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  • Querido diario

    Cómo salir “de tranquis” me dio un chute de autoestima

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    Pongámonos en situación. Final de las clases y último examen. Mi cabeza nadaba en cafeína mientras pulsaba el botón de borrado de emergencia. Una palabra surge entre neurona y neurona con letras de neón. ¡FIESTA!

    Todo es felicidad en este momento. Unas amigas y yo, decidimos irnos a celebrarlo como se debe. Pensábamos ir “de tranquis” a hincharnos las lorzas en un buffet libre para reponer los kilos perdidos en épocas de exámenes, la expresión “de tranquis” tiene la misma credibilidad que un “Es la primera vez que me pasa” de un eyaculador precoz o las gafas de Superman. [email protected] sabemos que son mentira pero hacemos que nos lo creemos.

    Al principio fue todo según lo planeado, fuimos al buffet y por 9.90 dejamos al pobre ciudadano chino sin existencias. Cuando ya habíamos acabado y estábamos desabrochándonos nuestros vaqueros, de lejos aparece una cabeza conocida acercándose. Podría decirse que es el único amigo que tengo en la comunidad gay, mi profesor de defensa contra las artes oscuras almejiles. Llamémoslo el señor U. El señor U se sentó con nosotros en nuestra mesa a hablar un rato poniéndonos al día de los últimos cotilleos, mientras, llegaron los acompañantes de el señor U, los cuales también se sentaron. A partir de aquí todo fue cuesta abajo y entre las zorronas de mis amigas, el señor U y los otros dos acompañantes (me ponían los pelos de punta… me miraban como si fuese un trozo de carne y ellos unos tiburones), me convencieron para aceptar el ir de acampada con ellos 2 días en la cumbre. Hasta luego Maricarmen.

     tenorAl día siguiente preparé una maleta con lo básico para sobrevivir y me embarqué en un aventura de la que no sabía cómo iba a salir. Nada más terminar de preparar las cosas me llega un mensaje de whatsapp en el que mis amigas me dejaban abandonado y me deseaban suerte. Empezaba bien la cosa.

    El señor U me pasó a buscar a casa  y me comentó que se había apuntado aún más gente a la acampada. Seríamos 8 chicos, todos gays, en un campo durante dos días completos. Eso iba a estar más lleno de hormonas que  un adolescente que descubre el porno en internet. Estupendo.

    Llegamos al sitio, hubieron presentaciones y chequeos de arriba a abajo de lo más incómodos, pero no hubo mayor problema. Preparamos las casetas durante el día, y durante la noche las bebidas, porque sí, mis queridas loversizers, es muy buena idea añadir alcohol a la mezcla.

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    Al principio más que bien, un poquito de música, zarandeos de un lado a otro y buen rollito. A medida que la noche avanzaba y el alcohol menguaba me iba soltando más y más, ya que había estado más tenso que un arco. La mayoría se sorprendió cuando solté la primera patochada. Ilusos, no había hecho más que empezar. Lancé mis complejos en una caja oscura de mi mente por un día y me mostré tal y como era, muy liberador y muy recomendable. Me subí a la piedra más alta que encontré y canté la canción de chachipiruli a pleno pulmón mientras hacia twerk. ¿Que cómo se hace twerk con esa canción? Pues chica con muchas ganas y 0 sentido de la vergüenza. Cuando bajé de esa buena piedra/escenario tenía a la mitad enamoraditos. El señor U se partía de risa en una silla mientras me juraba que  nunca me había visto así y que me lo iba a recordar toda la vida. No le di importancia y seguí a lo mío. El resto de la noche es un borrón en mi mente, pero si no recuerdo mal me volví a subir al escenario para dar una clase teórica sobre sexo oral. ¡¡¿Acaso pensaba que estaba en Sexo en Nueva York?!!

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    Al día siguiente me levanté con una resaca de campeonato y en una tienda acompañado del señor U y dos de los chicos. Afortunadamente después descubrí que solo había sido dormir, que desde que uno de ellos me había hecho una proposición un tanto indecente, me había reído en toda su cara y había pasado de largo. Viva la actitud de diva. El segundo día fuimos a una playa cercana, así que el día fue tranquilito. Miradas picantonas debido a  mi bañador y poco más. Transcurrió sin más problemas y por fin acabó.

    Esta experiencia me ayudó a quitarme complejos sobre mi cuerpo y sobre mi forma de ser. Entré en contacto con mi diva interior y mi autoestima subió, junto con mi  pluma. En serio, creo que cuando volví podía haberme hecho una chaqueta de plumas y me había sobrado para llenar una almohada. Poco a poco me he ido queriendo más y más y la felicidad me llena. Por eso animo a cualquiera a “salir de tranquis” y a no quedarse en casa compadeciéndose de sí mismo, porque nunca se sabe lo que puede hacer que evoluciones como persona. Espero escuchar buenas noticias y si me disculpan, voy a comprobar que no haya vídeos de esa noche.

     

    Anónimo.

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    Este post está escrito por un colaborador puntual de WeLoversize. Si tienes algo interesante que contarle al mundo, puedes enviarnos tu textos y propuestas a [email protected]

    

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