna. Ha habido cocidos completos que me han hecho más feliz que muchas personas. Autora de "Perra de Satán, kilo arriba, kilo abajo", novela en la que cuento mi relación de amor con la tarta de tres chocolates.

    

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