Chris Pratt
  • Querido diario

    Quiero ser como Chris Pratt

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    Estoy un poco harto de mí mismo porque no soy Chris Pratt. ¿No os pasa a veces? No lo de no ser Chris Pratt, sino lo de caeros mal. No os confundáis, generalmente me caigo considerablemente bien, incluso muy bien dependiendo del día, de si es verano, de si no he tenido que madrugar, de si me han hecho el desayuno o de si tengo la seguridad de que no voy a tener que dormir el mes que viene en un banco. Ya sabéis, pequeñas cosas. Pero últimamente me caigo mal y lo único que me ha impedido mandarme a la mierda del todo es que, a pesar de todo, me hago mucha gracia. Dicen que eso es sano, y bueno, debe de ser probablemente lo único sano que hago en esta vida junto con cepillarme los dientes tres veces al día, porque eso me lo enseñó mi madre muy bien y no fallo.

    Sin embargo a lo que no me enseñaron tan bien fue, precisamente, a comer. O quizá sí y yo no aprendí del todo bien, quién sabe, también me enseñaron a hacer raíces cuadradas en su momento y a día de hoy si me pides hacer una sin calculadora lo más productivo que puedo hacer es llorar desconsoladamente en un rincón mientras me arranco mechones de pelo.

    El caso es que he llegado a un punto de mi vida (tengo 28 años pero aparento 27 y algunos meses como mucho) en el que estoy un poco cansado de caerme mal. Os pongo en situación, porque ahora mismo puede que todo el mundo esté un poco perdido.

    Siempre he sido un chico “grande”. Nunca he tenido muy claro si lo de grande era un eufemismo de gordo o que realmente soy grande. Lo cierto es que si me ves con gente en fotos, suelo parecer Muzzy, el monstruo ese gigante que hablaba muy bien inglés (yo también hablo inglés, pero no nos desviemos, no va por ahí el parecido). El problema es que siempre he sido hijo de los eufemismos, por lo que he vivido realmente cómodo definiéndome como “una persona de hueso ancho” e invitando a la gente a que midiera mis rodillas para comprobarlo durante toda mi vida. Me he relajado en ese “yo soy así”, que no habría tenido ningún problema si no hubiéramos llegado a la etapa actual en la que, como os he contado, me caigo fatal, no me aguanto, me tengo manía.

    El problema básico de todo esto es el siguiente: este soy yo

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    En realidad soy bastante menos serio, pero os hacéis una idea. “¡Yo no te veo mal!” “¡Eres alto!” estaréis diciendo muchos de vosotros (quizá no muchos, quizá solo uno. Quizá solo mi madre –Hola, mama-). Y para todo esto solo hay dos respuestas: 1) sé posar, me tengo cogidos los ángulos como Cindy Crawford, pero la realidad es un pelín peor si tenemos en cuenta que esta foto tiene un par de meses y bueno, los últimos han sido un poco qué festín, qué festín un banquete de postín. 2) en realidad lo que me podáis decir vosotros me sirve de poco, porque aquí lo que importa es cómo me vea yo. Y yo me veo así:

    En efecto, en mi mente yo soy así. Estoy bastante bueno, la verdad, pero claro, no encaja del todo con la realidad. “¡Pero te ves guapo! ¡Eso es maravilloso!” estaréis diciendo o eso supongo yo, que de primeras me gusta pensar que la gente habla tanto o más que yo. Pues no, no es maravilloso. No es maravilloso porque esa imagen de adonis solo está en mi cabeza, no en las fotos que me hacen o en las malditas tallas de Zara, que las reducen más que al pobre Pedro Ximénez.

    Y por eso no me soporto. Porque no soy lo que quiero ser, que es una cosa como muy de autoayuda pero bastante cierta y que demuestra por qué venden tantos libros de esos. Pero como todo tiene una solución, vamos a ponerle remedio.

    Empezando desde ahora, voy a compartir con vosotros mi nuevo reto (al que me gustaría llamar ‘El reto más gordo’ pero me parece, quizá, un poco confuso): ser como Chris Pratt. Voy a hacer caso a los médicos en la única cosa en la que no hay uno que difiera y voy a comenzar una nueva vida en la que poniendo atención a nutrición, motivación, ejercicio y a algunos truquitos de estilo y belleza pueda llegar a caerme todo lo bien que me merezco (y estar todo lo bueno que me merezco). Porque soy majo, joder. Y por qué no, ayudar a otros chicos que estén en mi misma situación. Que también soy muy altruista.

    Vosotros vais a ser mis cómplices en esto. Puede salir muy bien o muy mal, pero por lo menos espero que nos riamos un rato. ¿Porque os he dicho ya que no me soporto pero que me hago mucha gracia?

    Sobre el Autor

    Imagen de perfil de Alfredo Murillo

    Estudié arquitectura porque quería ser periodista. Y así con todo. Me gusta escribir casi tanto como la pizza y los dinosaurios. Por internet voy en zapatillas de andar por casa.

    

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