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  • Querido diario

    Las profecías autocumplidas o cómo creer en nosotros mismos

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    Naces, maduras, te dicen que nunca cambies, te dicen que deberías cambiar, te dicen que has cambiado mucho y mueres. Crecemos en un ambiente donde la influencia social pesa mucho. Padres, compañeros del colegio, amigos de la adolescencia, primer novio, segundo novio, tercer novio, primer ligue de una noche, follamigo de la universidad, cómplices de borracheras, jefes, colegas del trabajo, y todo esto sin tener en cuenta a esos personajes llamados haters que pasan por nuestra vida sin pena ni gloria para tocar los huevos. Lo que nosotros queremos dar a los demás, lo que podemos dar a los demás y lo que los demás esperan va marcando las elecciones y decisiones que tomamos a lo largo del camino.

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    ¿Qué son las profecías autocumplidas?

    Las profecías autocumplida, también llamadas efecto Pigmalion, son pensamientos predictivos en plan «ven niño que te leo la mano por la voluntad» pero orientados a nosotros mismos, como si fuésemos el centro del universo. Cuando nacen estas ideas es muy difícil que desaparezcan, ¿por qué? Porque en realidad son la causa de nuestra conducta. De esta forma creamos una expectativa que al final se cumple. Estos “episodios mentales” pueden ser usados para bien y para mal. Si crees que vas a ligar es muy probable que tu conducta vaya cambiando para que esto termine sucediendo. Los pensamientos condicionan nuestro comportamiento y la forma en que interpretamos la realidad. Por ejemplo, María piensa que es fea y que su cuerpo es antiestético y desagradable. Cuando un familiar le dice lo guapa que está ella piensa que está siendo educado, y agacha la cabeza. Cuando un hombre la mira en un bar ella piensa que está estudiando sus defectos, y agacha la cabeza. Cuando un amigo le propone ir de compras o a la peluquería ella piensa que está criticando su estilo, y agacha la cabeza. Cuando una dependienta le regala una muestra de crema ella piensa que está juzgando su apariencia, y agacha la cabeza. Se ha dicho tantas veces «¿Quién va a ser capaz de quererte con el asco que das?» a si misma que se lo ha creído. María ya no se mima, ya no se cuida y ya no se ama. Tiene tantas creencias destructivas en la cabeza que no le cabe un pensamiento sencillo, lógico y optimista como «las cosas pueden salir bien». Todo lo que pasa a su alrededor hace que se odie más. Las cosas buenas no se las cree y las malas, por pequeñas e infrecuentes que sean, pesan más que la felicidad. Qué sorpresa se llevaría si le contásemos lo mucho que puede mejorar su vida si cambiase la actitud.

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    Todos deberíamos tener la actitud de Beyoncé.

    Las consecuencias de la profecía autocumplida tienen mucho peso en la infancia y, por ejemplo, un profesor que tiene expectativas pobres de sus alumnos verá como rinden peor que los alumnos de un profesor con altas expectativas. Cambiar los efectos de las profecías es complicado, sobre todo para los niños. Cuando somos pequeños las creencias de nuestros padres son determinantes, lo que ellos esperan de nosotros puede cambiar el rumbo que adoptamos. Un niño que crece escuchando las palabras “difícil”, “rebelde”, “vago” o “tonto”, tendrá un desarrollo más pobre y complicado porque su comportamiento se ajusta a lo que los adultos creen que hará. No conocemos sus circunstancias, no sabemos si es vago porque recibe poca estimulación, si es difícil porque tiene problemas con sus compañeros de clase, o si su rebeldía está relacionada con el ambiente familiar, pero poco a poco acabará creyéndose que esas palabras le definen. El desarrollo del autoconcepto y la autoestima está muy relacionado con las profecías. En las familias, grupos de amigos y aulas cada persona va ocupando un lugar –el deportista, el bonachón, el rebelde, el gracioso de la clase, el empollón, etc.–. Debemos tener mucha precaución con las etiquetas y en la medida de lo posible evitarlas, porque pueden llegar a encasillarnos de por vida.

    ¿Cómo usar las profecías autocumplidas a nuestro favor?

    Intenta recordar una situación en la que te hayas visto influenciado negativamente por las profecías autocumplidas. Es un recuerdo desagradable, crees que no lo podías haber evitado pero en el fondo te lo esperabas. Ese momento está rodeado por pensamientos destructivos. ¿Lo tienes? Ahora necesitas romper el vínculo que te une con esos pensamientos, tanto si son sobre ti («nada bueno me va a pasar porque soy lo peor») como si afectan a los demás («nada bueno me va a pasar porque todos están en mi contra»).

    1. Identifica esos pensamientos

    Ya es hora de cambiar el «si algo puede salir mal, saldrá mal» por «no tengo ni idea de lo que va a pasar, puede salir bien pero si sale mal soy el puto amo y lo afrontaré». En la vida no todo es Mr. Wonderful o el lado oscuro de la fuerza, encuentra un término medio realista pero optimista. Cuando nos atascamos en creencias catastrofistas («todo va a salir mal»), también se paraliza nuestra perspectiva. De repente solo prestamos atención a los aspectos negativos de la vida, como por ejemplo los sentimientos desagradables, y es así como el problema engorda.

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    1. Cambia el chip

    Oblígate a ti mismo a practicar el arte del optimismo. Llena tu casa de post-its con mensajes positivos y repítetelos hasta que te los creas.  Al principio sentirás que todo es muy forzado y falso, pero no dejes de hacerlo. Con el paso de los días verás cómo tus pensamientos y esos “mantras” han dado pie a un cambio de actitud. El mundo te va a sonreír si tú sonríes frente al espejo –igual te llevas un par de hostias, pero merece la pena–.

    Ejemplos de frases chupi-guachis:

    — Cree en ti. No dejes que te digan que no puedes.

    — Las dificultades son oportunidades disfrazadas.

    — La vida es como un libro, y un capítulo triste no significa el final de la historia.

    — Deja de esperar que las cosas pasen. Sal fuera y haz que sucedan.

    — Cuando dejas de pensar en todo lo malo que podría pasar empiezas a disfrutar de lo que está pasando.

    — Cuando la oruga pensó que era su final se trasformó en mariposa.

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    ¿Me he pasado con el buen-rollismo y los algodones de azúcar, verdad?

    1. Busca experiencias que desmonten tu profecía

    Si te pasas toda la vida autocompadeciéndote acabarás creyendo que no puedes evitar “lo malo que puede pasar” y que hagas lo que hagas todo seguirá igual o empeorará, así que total, mejor sofá conocido que buenas experiencias por conocer. Chocho, ¡levanta el culo y sal a probar!

    «Nunca encontraré un trabajo porque no valgo y todas las empresas tiran de enchufe». Vale, los “hijos de…” juegan con ventaja, pero ten clarito que jamás encontrarás trabajo visitando día y noche Redtube. Sal a echar currículums como si no hubiera un mañana y descárgate todas las aplicaciones de búsqueda de empleo, y como me vengas diciendo que tú en un McDonalds no curras para luego quejarte porque no te sale nada te pego con la sección de “se ofrece trabajo” del periódico.

    «Nunca ligaré porque tengo el atractivo en el culo y solo folla la gente guapa y maciza». Aquí si nos organizamos follamos todos. Con la cantidad de aplicaciones y webs de contactos que hay, el que no moja es porque no quiere. Atrás quedaron los tiempos en los que solo los raritos usaban Badoo. Y si me apuras siempre puedes recurrir al ligoteo clásico en un bar, librería, biblioteca u hospital a lo Anatomía de Grey. Lo importante es que no tires la toalla, deja de pensar que toooooodos te harán sufrir porque entre medias algún orgasmo caerá. Eso sí, si tú no te quieres nadie lo hará¡Empieza a mimar al amor de tu vida que eres tú mismo!

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    1. ¿Qué hay detrás de tus pensamientos destructivos?

    Las profecías autocumplidas pueden camuflar un bloqueo emocional. A veces nuestra cabeza se satura y pide vacaciones, ¡quién pudiera hacer lo mismo! El problema es que la muy perra se lleva nuestra espontaneidad y las ganas de intentarlo, dejándonos a solas con el miedo al rechazo y al fracaso.

    Esto no ocurre de la noche a la mañana. Los bloqueos emocionales aparecen por un comentario despectivo o una situación vergonzosa en público, y poco a poco el miedo a recibir críticas o hacer el ridículo se hace grande e incontrolable. Por eso desarrollamos un mecanismo de autodefensa llamado “introversión”.

    No dejes que el miedo al fracaso y las experiencias que un día te volvieron inseguro marquen tu camino. Aunque evites una cicatriz, también estás dando la espalda a los abrazos, las risas, la amistad, el amor y la experiencia.

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    Nuestras creencias son capaces de alejarnos del miedo o arrojarnos a él, por eso tiene tanta importancia el peso que les concedemos. Solo podemos cambiar el mundo si tenemos fe en nosotros mismos, así que cuando creas que no puedes respóndete a ti mismo: «mira como lo hago».

    Sobre el Autor

    Imagen de perfil de Marina Pinilla

    Psicóloga por amor al arte. Consejos vendo y para mí no tengo. Hablar con mis gatos me mantiene cuerda. A veces bailo por la calle y siempre canto en el coche.

    

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