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  • Querido diario

    Papá, te quiero, pero no me llevarás al altar

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    Tengo que confesar algo. Siempre me han gustado las bodas. De hecho soy una enamorada de las bodas, de la organización, las fotos, el vestido… Es así, y me podéis llamar cursi por ello, pero ver como dos personas se quieren tanto como para prometer estar juntos el resto de sus vidas me pone muy ñoña.

    Sin embargo, tengo que decir que hay aspectos de la ceremonia con las que no estoy demasiado de acuerdo. La verdad es que no tengo claro desde cuándo lo tengo decidido, supongo que tras uno de los numerosos domingos llenos de películas románticas que terminan en boda, me paré a pensar por qué el protocolo de las bodas era así y no de otro modo. Eso sumado a un periodo corto de tiempo de lucidez durante mi ida de olla adolescente me hizo tomar una decisión:

    Si algún día me caso, caminaré sola hacia el altar. Si es que se puede llamar así al arco floral que pondrán en la playa en la que me case.

    Entiendo que muchas de vosotras puedan ver esto como un acto ridículo, de rizar el rizo del feminismo o simplemente no le da importancia. Pero yo creo que es un acto que envía un mensaje muy potente a la sociedad y que los grandes cambios comienzan con pequeños pasos.

    Y es que si no te paras a pensarlo, ese mensaje de posesión pasa desapercibido, a fin de cuentas es un acto simbólico sin una declaración explicita de significado, manchando con connotaciones machistas, pues por desgracia las tiene, uno de los días más importantes de tu vida.

    Llevo varios años decidida a condenar todos aquellos actos, palabras etc. que puedan hacer de una persona un objeto que se pueda poseer, que la pueda denigrar o hacer sentir inferior. Además, vamos a ver, yo no le veo nada de bonito a que se considere que tu perteneces a tu padre hasta que te casas, que perteneces a tu marido. Y eso es lo que simboliza ese paseo. Tu padre te entrega, literalmente, al hombre que te espera. Y mi pregunta es: ¿Dónde queda entonces y durante ese momento la libertad e independencia que tanto nos ha costado conseguir? ¿Tan poquito nos cuesta desprendernos de ella voluntariamente porque es la tradición? Pues amigas, a la mierda todas las tradiciones que no dejen a los seres humanos como iguales.

    Yo como mujer, y tras estudiar todo lo que las mujeres han sufrido y luchado a lo largo de los siglos parar no ser considerado el sexo débil, ni depender de un hombre, ni ser la sombra, quiero mandar un mensaje de fuerza, porque la lucha no ha acabado, aunque a veces pueda parecerlo. Y son estos pequeños gestos los que hacen que lo más difícil, que es abrir un poco más la mentalidad frente a la tradición, vayan poco a poco normalizando cosas que ya deberían serlo.

    Y qué coño, que yo, por muy dulce que pueda parecer ese momento, no quiero que mi padre me coja de la mano y se la entregue a mi futuro marido tras darme un beso de “despedida”. Yo quiero caminar sola, firme, libre e independiente hacia la persona que más quiero, y que en esos instantes me admire, no por mi belleza (que también), sino por mi fuerza, por decidir no renunciar a mi libertad ni un solo segundo, sino estar dispuesta a compartirla con él.

    Imagen destacada de https://greenantlersphotography.com

    Sobre el Autor

    Imagen de perfil de N.G. Pérez

    Escritora en potencia desde 1995. Amante de viajar, vivir fuera de la zona de confort, de la música acústica, leer hasta volar por cada rincón de la página y de escuchar todas aquellas historias dignas contar, de esas que te revuelven cada rincón de tu ser. Instagram: ng.perez

    

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