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  • Querido diario

    ‘Aquí no se vende ropa para gente que no se cuida’

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    Antes de daros las gracias por existir y hacerme pasar  muy buenos ratos, quisiera contaros algo que me sucedió en un pequeño comercio, una situación  por las que muchas personas de todo tipo, delgadas, gorditas, altas, bajas, rubias, morenas, asiáticas.  han tenido que pasar:
    -La de ser  juzgada  y tratada de manera poco respetuosa, por tener un físico determinado.
    Prefiero las tiendas pequeñitas a las grandes superficies y  por suerte lo que aquí cuento no   es una situación habitual. Escribo por si mi experiencia puede ayudar a otros y porque considero  hay que alzar la  voz cuando sucede algo injusto. Opino también que si alguien hace algo maravilloso por pequeño que sea, hay que reconocerlo.
    Para meteros un poco en contexto os diré que normalmente tengo una talla 42, mido uno sesenta y uno, practico el nado en aguas abiertas, la MTB y que soy pechugona por parte de abuela. Hago dieta mediterránea y de vez en cuando me pego algún  homenaje que otro. Tras  varias litotricias, y una operación del riñón me he tirado  un tiempo de reposo. Tanto descanso, y la felicidad posterio por verme recuperada, me han hecho darle a mi cuerpo alegría Macarena, alegría y cosas buenas y me he puesto en una talla 46. He decidido, con  la ayuda de un profesional, volver a mi estado anterior. Pero…. ¿os suena  lo de, mientras luchas por lo que quieres, disfruta de lo que tienes? Pues yo he decidido comprarme ropa y verme monísima de la muerte.
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    Me voy al barrio granadino del  Zaidín, en mi ciudad, y visito varios comercios para comprarme una faldita vaquera y si  se tercia algo más. En la llamada Avenida de Dílar, encuentro varias tiendecitas y decido ver qué hay. La primera, se llama Máximo 15 euros, y decido entrar. Es un sitio pequeñito, con algunas camisetas y unas falditas. No es mi estilo de ropa, pero veo unas faldas que no están mal y decido probarme alguna. Observo que hay pocas prendas y todas son de la talla 36. Pienso que quizás al  ser un sitio pequeñito,  no tengan mucho género  o que  las otras tallas quizás se hayan vendido. O simplemente, que por su  filosofía de negocio sólo tenga la talla 36. (Si esto es así, me parece respetable. Si un determinado negocio, sea Inditex o Pepita de los Palotes, quieren vender hasta una talla en concreto, cada uno puede hacer lo que le salga de su XXXXX. con su tienda)
    Ahora, esto sí lo tengo claro:
    -Queridísimos tenderos del mundo mundial, y de toda la galaxia (redoble de tambores). Ya se  trate de una persona que va a entrar en vuestro  negocio y  decide no comprar nada, o de un cliente que no pertenezca al target que se desea como clientela, el respeto, las formas y la educación, que jamás falten.
    Tras preguntarle a la dependienta/dueña, si  iban a traer más tallas, la joyita que soltó, con palabras textuales y tono arrogante elevado a la máxima potencia fue… (Redoble de tambores otra vez):
    “En  mi tienda, solo vendo ropa a personas sanas y saludables, y si la gente no se cuida,  yo no tengo la culpa, si no entran en esta talla, ¿qué quieres que yo haga?”.
    Salgo de la tienda  con la boca todavía  abierta y me pregunto si el doctorado en medicina se lo ha sacado en Oxford o Harvard, pues tanto saber científico no se puede aguantar. Quizás acabe de venir de un congreso donde investigadores  de todo el mundo, hayan descubierto,  tras años de estudio, que la salud consiste en tener una talla en concreto, la que  precisamente ella vende en su tienda.
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    Parece que la moza en cuestión no entiende que:
    La salud no entiende de tallas. Se puede estar delgada por genética o como resultado de una enfermedad. Se puede pillar volumen por haber tenido quintillizos o determinados tratamientos médicos te pueden hacer engordar. Caso aparte, las que hacemos deporte, nos gustan los buenos platos de cocido  y estamos saludables. Es imposible saber de primera mano las circunstancias de cada uno y no se puede juzgar tan a la ligera a nadie por las apariencias pues  se puede llegar a ofender. (A veces calladitos estamos más guapos)
    Salgo de la tienda preocupada, pues si  alguien en este maravilloso periodo de la adolescencia, donde  las opiniones de todo el mundo te importan,   y encima uno  se  cree todo lo que le dicen… se encuentra con esta señora…….
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    BOOM. (Sonido de bomba atómica)

    Al llegar a la  siguiente tienda, llamada Greta, un poco más abajo, y en la misma acera, mi cara de preocupación sorprende a la dueña y se  interesa por mi estado.  No lo puedo evitar  y le cuento lo ocurrido. La buena mujer alucina pepinillos en colores y se escandaliza ante la falta de profesionalidad de la primera dependienta/dueña. Me dice que en su negocio, todas las clientes son bienvenidas independientemente de la talla que se tenga. Me saca  algunas cositas, unas me parecen un poco de señora mayor, pero otras camisetas son supercuquis y  me las llevo todas. También me compro una falda vaquera que me encantó. Después veo un precioso vestido de fiesta y me enamoro de él. Me lo pruebo, y viendo que es de mi talla y que con unos arreglos, me queda bien, me da un subidón y con la emoción me lo compro. Ya tengo el arreglo para la boda de mi prima.

    Total,  que  a mi tarjeta de crédito está  a punto de darle un patatús, pues me he fundido 500 euros de una sentada, pero yo me siento como una reina, y me llevo uno de los modelitos puestos. Se me va la cabeza y puestos a fundirme pasta, ( no me importa arruinarme hoy) me voy a la pelu, me pongo unas mechas y me compro un pintalabios precioso. Soy la pera limonera y con mi guapo subido y el poderío en el cuerpo metido,  regreso a la primera tienda. Le enseño mi  ticket de 500 euros y le suelto más ancha que pancha , “ahí tienes, todo lo que me he gastado en la tienda de al lado” .
    Me doy cuenta de  que  por su manera de actuar ha perdido una buena oportunidad de negocio  (Aunque no me pueda poner su talla, y no sea bienvenida por ello,  no le recomendaré a nadie que vaya a esa tienda, por mucho que entre en una treinta y seis).  Me voy  a casa, con el sentido de la victoria  pues me he dado cuenta de  lo fuerte que me he hecho con los años. Hace  algún tiempo, me hubiese destrozado todo esto, pero hoy , he aprendido una de las lecciones más valiosas de mi vida: “QUE LOS COMENTARIOS DE CUATRO GILIPOXXXXX….. NO ME AFECTAN EN ABSOLUTO.”
    Postdata. A la señora de la primera tienda en cuestión y a todos los que piensan como ella.
    No le he escrito este post como producto de una venganza personal. No deseo darle mala fama a su negocio,  cada uno tiene sus preferencias, y es muy respetable. Le escribo  para decirle que aunque  haya un sector de la población que no entramos dentro de sus cánones de belleza, merecemos el mismo respeto  con  el  que la tratamos a usted.
    A los que desprecian la diversidad, les diré una frase de Bob Marley:
    “Tú te ríes de mi porque soy diferente, y yo me río de ti porque eres igual que el resto”.

    Gracia Roa

     

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    Este post está escrito por un colaborador puntual de WeLoversize. Si tienes algo interesante que contarle al mundo, puedes enviarnos tu textos y propuestas a [email protected]

    

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