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Querido diario

El NO Diario del embarazo de una gorda

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El no Diario del embarazo de una gorda

Cuando el médico te da el ok…

Las gordas, como una parte de la población femenina, también tenemos la llamada de la maternidad. Pero, cuando te enfrentas a dicha llamada, te corroen las dudas como si fuera electricidad incapaz de despegarse e tu culo.

¿Podré quedarme embarazada? ¿Tendrá algún problema el niño o niña?

¿Nacerá enfermo o algo peor por mi culpa? ¿Tendré problemas de infertilidad?

Y todo el resto de preguntas que nos acribillan el cerebro cual metralleta de película de Stallone.

Mi relación con los ginecólogos no había sido nunca muy estrecha que digamos. Súmale que soy una pesimista de libro, así que cuando visité a la ginecóloga y propuse la posibilidad de un embarazo, su cara, ojos y frase condenatoria no me sorprendieron.

Mi cabeza seguía dando vueltas y vueltas como una noria sobre la misma idea, me esforcé como si no hubiera un mañana. Mi endocrino alucinaba con mi ritmo de pérdida de peso. Normal, dieta de 800 calorías y tres horas de ejercicio diarias… ¡Cómo para no perder peso!

Aún así, hay que tener como premisa lo siguiente: Soy gorda por metabolismo. En la época de las cavernas, simplemente mi nivel de supervivencia habría sido la leche. Porque señores, las gordas no somos seres enfermos y llenos de patologías. Mis analíticas siempre han sido de niño sanito, nunca he tenido diabetes, ni problemas de corazón u otro tipo de salud. Soy en resumen, una gorda sana con un metabolismo con una capacidad de no gastar absolutamente increíble.

Mi nuevo ginecólogo, tipo majísimo de una clínica privada y pija (vamos a ser sinceros), ante la propuesta se sonrío. Pero no, no me tomó por loca, simplemente me dijo. Eres mujer, eres joven, hemos comprobado que estás sana y no tienes problemas, ergo puedes quedarte perfectamente embarazada como cualquier otra mujer.

En mi cabeza en autentico neón “como cualquier otra mujer”. Tras proponérselo a mi endocrino, la frase fue parecida.

Me habían dado el ok, y en cierta forma con ese ok, me di permiso a mí misma a dejarme llevar sin obsesionarme. A tratarme como lo que era, una mujer joven y sana. Porque a veces, necesitamos que alguien en quien confiamos nos lo diga.

Y fue así, como empecé a intentarlo. Pese a que por bastantes lados me dijeron que tardaría, por mi peso, porque normalmente se tarda sobre un año.

Entonces me gané el premio a la más fértil, cuando tras unos días intentándolo comencé a encontrarme mal. Todo era realmente extraño, tanto que acabé en un ginecólogo de urgencias. Un par de semanas más tarde… una pantalla lo indicaba. Mujer, eres re fértil y estás preñada antes del mes. Y esa, sin duda… es otra historia algo más jodida.

Ainhoa Escartí

 

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