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  • Querido diario

    Podría estar delgada pero es que no quiero

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    Sé que mucha gente al leer el título de este artículo pensará: “será un título irónico, nadie es capaz de decir algo así en serio”. Pues no, el título no es irónico, es totalmente en serio. Sé que podría porque he estado más delgada: la que escribe ha llegado a entrar en una talla 36. Casi nada (literalmente, casi nada). Por tanto, sé que podría estar más delgada porque lo he estado: he llegado a pesar 20 kilos menos que ahora, supongo que por tanto podría volver a hacerlo. La pregunta entonces es ¿y por qué no quieres? Buena pregunta.
    A veces veo fotos de esa época y pienso: “joder, ¡ojalá volviera a entrar en ese vestido!” Pero entonces recuerdo que algunos días desayunaba una manzana, comía una ensalada de lechuga y atún y cenaba un poco de queso fresco, que fumaba mucho para no comer, que me sentía desgraciada. Tremendamente desgraciada. Que odiaba ver mi reflejo y me veía tan gorda como ahora me veo y medía mi valor en kilos de menos o de más. Y que eso no era sano a ninguno de los niveles, se pongan como se pongan las personas que se empeñan en que hay que adelgazar por salud. También adelgacé bastante cuando murió mi padre y durante otra época en la que vivía sola en una ciudad que odiaba, todos mis amigos vivían lejos y mi vida consistía en ir de casa al trabajo y viceversa. Y simplemente no quería comer, o mejor dicho, no quería nada. Yupi.
    Como veis, en mi caso la delgadez no está precisamente asociada a momentos felices ni saludables.
    También he tenido épocas de estar más delgada que ahora sin llegar a esos extremos, simplemente porque mi estilo de vida era distinto, no pasaba tantas horas sentada por mi trabajo y además no tenía un duro para irme a comer o cenar por ahí, sin contar con que no tenía la ansiedad que tengo ahora y aún fumaba (niñas, no empecéis a fumar que cuando digáis de dejarlo os vais a acordar). Pero en cualquier caso, estaba una o dos tallas más delgada de una forma natural, sin hacer grandes esfuerzos ni vivir por y para ello.
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    La cuestión es que mi estado natural es tener unos kilos de más (¿de más según quién? nunca he entendido esa expresión), unos poquitos michelines, jamones ibéricos. Nada grave, nada que a nivel médico me haya supuesto nunca un problema. La cuestión es esa: mi estado natural es el de rolliza. Yo SOY gorda. Y si, no es necesario que me pase algo malo para adelgazar: podría hacer las inútiles dietas que llevo años haciendo de manera ininterrumpida y sin hacer excepciones nunca, ir al gimnasio una hora y media al día seis días a la semana y seguramente tomar algún complemento. Podría hacer eso durante meses a base de fuerza de voluntad (dejé de fumar y soy una empollona empedernida, tengo fuerza de voluntad cuando quiero) pero al final nunca duro por la sencilla razón que ya os he explicado: porque no quiero. Llega un punto en el que no echas de menos comer comida basura, echas de menos comer cosas tan normales y tan sanas como aguacates, queso, uvas, legumbres, arroz (si, todo depende de la dieta, pero las dietas de adelgazamiento SIEMPRE te prohíben algunos alimentos aparte del azúcar y los fritos). Además, me encanta la cerveza y salir por ahí de tapas de vez en cuando. Y odio ir al gimnasio, sobre todo cuando es por obligación y en lugar de algo que me guste tengo que hacer un programa concreto de ejercicio. Y por supuesto, me niego a tomar pastillas bloqueagrasas o similares, lo siento, pero no son para mí.
    Y el caso es que aunque adelgace y me quede con una 38 seguiré siendo gorda. Porque si adelgazo no seré delgada, estaré delgada. No sé si me entendéis. A lo que voy es que cuando tú eres gorda, puede que llegues a estar delgada a base de dieta estricta, una fuerza de voluntad de hierro, entrenamiento físico especializado diario… Hay personas que lo consiguen. El problema es que esas personas no pasan a ser delgadas, pasan a estar delgadas y, cuando eres por naturaleza gorda, para estar delgada de manera permanente no vale con perder los 10, 20 o 30 kilos que te sobran; una vez que los has perdido con todo el esfuerzo del mundo tienes que mantenerlos, porque tu estado natural no es ese y en cuanto te descuides ¡pum! volverás a tu estado anterior. Así que, a pesar del esfuerzo para perder los kilos, ahora tienes que ir al gimnasio 4 o 5 días a la semana, no comer ni beber nada fuera de la dieta y las contadas veces que lo hagas compensar doblando esfuerzos… Así, hasta el día en que me mueras. Básicamente, es vivir por y para mantener tu talla. Es como ser morena y teñirte de rubio: o lo mantienes o el moreno sale. Y no sé qué opináis, pero para mi gusto eso no es vida. ¿Por qué creéis si no que antes o después todas las famosas como Cristina Aguilera acaban dejando atrás la talla 36? Porque para la mayoría de las modelos, actrices y cantantes, mantener esos cuerpos “perfectos” supone un trabajo a tiempo completo incompatible con llevar una vida normal.
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    Y ¡ojo!, que no estoy diciendo que no quiera adelgazar un poco ni que ya tenga totalmente aceptado mi cuerpo; es solo que no quiero estar delgada porque en esta sociedad se considera delgada de la talla 40 para abajo (y estoy siendo generosa). Por eso, aunque en parte me gustaría volver a entrar en una 40, cada día veo más absurdo el tiempo, esfuerzo, obsesión y sacrificio que eso supone. Por suerte yo nunca he estado enferma ni soy intolerante a ningún alimento, pero si así fuera no dudaría en hacer una dieta específica si fuese necesario para mi salud. Pero para mí se trata únicamente de un problema de estética generado por el modelo único de cuerpo que se me vende en las fotos de los catálogos de ropa, de las revistas, de las marquesinas, de los anuncios… El gran impedimento de mis kilos de más es únicamente no entrar en una 38 del zara, marcar barriga con las camisetas, salir con papada en la mitad de las fotos, que mis vestidos siempre me queden anchos de arriba y estrechos de abajo y que haya días que no me guste demasiado mirarme al espejo. Estos “gravísimos” problemas no me parecen suficiente razón como para poner mi vida al servicio de mi talla; estoy cansada de milimetrar todo lo que como, de sentirme culpable si un día no voy al gimnasio, de gastar dinero en productos que no sirven para nada, de no quedar con alguien por no saltarme la dieta. En serio, me parece absurdo. Porque realmente vives para que tu cuerpo responda a unos cánones, o malvives, en lugar de vivir para disfrutar, para quererte, para abrazar todo lo que te haga feliz. Inviertes tiempo, dinero y energía en que tu cuerpo sea otro cuerpo en lugar dedicarte a luchar por alguna causa justa, estudiar, quedar con esa amiga a la que nunca ves o aprender a hacer croché. Y la mayoría de las personas cuando se dan cuenta de que todo eso no ha servido para nada miran hacia atrás y descubren la de tiempo, esfuerzo y dinero que han perdido. Para nada. Por nada. Por eso, si para ello tengo que vivir por y para mantener mi talla, prefiero no estar delgada. Mejor voy a aspirar a estar feliz (que tampoco es tarea fácil).

    Mamen Conde (Lady Carrusel)

     

    En las fotos: Denise Bidot

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    Este post está escrito por un colaborador puntual de WeLoversize. Si tienes algo interesante que contarle al mundo, puedes enviarnos tu textos y propuestas a [email protected]

    

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