Subway Coney Island, 2010
  • Sex & Love

    La chica del metro

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    ¿Sabéis el pasillo del metro de Passeig de Gràcia en Barcelona? ¿Ese que parece que no tenga final, se hace inmensamente largo y va lleno de guiris? Pues cada mañana me tocaba recorrerlo. 

    Un día iba tan tranquila, de esos que vas medio despistada, con la mochila cargada de libros, el agua, el chaquetón y toda la parafernalia, mirando boca abajo porque soy de las que no mira hacia arriba nunca, por vergüenza y esas cosas. Llego a mi metro, a la primera puerta y levanto la cabeza para no ahostiarme con nadie. Noto que alguien me observa, y sí, un chico adorable con pinta de guiri que no me quita la vista de encima. Le miro, y me miro las pintas. 

    ¿Por qué leches me mira un tío tan mono, con las pintas que llevo? 

    Y así quinientas mil preguntas que te haces en una centésima de segundo. Se para el metro, pican al botón y empieza a bajar la gente… Y él sigue mirándome. ¡Que te vas a desnucar! Levanto la cabeza y nada, que tenía pegados los ojos a los míos. Y desaparece y yo me quedo tonta mirando al guiri a los ojos, cayéndoseme la baba. 

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    Pasaron los días, había días que me veía y se me quedaba mirando, otros que me perdía. Impaciente iba cada día, trataba de arreglarme, de ponerme mona. Pero oye, que no sé qué tenía en los ojos que me hipnotizaba. Descarté que fuese guiri, no era esporádico, le veía demasiado y cada día me ponía más roja cuando se fijaba en mí. Qué meses más bonitos y jodidos. Eso de no verle, me preocupaba. ¿Qué me estaba pasando? ¡Jamás has hablado con él! ¡DESPIERTA! 

    ¡¡Y LO HICE!!

    Una mañana ya no aguantaba más. Le veía y sentía algo ahí dentro, esas mariposas que quieres destruir por sentirte tan tonta. Se abrieron las puertas, ahí estaba ya mirando, le respondí a la mirada, le solté “Hola” y le sonreí. Se puso rojo, dijo “Hola” entrecortadamente sonrío, y se marchó.

    A partir de ese día, cuando nos encontrábamos nos soltábamos un “Hola” acompañada de una sonrisa. Cada vez que lo veía me derretía. No sabía cómo se llamaba, pero decidí no rendirme… 

    Se terminaba el curso escolar, no le vería más, os lo juro que me daba un vuelco, quería hablarle decirle: “¡Hola, soy… !” Pero no tenía huevos.

    Iba a empezar prácticas, y el primer día iría más tarde. La noche anterior hice un papelito con mi nombre y mi FB, y me propuse ir a primera hora, más o menos a la hora que le veía y esperar hasta que saliese del metro y dárselo.

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    Llegó el día, dioses qué nervios tenía. Llegué más de media hora antes, perdí la cuenta de toda la gente que había visto bajar, de todos los metros que se habían ido. Él no estaba, y me enervaba. Iba a irme, lo juro, y pasó otro metro. Y le vi, sonriendo como un niño. Sonreí como una gilipollas. Me acerqué a las puertas, no me lo podía creer. Nos acercamos el uno al otro “Perdona, ¿tienes un minuto?” y respondió “Iba a decirte lo mismo”. Sonreímos. Cada uno sacó un papel. Nos miramos. Nos los intercambiamos. (Qué puto miedo tenía). Lo abrí, sonreí. Había escrito su nombre y su número de teléfono.  Nos fuimos y le agregué al teléfono y le hablé al instante. Me llegó una solicitud a FB. Era él. 

    A partir de entonces empezó una amistad, ahora no sé en qué término/punto estamos…

    PD: Sigo teniendo su nota guardada en la cartera.

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    La chica del metro. 

    Imagen destacada: Matt Weber.

    Sobre el Autor

    Imagen de perfil de Loversizers

    Este post está escrito por un colaborador puntual de WeLoversize. Si tienes algo interesante que contarle al mundo, puedes enviarnos tu textos y propuestas a [email protected]

    

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