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  • Querido diario

    El patito supuestamente feo

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    Érase una vez en un lugar muy muy lejano, pa´ allá pal coño cristo más o menos, vivía un pequeño chico. Destacaba precisamente por su sencillez, nada en su aspecto era a lo que estaban acostumbrados. Todos en su familia eran rubios mientras que él era de pelo negro grisáceo. No era musculoso ni alto, tenía los dientes torcidos y los labios muy hacia fuera, su nombre poco importa ya que nadie lo utilizaba, todos lo conocían y lo conocerás como Patito Feo.

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    Patito vivía una vida bastante complicada. Lo miraban por ser diferente, le pegaban por ser como era. Él no eligió ser así, si pudiese ser diferente para encajar lo haría sin pensárselo dos veces, todo con tal de que parasen las palizas diarias, el odio en los ojos de sus padres y el sangrado de su pobre corazoncito. Pensaba que si sacaba lo que llevaba dentro mejoraría la cosa. Empezó por el sangrado de su corazón sacándolo por sus muñecas. Se cortaba y recortaba para mostrar al mundo que quería gustarle.

    ‘Seamos amigos mundo, yo también me odio’

    Continuó cambiándose el pelo de color con agua oxigenada. Su sucia habitación fue su peluquería y las paredes las únicas testigos de las lágrimas que resbalaban de unos ojos rojos e hinchados.

    Al principio no sonreía para que no viesen sus dientes, ahora no sonreía porque se había secado por dentro. Sus brazos parecían dos ramas, delgadas y surcadas de líneas, y su alma misma se había marchitado.

    Un día como otro cualquiera, sus padres por fin se cansaron de él y lo echaron a las calles.

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    Vivió y sobrevivió como pudo. Mendicidad, robo… Todo para seguir vivo. En un momento se planteó la razón del por qué seguía vivo. No había sentido alguno pero aún así lo estaba. ¿Y si merecía vivir?

    – Qué estupidez- Pensó mientras agachaba la cabeza y estiraba la mano hacia el bolso de una desprevenida muchacha-

    Pero esa estupidez no se iba de su mente. En cada acto para sobrevivir se repetía que estaba vivo, que aún lo estaba. La idea echó raíces y frutos.

    • El primer fruto fue dejar de cortarse.
    • El segundo fue encontrar un trabajo y su dignidad.
    • El tercero fue llenar su interior de pequeñas gotitas de vida.

    Un trocito de pan de su jefe amable, una sonrisa despreocupada de su compañera, un gracias de un cliente satisfecho. Poco a poco iban sanando el reseco corazón de nuestro chico.

    Un día como otro cualquiera, una sonrisa partió su cara sin pensarlo. Se vio reflejado en un espejo cercano. Dientes torcidos al aire, sus antebrazos expuestos por la camisa remangada y sus raíces del pelo grises . Se sorprendió por lo ciego que había estado. Resulta que siempre había sido un cisne rodeado de patitos feos tóxicos.

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    Sobre el Autor

    Imagen de perfil de Ardilla Anfetaminica

    Soy un chico de 19 años buscando su lugar en el mundo. Gay hasta la médula, body positive, feminista,con la personalidad de una ardilla hasta el culo de anfetas y una capacidad para atraer el drama 10/10.

    

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