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    Ya van dos veces que me desatienden los médicos y enfermeras por gorda

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    Tengo veinte años y estoy gorda. Lo suficientemente gorda como para que no me valga el tallaje normal pero no lo suficiente como para llenar  las tallas grandes. Mi vida es un infierno en cuanto quiero comprar ropa, pero hoy quiero hablaros de otra cosa que creo que es más indignante aún: la mediocridad y negligencia con la que me trataron los (comillas, comillas) “profesionales” en cuanto tuve problemas de salud.

    Primer caso, verano de 2015:

    Me torcí la rodilla de mala manera jugando en la playa con mi novio. Me dolió como un demonio y realmente no podía apoyar la pierna derecha ni hacer el más mínimo movimiento, ni siquiera con el tobillo, cosas que tiene torcerse la rodilla, supongo. El asunto es que tras cinco horas de espera muriéndome de dolor (sé que éste no es el lugar para despotricar contra los recortes en sanidad, pero, me cago en la puta, que había una chica con toda la mano desgarrada que esperó más de cinco horas a que la cosieran…) y sin poder pedir ni un paracetamol para, yo qué sé, amenizar la espera, atención a las palabras de la doctora… “UY, PERO CON ESOS JAMONES NO TE PODEMOS VENDAR. IBUPROFENO CADA 8 HORAS.”

    ¡Bam, bitch!

    Yo, que no soy tonta, le pregunté: “¿Y si las vendas de tubo no me entran, ¿no puede ser una venda normal, de las que se van enrollando, para ajustar la presión?”. Y la mujer, que quería quitarme de encima me soltó algo rápido así como “que no, que no se te puede vendar, con esas piernas se te arremangaría y te cortarías la circulación”. Me dio el informe y me mandó para casa. Al día siguiente mi madre me trajo una venda “de las que se van enrollando” y me fue de maravilla, me inmovilizó perfectamente la rodilla y en ningún momento me apretó la chicha más de lo necesario ni se me arremangó.

    CONCLUSIÓN PROFESIONAL: las gordas no pueden lesionarse, sólo las delgadas porque claro, en el mundo sólo hay un tipo de venda y es la XS (seguramente la doctora estaría vaga para buscar una venda decente, pero eso es lo que me dio a entender).

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    Segundo caso, diciembre de 2015:

    Mi hermano y yo pillamos con una diferencia de dos días una gastroenteritis vírica de esas que te hacen pasarte horas y horas vaciando a más no poder por arriba y por abajo. No podía tomar ni agua, porque o lo echaba o me moría de dolor si conseguía digerirla (¿el agua se digiere?).

    Llevaron a mi hermano de urgencias, el pobre estaba para el arrastre, en urgencias lo atendieron bien, le administraron suero intravenoso durante un par de horas (estaba más deshidratado que un cacahuete) y le recomendaron una dieta para su gastroenteritis.

    Uno o dos días después me tocó a mi ir de urgencias al mismo lugar, con 38 y medio de fiebre y evidentemente deshidratada y muerta de dolor. Todo lo que deseé en ese momento fue que no me atendiera cierto enfermero que ya me había hecho de las suyas hacía meses (yo con 19 años con sangrado vaginal, contracciones horribles y un miedo terrible a tener un embarazo no deseado, una úlcera interna o algo peor. El tío, más salao que un bacalao, felicitándome por mi embarazo y sacándole importancia a todo lo demás) pero como las desgracias nunca vienen solas, me encontré de cara con mi querido enfermero. Le conté lo que me pasaba, llevaba días sin ingerir nada, vomitando, con dolores, fiebre y evidentemente deshidratada. Sus palabras textuales, fueron (chan chan chan): “PERO NIÑA, TU NO EHTÁ DESHIDRATÁ. VAMOH, QUE SI EHTUVIERAH DESHIDRATÁ NO ZE TE VERÍA TAN… ¿SABEH?”

    Sí, el enfermero era un asqueroso.

    Total, que me tomaron la fiebre, que me había bajado a 38 y su única recomendación fue que sólo bebiera agua durante unos días y empezase más tarde con manzana machacada e infusiones tibias.

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    En ningún momento vino el doctor sólo para firmar el informe, mirarme dos segundos y decir (se avecina otra perlita, agarraos): “BUENO, YA SABES, NADA DE COMER. NO TE VA A PASAR NADA PORQUE DURANTE UNOS DÍAS NO COMAS.” Quizás no lo dijo con intención, pero juro que le noté el rentintín en la frasecita, aunque quizás ya estaba mosca después del enfermero tocapelotas. No pasé ni cinco minutos en el box.

    Total, mi hermano y yo enfermos de lo mismo, con los mismos síntomas, la misma fiebre y deshidratación y a él lo atienden durante horas, le administran suero y una dieta y a mi me insultan y me mandan para casa.

    CONCLUSIÓN PROFESIONAL: si estás gorda no te puedes deshidratar, por mucho que lleves días vomitando. Deja de comer, so cerda.

    Esto es todo. Me gustaría saber si alguna ha sentido alguna vez esta discriminación por parte de los profesionales de la salud, pues a mi me hicieron sentir realmente mal y vivo con el miedo de que me vuelva a pasar. ¿Qué hacer en tal situación? Febril y deshidratada no tenía obviamente fuerzas para exigir, tampoco con la rodilla doliéndome como Satanás a las dos de la noche.

    L.B

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    Este post está escrito por un colaborador puntual de WeLoversize. Si tienes algo interesante que contarle al mundo, puedes enviarnos tu textos y propuestas a [email protected]

    

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