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Querido diario

Hola novio, adiós amigas

Imagen de perfil de Marina Pinilla
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Dicen que algo se muere en el alma cuando un amigo se va, pero más nos morimos por dentro cuando desaparece de la faz de la tierra porque se ha echado novio.

Fase número 1: el enamoramiento en la era digital

Match en Tinder, cita para ver una película en Netflix, y un par de stories en Instagram bebiendo smoothies en el nuevo bar del barrio. Tú te alegras lo más grande por ellos. Ay, qué felices, qué guapos, qué enchochados.

Fase número 2: el autoengaño

Seguro que está vez no es como las demás. Seguro que tu amiga no hace chas y desaparece de tu lado como con sus otros churris. Seguro que no se va a convertir en el miembro fantasma de los grupos de WhatsApp, que lee todo pero no responde nunca. Bueno, por si acaso tú pones una velita a la Virgen con la esperanza de que no haga una bomba de humo.

Fase número 3: las primeras señales

Oye, que me parece que tu amiga te llama menos. Vaya por Dios, tampoco te responde a los WhatsApps hasta dos días después, pero no tiene mucho mérito decirte que al final no puede quedar el viernes cuando ya es lunes. ¿Se ha teñido de rubia? Si no es por las fotos de Instagram ni te enteras. Bueno, por lo menos te etiqueta en los memes graciosos del Facebook, eso significa que se acuerda de ti mientras mira el móvil cagando.

Eso sí, su relación va viento en popa. Míralos, cuánto se quieren. Ahí los dos arrejuntados en el sofá poniendo los adornos de Navidad, sin el odio en la mirada que tienen las parejas longevas mientras desenredan las luces del árbol. En el fondo te jode un poco que sude de tu culo con tanto descaro, pero por lo menos está feliz con su nuevo novio. Tú te sigues aferrando a que es una etapa, a que es normal que al principio de la relación uno esté tan enchochado que no tenga ojos para nadie más, a que no tiene nada de raro que tu amiga esté más ausente que el talento interpretativo de Elsa Pataky.

No te enfades, Thor…

Fase número 4: el hostiazo con la realidad

Y de repente, casi de la noche a la mañana, deja de llamar. Ya no es que tarde en responder a los WhatsApps, sino que directamente no contesta. Te la cruzas por la calle y es como encontrarte con el vecino del quinto. Sí, acabas de tener una conversación de ascensor con tu amiga, pero no pasa nada porque eres persistente, una Wonderwoman de la amistad, y por eso con tu látigo de la verdad te dispones a cantarle las cuarenta y sonsacarle el evidente motivo de su desaparición. Como la vida no es una película protagonizada por Cameron Diaz y Katherine Heigl, la conversación acaba como el rosario de la aurora.

«Mira, yo hago con mi vida lo que me da la gana. Si quiero pasar todo el día con mi novio lo hago y tú no eres nadie para decirme nada. A lo mejor si he desaparecido es porque tan buenas amigas no éramos. Tía, que paso, que ahora mi novio es mi mejor amigo y no necesito a nadie más.» Y tú te quedas con el culo torcido porque solo le has dicho que la echas de menos y que a ver cuándo quedabais para tomar unas cañas.

Fase número 5: la relación está más seca que la estepa castellana

Cri… Cri… Cri… Tu amiga se sale de los grupos de WhatsApp. De vez en cuando la ves a lo lejos, en la otra acera de la calle mirando el móvil mientras camina para evitar cualquier incómodo cruce de miradas. Con lo que habéis sido… Al menos las veces que ella no tenía novio.

Fase número 6: la resurrección

Casi que asusta más la reaparición de tu amiga que la de Lázaro, y eso que este último salió de su tumba estilo zombi. «Oye tía, cuánto tiempo. ¿Podíamos quedar todas las chicas en plan reencuentro para tomar algo y ponernos al día?» No hace falta ser Sherlock para saber que la chavala se ha quedado compuesta y sin novio.

Tú, que eres más maja que las pesetas, mandas pantallazo al grupo de amigas, que cuentan descojonadas que les ha dicho lo mismo a ellas. Al final acabáis quedando y poco a poco se restaura el orden natural de las cosas. Cambiáis el nombre del grupo de “La Resistencia” a “chicks before dicks”, porque os molan las indirectas, y metéis a la muchacha como símbolo del reamistamiento -citando a Phoebe Buffay-.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado… Al menos hasta que se vuelva a instalar Tinder, porque como bien nos han enseñado Disney y el Rey León, en un ciiiiiiiiclo sin fin que lo envueeelveee todoooo, y aunque esteeemos solooooos, más sooola está la amiga que solo te habla cuando no se come un colín.

@ManriMandarina



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