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  • Querido diario

    No te toco ni con un palo

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    Me he decidido a escribir esto porque es la única manera que he encontrado para desahogarme. Me da tanta vergüenza que me haya pasado a mí algo así que no se lo he contado ni a mis amigas. Veréis:

    Hace varios años conocí a un chico. Llamémosle Juan. Juan me llamó la atención desde el primer momento, y después de indagar un poquito sobre él descubrí que tenía novia, así que decidí que lo mejor sería pasar. Pero una noche coincidimos gracias a un amigo común, a mí se me escapó decirle a ese amigo común que Juan me gustaba y al final nos presentó y nos tomamos juntos un par de copas.

    La verdad es que estuve muy cómoda con él esa noche, pero yo era consciente de que la cosa no podía ir a más. Sin embargo, le pedí a mi amigo que si me podía dar el teléfono de Juan, mi amigo me lo dio, y esa misma noche comencé a mandarle Whatsapps.

    No fui capaz de mantener la intriga por mucho tiempo, y al poco de empezar a hablar le confesé que me gustaba. Imaginaba que me contaría lo de su novia pero no, la cosa siguió adelante como si nada y empezamos a hablar de volver a vernos, pero esta vez a solas. Era imposible que mi amigo me hubiera mentido, y gracias a Facebook descubrí que sí, que esa novia existía, pero si Juan no me decía nada… ¡no se lo iba a preguntar yo!

    Quedamos una vez, quedamos otra, otra más… nuestros encuentros eran puramente sexuales y el sexo con él era increíble. Finalmente me contó que tenía novia. Yo no supe cómo reaccionar: ya lo sabía y no me parece bien ni ser la otra ni ser cómplice de infidelidades, pero realmente me lo pasaba genial con él. Así que le dije eso: que qué putada, porque yo estaba muy a gusto con él, aunque realmente no quería ser su novia, solo lo quería como “follamigo”, así que en el fondo era cosa suya decidir lo que quería él.

    A raíz de ese día la cosa se enfrió bastante. Seguíamos hablando por teléfono pero ya no volvimos a quedar. Hasta que un día me enteré (y de nuevo, no por él) de que se había quedado sin pareja. Nunca supe la causa de la ruptura, solo que de repente, un día, y sin darme explicaciones (aunque yo ya me había enterado de la situación) me pidió volver a quedar. Y yo le volví a decir que sí. Y el sexo estuvo bien, pero ya no era como las primeras veces, así que comencé a darle largas y ya no quise volver a quedar con Juan.

    Un año después, durante las pasadas navidades, yo estaba de fiesta con mis amigas (que sabían que yo había tenido relaciones con él) y nos lo encontramos a él junto con un grupo de amigos. A una de mis amigas le gustó uno de sus amigos, así que yo hice de tripas corazón y me acerqué a hablarle para que fuera más fácil introducir a mi amiga en la conversación. Pero me quedé muy alucinada cuando vi su comportamiento. Pasó completamente de mí, y aunque es verdad que ya no habíamos vuelto a hablar, no habíamos terminado mal ni había pasado nada que me pudiera explicar su reacción al verme. De hecho alguna vez nos habíamos cruzado por la calle (vivo en un pueblo no muy grande) y siempre nos habíamos saludado rollo colegas. Así que me dejó bastante sorprendida, pero quise restarle importancia.

    Al final mi amiga supo cómo llegar a su amigo sin mi ayuda y horas después su amigo se unió a la fiesta con nosotros. Yo aproveché para comentarle que conocía a Juan. El amigo enseguida me dijo: “sí, ya sé que le conoces. Nos ha hablado de ti”. Bueno, no es tan raro, yo también le conté a mis amigas que nos habíamos enrollado unas cuantas veces. Pero de repente su amigo me dijo riéndose “¿no eres la gorda que le acosaba?” Y ahí ya sí que me quedé muerta. En mi cabeza se empezaron a cruzar todo tipo de ideas sobre qué le podría haber dicho a sus amigos sobre mí, y aunque al principio quise soltarle una hostia al amigo, que no era más que el mensajero, preferí seguir preguntado.

    Al parecer, después de que yo le dijera que me daba igual que tuviera novia porque yo tampoco le quería a él como mi novio le había contado a sus amigos que por favor, si me veían por ahí cuando estuviéramos de fiesta le avisaran porque yo le “había acosado mandándole un montón de mensajes por Whatsapp para quedar con él” y a él yo le daba asco porque estaba gorda y no quería tocarme ni con un palo y esas cosas que se le dicen a los amigos.

    Supongo que como los dos estábamos borrachos, el amigo, que me contó todo esto, y yo, que lo escuché, no reaccionamos como deberíamos. Yo le tenía que haber llamado gilipollas (al amigo) por ser tan gilipollas como para contarme algo así en mi cara y él, si tuviera dos dedos de frente, no debería habérmelo contado.

    Evidentemente, esa noche decidí que mi historia con Juan se había terminado por completo. Y aunque después de esa noche Juan estuvo un par de meses sin enviarme ni un solo mensaje (yo lo achaqué a que su amigo habría hablado con él y a Juan, por poco decente que fuera, se le habría caído la cara de vergüenza), esta pasada Semana Santa me llegaron varios mensajes suyos, preguntándome que qué tal todo, que como estoy, que qué hago.

    Autor: anónimo

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    Este post está escrito por un colaborador puntual de WeLoversize. Si tienes algo interesante que contarle al mundo, puedes enviarnos tu textos y propuestas a [email protected]

    

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