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  • Querido diario

    Los psicólogos también pasamos por esto

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    Hola, llevo tiempo siguiendo vuestra página y bastante queriendo contar una experiencia. No sé si mi prosa será tan excelente como la que suele haber entre los autores de WLS, pero creo que lo importante es más en este caso es el qué que el cómo.

    Yo soy una chica que desde los 15 años ha tenido problemas de peso, nunca he sido obesa, pero sí he oscilado a menudo de kilos y de talla, con las consecuentes maravillosas estrías. Para mí lo más jodido, hablando en plata, ha sido mi pecho, objeto de burlas y envidias especialmente en mi adolescencia y también objeto de pasión por especímenes masculinos, of course.

    Desde los 15 he estado entre endocrinos, dietistas y nutricionistas, pero en aquel entonces ni siquiera yo quería adelgazar, iba porque mis padres, genéticamente delgados, me presionaban para ello con el consecuente autosabotaje de hincharme de patatas fritas y chocolate a escondidas, provocando un no muy grave trastorno de atracón por impulsos.

    Yo sé cuándo y por qué me engordé, fue un verano que me fui de viaje a estudiar inglés en un país extranjero y no me integré socialmente, cosa que no llevé muy bien porque aunque era tímida siempre lograba un hueco en todo grupo social y entonces me refugié en las chocolatinas: especialmente en el Twix. He de decir que esta gordura mía particular no se aceptaba en mi entorno familiar pero tuve la suerte de tener parejas que me apreciaban, rollos de una noche  y follamigos, ya fuera con kilos de más o de menos que me veían preciosa. Siempre he ligado igual, como bien se dice por aquí, eso es más cuestión de actitud que de otra cosa. Aunque llorase porque los pantalones no me cerrasen, aunque gritase desesperada porque se me desabrochasen los botones de la camisa o porque no pudiese encontrar vestidos que se ajustasen a mi cuerpo por ser mayormente pechugona, me colocaba mi sonrisa para salir a la calle, me centraba en pasarlo bien y a por todas. El espejo de mi baño confidente de mis mayores depresiones, purgaciones y atracones.

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    Todo esto pretende ser una introducción general para que os hicierais una idea de mi yo, mis kilos, mi vida con ellos y sus presiones, para contar un hecho que me pasó hace no mucho tiempo. Me licencié en Psicología y para mi formación y por cuestiones personales terminé en terapia durante tres años. Hago trabajo personal de manera continuada, ahora ayudo a chicas con problemas como el mío o mayores, ayudo a personas con falta de autoestima a aceptarse, ayudo a ver que la belleza se encuentra en todas partes y no sólo en los cánones estipulados metidos con calzador, y que ciertos problemas tienen que ver más con lo emocional que con el comer o los kilos. Como yo, que siempre me protejo en la comida cuando tengo ansiedad o un mal día o cuando me hacen daño, me protejo tanto comiendo, como dejando de comer, hace mucho que no me purgo y aunque no sea llamativo, muchas personas tenemos trastornos de alimentación que pasan por alto porque no se nos notan los huesos a través de la piel.

    Voy al grano que me enrollo mucho, supongo que porque llevo tiempo deseando compartir mi pequeña historia.

    Cuando me quedé soltera pasé un tiempo sin conocer chicos, no quería saber nada de ninguno, hasta que pasados unos meses pensé que ya era hora y convencida por mis amigas empecé a meterme en webs de contactos, ya que salía poco y cuando salía conocía borrachos que sólo me causaban rechazo.  Empecé a hablar con muchos chicos… unos interesantes, otros menos, a tener citas que no me terminaban de motivar hasta que llegó uno en concreto que aunque físicamente no me volvía loca,  teníamos una conversación excelente, divertida y parecía muy culto y a mí eso me pierde porque soy como decía aquel artículo “sapiosexual”.

    Este chico vivía en otra ciudad, y yo me envalentoné, cogí mi coche y carretera y me fui a verlo y no sólo eso sino que me quedé todo el fin de semana con él, así de locura. Era un manipulador-seductor nato, me dejé convencer para quedarme cada tarde, mañana y noche, paseamos, almorzamos y follamos. Yo estaba ya segura con mi manera de comer y si tenía hambre no me privaba, ni cortaba ni nada. Por aquél entonces, haciendo deporte me lesioné y llevaba como unos dos meses por recomendación médica sin poder practicar nada, sólo lentos paseos.

    Ya pasado bastante tiempo del fin de semana (cuya sensación era como haber estado en una nube), llegó un momento que veía que el chico no comía mucho, de hecho era bastante delgado y el típico runner obsesionado así que le comenté inocentemente que parecía que él era de poco comer… y me contestó que “quizá yo tengo que comer más y tú que comer menos”. Me sentó como un puñal en el pecho, de haber estado viviendo un fin de semana estupendo a reaccionar así y entonces, valerosa de mí intenté indagar que a qué se debía esa respuesta y me dijo que es que yo estaba gorda y que quizá tenía que ponerme a dieta y a mí me ofendió. ¿Quién es él para decirme a mí con mis treinta años lo que debo hacer o dejar de hacer? Y se me vino mi yo adolescente presionada por sus padres e infinitamente frustrada y se me saltaron las lágrimas, también consecuencia del poco descanso y de ser consciente de repente de encontrarme en terreno extraño. Me relajé y fuimos a dar un paseo no sin antes que él me llamase loca y exagerada. Durante el paseo volvió a hacer hincapié en que tenía que adelgazar sin venir a cuento el tema, que mi lesión de rodilla venía por mi sobrepeso y no por otra cosa, y precisamente a mí el traumatólogo nunca me dijo nada referente a mi peso, ¿quién es este ser con ínfulas de sabio y despectivo? Lo que más me molestó fue que me dijo que lo decía por mi bien, yo ipsofacto dejé de sentirme sexy y bonita, regresé a casa, dormí, medité, no di señal alguna. Me llamó al día siguiente sin entender por qué no le contestaba a sus mensajes y le dije que ya no me interesaba, que no puedo estar con alguien con quien yo no me sienta bonita y no me acepte tal y como soy. Tuvo la indecencia de decirme que si yo me viera como él me ve me entendería, le dije que hasta nunca y estuve bastantes meses sin poder intimar con nadie porque dejé que jugaran con mi autoestima y se me removió gran parte de mi pasado. Eso sí, lo frené a tiempo y quizá fue necesario porque con lo meses resurgí como el ave fénix con mi gran sonrisa, mi cabeza bien alta y mis curvas satisfechas. Si esto me hubiera sucedido antes de ir a terapia y con menos años y experiencias, quizá me hubiese visto envuelta en una relación destructiva incapaz de frenar dándole la razón, pero no fue así y dije “hasta aquí”.

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    Decir que hubo más cosas que me molestaron que esa, como que pretendía cambiar mi manera de expresarme y mis ideas y ya pretendía una relación seria sin apenas conocernos, pero quería destacar lo del peso porque es lo que realmente me afectó, molestó y porque no le veo sentido a estar con alguien ya sea para una hora, un día, o una eternidad que no te perciba bella tal y como eres, por dentro y por fuera.

    Como bien he dicho, llevo un tiempo que he vuelto a aceptar mi imagen, de hecho me siento bonita, bien bonita… Cuando ven fotos de mi de cuando era más delgada y me dicen ¡qué delgadita y guapísima estabas! al principio me toca las narices, pero luego, pienso, qué leches, si soy ahora más feliz. Y para celebrar mi nuevo estado de aceptación ayer me comí un Twix ;).

    Gracias por permitir compartir.

    Autor: Psico GordiBuena

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    Este post está escrito por un colaborador puntual de WeLoversize. Si tienes algo interesante que contarle al mundo, puedes enviarnos tu textos y propuestas a [email protected]

    

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