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  • Querido diario

    Carta a mi profesora

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    Como toda carta, debería empezar con un lugar y una fecha. Pero la fecha poco importa. Ha pasado tanto tiempo (y pasará mucho más) que el día en que lo escriba da un poco igual. Pasa algo parecido con el lugar, porque durante estos años he ido de un lugar a otro y no sé cuántos kilómetros me quedan por recorrer.

    Pero parece que ni el tiempo ni el espacio interfiere en lo que voy a contar. Al revés, creo que añade valor. Y creo que no soy la única que piensa esto. Esta carta la envío sin saber a qué dirección dirigirla. Imagino que lo haría al lugar en el que se dio esa historia. Bueno, la historia que todos tenemos. Una historia, un recuerdo. A la que hizo falta tiempo y distancia para apreciar.

    Todos hemos pasado por el colegio. Creo que la mayoría tenemos buenos recuerdos y malos. Y puede que todos pensemos en un profesor o profesora que no soportamos (y seguimos pensando lo mismo), pero puede que tengamos alguno que adorábamos o que hayamos aprendido a querer con los años. Ese profesor o profesora a la que siempre nombramos cuando nos juntamos compañeros del colegio. Alguien con quien nos gustaría tomarnos un café y enseñarle quien somos ahora, cómo nos fue, cómo nos va.  En definitiva, esa persona que pasó por nuestra vida pero que se ha quedado para siempre en forma de recuerdo.

    Así que va para ti. Puede que no me recuerdes, han pasado tantos años y habrán pasado tantos alumnos por tus clases que ni siquiera te suene mi nombre. Soy yo, Mireia, de cara redonda, torpe en gimnasia y con gafas para ver la pizarra. Ahora sigo con mi cara redonda, torpe y mi miopía ha aumentado. Pero en parte sigo siendo esa niña. Sigo poniéndome roja enseguida, sigo buscando mi sitio en el mundo y sigo haciendo dibujicos cuando puedo. Y sí, sigo siendo cabezota.

    Me diste clase muchos años. Contigo tuve buenos momentos, algún disgusto y hasta te lloré en el pasillo. Esos años eras famosa.  En el colegio, en mi casa, en las conversaciones después de clase. No puedes imaginar la de personas que sabían de ti. La clase era un pequeño auditorio. No había focos, pero sí una pizarra. No había telón, pero sí el timbre de clase. No había libreto, pero sí libros. No, no eras actriz, eras profesora y cada día te enfrentabas a nosotros, algo más terrible que un mal público.

    Y ahora te escribo esto para decirte sólo una cosa: gracias. Gracias por ponerme a prueba. Por, a veces, sacarme de mis casillas. Porque me quedaba mucho hasta llegar a la vida adulta aunque yo me pensara poseedora de toda la razón.

    Gracias por hacernos leer cosas increíbles y, también, obras que me horrorizaron. Creo que por eso puedo leer de todo (y también horrorizarme).

    Gracias por intentar ayudarnos aunque nosotros no lo viésemos ahí.

    Gracias porque éramos parte de tu día a día. Tu trabajo no terminaba cuando salías de clase o del colegio. Ha tenido que pasar tiempo para verlo y comprender el sacrificio.

    Gracias por aguantar, año tras año, incomprensión y falta de empatía. Tu vida pasó entre niños y adolescentes creciendo, con las hormonas alborotadas y terriblemente irascibles. Gracias infinitas por tu paciencia.

    Y, muchas, muchas, gracias, por obligarnos a escribir. Por hacer que algo que muchos veían como insignificante pasase a ser importante. Gracias por hacernos escribir viéndolo como una herramienta para mucho más. Gracias por pedirme más, por obligarme a aprender. Gracias a ti, sigo queriendo aprender a escribir.  

    Aunque no lo creas, aunque parezca raro, en cada pequeño texto que hago, en cada línea corregida, me acuerdo de ti. Me acuerdo de tus anotaciones, de tus correcciones al margen de la hoja. Me gustaría que fueses viendo mis pequeños pasos y que siguieras dejándome anotaciones a un lado, me aconsejaras y corrigieses mis faltas. Sólo puedo decirte gracias porque, a día de hoy, quiero seguir aprendiendo y eso, en gran parte, es por ti.

    Me gustaría que esta carta te llegara. Así que si alguien puede hacérselo llegar a Vicky (bueno, la Vicky) de Claretianas de Zaragoza se lo agradecería. Va de mi parte, de Mireia. La niña de cara redonda que quería escribir.

     

    Fotografías: The English Teacher (2013)

    Sobre el Autor

    Imagen de perfil de Mireia Clavero

    De pequeña quería ser trapecista. Ahora me lanzo al vacío contando historias. De vocación, cuentista. De corazón, teatrera. Me gusta lo rarito, lo hortera y los chistes malos.

    

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