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  • Querido diario

    Viejos desconocidos

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    Nuestra vida es como un mapa. Vamos callejeando. Conociendo lugares. Mudándonos de ciudad. Marcando sitios favoritos.

    Todos pasamos por diferentes etapas y, en cada una de ellas, vamos conociendo a gente que nos marca de un modo u otro. Nos abrimos, contamos nuestros miedos, nuestros secretos. Reímos, salimos de fiesta o pasamos tarde de peli en el sofá. Pero son etapas, calles de nuestro mapa, y, por un modo u otro, esa gente desaparece.

    Cuando vuelves a encontrarte con ellos pueden pasar varias cosas. Yo tengo la suerte de poder decir que tengo amistades que superan kilómetros, países, océanos y hasta culturas diferentes. Me encuentro con estas personas de nuevo y siento que no ha pasado el tiempo. Que parece que fue ayer cuando estábamos tomando algo y riéndonos hasta doler. Sí, la tecnología ayuda y ver en las redes sus fotos con nuevo corte de pelo, su nueva ciudad y las nuevas caras que le rodean hace que todo sea más fácil con likes y comentarios de por medio.

    Pero otras veces puede que los kilómetros sean menos, que sólo nos separen dos trasbordos de metro. Que basta un mensaje de “Hoy, café donde siempre” para poder vernos. Pero no lo hacemos.

    Y, en otras ocasiones, cuando te reencuentras con alguien te das cuenta que estás ante un desconocido.

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    Siempre pienso cuando llegué a Madrid y los primeros días conocí Malasaña de noche. Sabía guiarme, sabía ir de un sitio a otro, distinguía las calles. Hasta que un día, fui a pasear por la tarde y me sentí perdida. Distinguía las calles, reconocía lugares… pero ya no era lo mismo. Tuve que aprender cómo era ese mismo lugar con otra vida, con otra luz.

    Puede que sea algo parecido a lo que nos ocurre cuando nos reencontramos con gente de otras etapas, de otras vidas. Puede que hayan tomado otro rumbo. O que hayamos sido nosotros los que tomemos otros caminos. Y ahí estamos, ante unos desconocidos, ante los que antes nos abrazaron, nos calmaron penas, los que nos hicieron reír. Los que eran grandes amigos o ante alguien a quien llegamos a querer de verdad. Puede que distingamos algo de ellos, aunque ahora tengan alguna arruga y más canas, sigue el deje y tono de su voz pero ya no hay tantos chistes. Los silencios son largos cuando antes, hace años, no había ni una pausa. Sigues pensando en esa persona de hace tiempo pero ya no está. Ahora ante ti está un desconocido.

    O, tal vez, la desconocida sea yo. Puede que yo sea quien haya cambiado o me haya resistido a cambiar. Nunca lo sabremos. Pero ese café que tomamos con nuestro pasado parece más una cita a ciegas que un reencuentro. Ahora sólo queda tratar de aprender cómo es caminar por esas calles, antes conocidas, pero con otra vida, con otra luz y ver si nos gustan y no nos perdemos.

    Toca reconfigurar nuestro mapa, marcar las calles.

    Imágenes: Garden State (2004)

    Sobre el Autor

    Imagen de perfil de Mireia Clavero

    De pequeña quería ser trapecista. Ahora me lanzo al vacío contando historias. De vocación, cuentista. De corazón, teatrera. Me gusta lo rarito, lo hortera y los chistes malos.

    

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