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  • Querido diario

    ¿Cómo me puede dar vergüenza esto?

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    A poco que conozcáis a Perra de Satán habréis podido deducir que una de las palabras que mejor define a la “personaja” es sinvergüenza. No me da ni pizca de vergüenza hacerme una sesión de sex coaching y pedir ayuda a una profesional sobre mis dudillas e inquietudes sexuales. No me da vergüenza ir a la tele a buscar novio y luego volverme con el rabo (como soy perra, pues rabo tengo, claro) entre las piernas. No me da vergüenza decir públicamente cuánto peso, porque no me da ni la más mínima vergüenza reconocer que estoy GORDA. Es que ni me da vergüenza decir que me encanta comer pollas. Es más, todas estas cosas de las que otras personas podrían avergonzarse a mí me hacen sentir muy orgullosa de mí misma. 

    Sinceramente, hasta yo misma había llegado a creerme que no me daba vergüenza absolutamente nada en el mundo. Nada que tenga que ver conmigo, quiero decir, porque hay otras muchas cosas que sí me dan vergüenza, pero de la ajena, como la gente que se dedica a engañar a otra gente para sacarse dineros o la gente que me amenaza por expresar mi opinión. 

    Por suerte, la vida nunca deja de sorprendernos, y a mí me sorprendió ayer cuando me vi a mí misma reconociendo con pudor que me gustaba una persona. Que me gustaba pero de verdad, de hablemos del amor, no gustar de como me gusta Quim Gutiérrez.

    Hace unas semanas conocí a un chico y patatín patatán, no os voy a aburrir con rituales de apareamiento que luego os quedáis dormidos como cuando ponéis La 2. Llevamos un tiempo conociéndonos… y bueno, pues yo empecé a sentir cosas. Pero lo normal, cosas que me han pasado con otras personas y que le pasan a cualquiera, lo de las mariposas en el estómago y esas chorraditas de que te ilusionas y te pones a fantasear, de esto de “tengo diez paradas de metro por delante, voy a planificar mi boda en la playa con Quim Gutiérrez”.

    Lo “vergonzoso” llega cuando de buenas a primeras un día, además es que me pasó así, a modo de iluminación divina, como si se me hubiera encendido una bombilla, que solo me faltó gritar ¡eureka!, me percaté de que este chico no solo me gustaba de jijíjajá, si no que me gustaba de verdad. Que me gustaba profundamente, a varios niveles, from the bottom of my heart (aprovecho para felicitaros las navidades que están a la vuelta de la esquina ya).

    De repente me di cuenta de que este chico me gustaba y lejos de alegrarme, que me parece lo lógico, me entró un ataquito de vergüenza. ¡Ay madre mía que no se entere nadie, ni siquiera él! 

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    ¿Pero qué tontería es esta? ¿Acaso no es el amor lo más maravilloso del mundo, que nos lo dicen en Moulin Rouge sin parar y RuPaul lo repite en cada programa?

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    Hay que joderse, Perra de Satán (también hablo conmigo misma en tercera persona, lo tengo todo). Con toda la lata que diste porque no te enamorabas y porque querías echarte un novio y ahora que por fin estás en el camino para conseguir lo que querías… ¡¡te da vergüenza!!

    Pues sí, me da vergüenza reconocer que me gusta un chico. Porque como me gusta de verdad, me da la sensación de que, si lo reconozco, estoy desnudando mis sentimientos completamente ante todo el mundo, y claro, lo de desnudarse el cuerpo lo llevo bien, pero lo de desnudarse de verdad, mostrarme humana, mostrarme sensible… ¡mostrarme débil! que si algo nos han enseñado los malos de las películas es que cuando quieres hacer daño de verdad a una persona debes atacar a quien más quiere… mostrarme ante todo el mundo, no sé si enamorada, pero sí engatusada, me da vergüenza.

    Quizás también me da vergüenza porque, por mucho que quiera evitarlo, el miedo al fracaso está ahí. Me cuesta reconocer públicamente algo tan importante para mí porque si luego me como una mierda (cosa que a veces pasa en esto del amor) todo el mundo se va a enterar de que nadie me quiere y me van a empezar a regalar gatos.

    Pero sobre todo… yo creo que me da vergüenza en plan superadolescente. Porque me imagino que me vais a hacer un corro y me vais a señalar con el dedo mientras me gritáis “A Perra le gusta un chico, a Perra le gusta un chico” y luego van a aparecer pintadas en las paredes del baño del colegio con chistes sobre mi enamoramiento. Me da vergüenza porque tengo miedo a que ridiculicéis algo que para mí está siendo tan importante. Me siento insegura ante vuestra solemne y constante capacidad para juzgarme.

    ¿Pues sabéis qué os digo? ¡Que os den por el culo! Con lo bonito que es estar encoñada perdida, no voy a resistirme a esta maravillosa sensación solo por lo que me podáis decir cuatro lechuguinos. Contra la vergüenza, valentía, y aunque se me sonrojen las mejillas, no pienso hacerme la loca cuando alguien me diga que se me nota en la mirada que vivo enamorada.

     

    Sobre el Autor

    Imagen de perfil de Perradesatan

    Soy gorda por parte de padre, de madre, de abuela materna y de abuela paterna. Ha habido cocidos completos que me han hecho más feliz que muchas personas. Autora de "Perra de Satán, kilo arriba, kilo abajo", novela en la que cuento mi relación de amor con la tarta de tres chocolates.

    

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