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  • Sex & Love

    El día que le perdí el miedo al intercambio de parejas

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    Todos tenemos ese “algo” que hace que nuestra relación de pareja vaya rodada, para unos es que ambos son unos fervientes amantes del deporte, otros que tienen un equilibrio dependencia-independencia fantástico, otros son unos locos de la montaña, nosotros, es que podemos hablar de todo con absoluta tranquilidad (bueno, de arquitectos no, que mi chico se envenena).
    Una de las cosas que más me gustan de mi chico es lo abierto de mente que es en cuestión de sexo. No tiene prejuicios. Los dos nos decimos lo que nos apetece y accedemos o rechazamos las propuestas con total paz y respeto. Valoro mucho esto. Me da mucha paz pensar que puedo pedir lo que quiera sin sentirme juzgada y no sentir presión en cuanto a decir sí o no a lo que él me proponga.
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    El chaval tiene imaginación y maña. Disfruto tanto que estoy convencida de que es mi deber compartirlo, no puedo monopolizar algo tan bueno. Una noche soñé que entrábamos en grupo en un local que era medio cíber a la antigua usanza medio “sexshop”. Había una zona como de camas y él se sentaba. Acto seguido dos antiguas compañeras mías del cole se sentaban a su lado y empezaban a liarse. Yo no me unía porque no me apetecía, de hecho, tenía sed así que le guiñaba un ojo a mi chico y me iba al baño a beber agua. Cuando salí, el resto de mis compañeras intentaban retenerme para evitar que viese lo que estaba pasando. Así que me pasé el resto del sueño explicando que sabía qué pasaba y pidiendo que, por favor, me dejasen pasar que no me lo quería perder.
    En repetidas ocasiones había transmitido a mi querido mis ganas de ir a un local “swinger” a presumir de él, y de mí, no nos engañemos. Total, que una tarde le dije “Vamos el sábado al local este”. Y me dijo que sí, con la boca pequeña, pero lo dijo.
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    Hablando del tema me confesó que le parece bien, que lo único que él es tímido y que teme que no surjan las cosas de manera natural. Yo, que por mi(s) parte(s) estoy deseosa, lo tranquilicé diciéndole que todo iba a ir bien. Incluso me  “whastappeé” con el gerente del local para preguntarle ciertas dudas. Pero no os voy a engañar. También tenía miedito.
    Por un lado, porque ODIO sobre todas las cosas, que se note que soy nueva en un sitio. Por otro lado, porque primero, a saber si llego y estoy rodeada de viejos verdes. ; segundo,¿y si no triunfo?; y tercero, ¿y si me da un ataque de celos? A ver, no soy celosa en absoluto, pero nunca digas “yo no”.
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    Total, que llegó el sábado, y a mediodía esta fue la conversación:
    -“¿Sigue en pie el plan?”
    -“Sí, ¿no?”
    -“Sí,sí. Sólo por saber”.
    -“¿Y a qué hora se presenta uno en un sitio de estos?”
    -“Pues ni “a poner los buffles” ni al humo de las velas que nos perdemos la acción¿rollo una te parece bien?”
    -“Vale”.
    Esa noche como a las diez o así cenamos mientras veíamos Jurassic Park para aliviar los nervios y a eso de la una menos diez salimos a por un taxi.
    Una parte de mí pensaba:
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    Al llegar, le dijimos a la chica de la puerta que éramos novatos, una vez dentro la camarera nos explicó el juego y nos dió un tour. El código es que si quieres unirte a alguien debes acariciar una zona no comprometida de su cuerpo, si rechaza la caricia te retiras elegantemente, si no, sigues adelante. Y solo hay una norma, no es NO.
    Según cruzamos el dintel de la puerta lo más chocante del mundo fue la gente, era gente ABSOLUTAMENTE CORRIENTE, con lo cual, miedo primero disipado.
    Primero estuvimos en la zona de la pista, la principal diferencia con una disco al uso es que aquí a todo el mundo le parece bien todo; que bailas, bien; que te comes la boca con alguien, bien; que te subes a la tarima a darlo todo, bien; que vas en ropa interior, bien; que vas con la ropa con que has ido a misa esa misma tarde, bien. En serio, es una sensación de libertad maravillosa.
    Cuando nos animamos bajamos al vestuario, nos quitamos la ropa y, armados con profilácticos y una toalla nos aventuramos a darnos el lote en la primera sala. Una cama enorme con forma de L. Creo que llevábamos 45 segundos en la cama cuando  habíamos digievolucionado a orgía. Me sentía la fucking master del mambo. Oh yeah! unos miraban, otros participaban y todos, todos, disfrutábamos. Miedo dos aniquilado.
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    El resto de la noche fue también genial, nos divertimos de lo lindo. Cero celos y todo complicidad. Llegamos a casa a eso de las seis y pico un poco con los andares de John Wayne pero sonriendo los dos de oreja a oreja. A la “mañana” siguiente aún nos duraba la excitación, así que como los domingos son fiestas de guardar, cumplimos. Os animo a dejar atrás los prejuicios que podáis tener y lo probéis. A nosotros nos gustó tanto que hemos repetido ya más de una vez.
    Muchos besitos,
    Jimena

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    Este post está escrito por un colaborador puntual de WeLoversize. Si tienes algo interesante que contarle al mundo, puedes enviarnos tu textos y propuestas a [email protected]

    

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