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    ¿Se puede ser fashionista y practicar un consumo responsable?

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    Páginas como Weloversize nos han ayudado a muchas con ideas y posibilidades prácticamente infinitas. ¿Qué me pongo si soy baja, gorda, tengo mucho pecho, poco pecho, mucho culo, poco culo, piernas cortas, largas…? Todas tenemos derecho a vernos bonitas, y esto es algo que agradecer a iniciativas como las de Elena y Rebeca (perdonadme que os tutee).

    Sin embargo, no podemos negar que el consumo de ropa y accesorios no siempre beneficia a todos. Los principales afectados son las personas duramente explotadas por las grandes cadenas, con salarios y condiciones laborales realmente desastrosas y que bordean la esclavitud, en muchos casos. Las denuncias son variadas y son conocidas por todos. Especialmente duro es el trabajo de los niños, que sufren por horarios y falta de agua y alimento, según denuncias de organismos internacionales alrededor de todo el mundo. El otro aspecto es el medioambiente.

    No vamos a ser cínicos: mientras escribo estas líneas, visto una camiseta de H&M y una falda que ceo que me compré en Pimkie. Mis bragas son de Woman’s Secret. Nada de lo que tengo puesto es sostenible, para ser más claros.

    Sin embargo, consumir moda de forma sostenible si es posible. La organización Ecologistas en Acción señala que uno de los primeros criterios que se deben tener en cuenta para hacer de nuestras compras, unas más amigables con los trabajadores alrededor del mundo y con nuestro planeta es saber dónde compramos. Es obvio. Ecologistas advierte de que la oferta de numerosas tiendas de ropa implican una explotación de recursos naturales que “en mayor parte no se recuperan mediante el reciclaje”.

    De este modo, la principal sugerencia es la de la tienda de segunda mano, tiendas que han ido aflorando a lo largo el país. Si no nos gusta la segunda mano, al comprar ropa completamente nueva, el primer paso es preguntarnos cuál es el tipo de comercio que queremos favorecer, teniendo en cuenta “posibles implicaciones sociales” y también medioambientales de los procesos que los hicieron posibles.

    Es decir, ¿Por qué una camiseta nos cuesta tres o cuatro euros? ¿Qué es lo que lleva a nuestra ropa a que sea tan barata? ¿Cuál es el tejido, es natural o es sintético? La organización también señala que se debe tener en cuenta que la información está en las etiquetas, pero “no toda”. “Esta situación confusa requiere una respuesta de las industrias con el fin de informar al consumidor”.

    Para terminar, me gustaría dejaros un poema de Patricia Olascoaga

    Detrás de una camiseta de 3 euros hay dos pobres

    el que la compra, 

    y el que la cose. 

    Cada uno en una parte del mundo.

    En el medio, el explotador, 

    que une la necesidad de las dos pobrezas para hacerse rico.

    Espero vuestra respuesta,

    Paquita Bravo

     

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    Este post está escrito por un colaborador puntual de WeLoversize. Si tienes algo interesante que contarle al mundo, puedes enviarnos tu textos y propuestas a [email protected]

    

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