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Querido diario

Soy tartamuda y ma-ra-vi-llo-sa

Imagen de perfil de Luz Mar Rebollo
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Al igual que hay cuerpos no normativos también existen formas de hablar que no lo son y la más habitual es la tartamudez. Atascarte al hablar, que no te salgan las palabras, repetición de sílabas y hacer movimientos involuntarios con las manos o la cabeza cuando tu cuerpo se niega a verbalizar lo que tienes en la punta de la lengua son algunos de los síntomas. No exagero si confieso que me odiaba a mí misma por no ser capaz de hablar en público durante 5 minutos sin trabarme y sentir una vergüenza horrible si escuchaba alguna risa (han sido pocas pero duelen igual).

No es fácil reconocerte fuera de ese grupo de “normofluidos” cuando la televisión ha utilizado constantemente a las personas tartamudas para reírse de ellas, poniéndolas en situaciones ridículas y propiciando chistes. Sólo la película “El discurso del rey” arrojó algo de luz y esperanza a los que nos trabamos al hablar, demostrando que si la sociedad no hace más alto el muro, al final terminaremos por saltarlo.

Campaña de Movistar con la que aún sigo alucinando.

Campaña de Movistar con la que aún sigo alucinando.

Apenas hay referencias en los medios de comunicación y pocas veces visibilizarán a un tartamudo hablando, ¿por qué? Pues porque como los gordos a la vista, tampoco parecen ser agradables al oído. El mensaje es claro: tu forma de hablar incomoda y preferimos hacer oídos sordos.

Sería una historia muy triste si terminase así, aceptando que trabarse al hablar está mal y que no levantar la mano en clase por miedo a las risas es la norma. No, al menos ya no. Me queda un largo camino para dejar de ponerme roja si no me salen las palabras y la gente levanta la vista mirando con pena (prefiero la mofa) pero a cada palabra siento que estoy más cerca.

Dicen que el primer paso es reconocer el problema pero ¿sabéis qué? A todos los que tengáis algo diferente, dejad de considerarlo un problema y empezad a entender que esa característica para bien o para mal no os definirá, al menos siempre que vosotros no queráis. Ocultar cómo somos, ya sea bajo una faja, tras un poco de relleno en el bikini o guardando silencio sólo nos invisibilizará un poco más y el mundo ya es bastante oscuro como para seguir apagando luces.

Así que: hola, a veces tartamudeo y aún así soy ma-ra-vi-llo-sa.

Imagen destacada: scmp.com / Marilyn Monroe también sufría disfemia (tartamudez).



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