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    De lo que idealizamos por Internet

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    Nunca he sido de ligar en situaciones socialmente ‘normales’, es decir, en la calle, en un bar o en una cafetería. Por la calle lo máximo que consigo que me pase es que me digan cerdadas o me tiren del pelo porque no quiero dar mi número de teléfono (verídico, desde aquí te lo digo colega de Senegal, me sigue doliendo el tirón de pelo y el ego por dejarme en la L5 llorando desconsolada sin que nadie se preocupase por mí, ya te vale). Se me dan mejor las palabras, así los enamoro, conversando. No tengo que preocuparme de si se me ven demasiado gordos los muslos o de si mis tetas están bien colocadas dentro de las copas del sujetador. Solo somos mi móvil y yo. Puedo estar en pijama, puedo estar desmaquillada y puedo estar con 50 personas en la misma habitación, que si quiero hacerle creer que estoy en la cama vestida con un picardías y tomándome una copa de tinto mientras suena Biffy Clyro, lo creerá. En eso consiste lo de ligar por Internet, vendernos como mejor sabemos para que la otra persona no desconecte de nosotros.

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    Después de muchas citas sabes que posponer el momento de veros es lo peor que puedes hacer, porque en una semana de hablar muchas horas puedes pasar de un ‘Hey gilipollas’ a un ‘Hey amor’, y ahí es cuando la cosa empieza a joderse y llegan las inseguridades y esa mágica frase que todos nos hemos hecho: no le voy a gustar, ya me tiene idealizada.

    Tendemos a idealizar todo, sus gestos, sus movimientos, su tacto, su olor y hasta su mirada. Por muchas fotos que hayas visto, o incluso vídeos, no sirve de mucho hasta que no os tenéis el uno frente al otro. Y a él le pasa lo mismo, cree que vomitas arcoiris, que tus mocos son rosas y que cagas palomitas de colores. Mira tus fotos de perfil, tu Instagram, tus frases ingeniosas de Twitter y se enamora de esa tú cada vez más, pero eso es como inflar un globo, inflado es precioso pero a la que se pica y pierde aire queda chuchurrío. Me gusta todo de ti pero, sobretodo, me gusta tu seguridad. Y tú mueres, porque sigues sin saber por qué proyectas ese tipo de seguridad a todo el mundo y luego en tu casa te miras al espejo y no sabes qué pensar. Damos lo mejor de nosotros en las redes, ya sea cagándonos de manera inteligente en Seur o comentando lo cachondo que es Diego de QQCCMH (Diegui te quieri). Subimos nuestras mejores fotos en Instagram, metemos filtros, posamos de esa manera que sabemos nos hace parecer más estilizados y evitamos un contrapicado. Nos ponemos esa foto en la que parecemos una modelo de Vogue en Whatsapp para que cada vez que nos habla piense que es la persona más afortunada del mundo.

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    Esto estaría bien si quedas con la persona a los 3 días, el tiempo justo para tenerle pillado/desubicado y con ganas de conocer a alguien muy interesante. Pero cuando llevas casi dos semanas jugando, el tema se vuelve algo peligroso.

    -Si quedáis y no os gustáis será una pena haber estado tantas horas contándole intimidades a alguien del que, probablemente, no vuelvas a saber después de esa cita (ya sea porque tú no le vuelves a llamar, porque él no lo hace o porque los dos dejáis enfriar el tema).

    -Si quedáis y uno de los dos no siente lo mismo sufrirás por lo mismo de antes, has mostrado una parte importante de ti y te sientes vulnerable ante esa persona, no quieres dejar de saber de él pero no te gusta o no le gustas, cagada pastoret.

    -Si quedáis y os gustáis será genial, pero como hemos tendido a idealizar, ese beso prometido, ese polvo o ese besayuno no será tan top como tú habías imaginado durante esas dos malditas semanas.

    -Si os habéis calentado mucho vía Internet quedaréis, follaréis y veréis que os poníais más diciendo lo que ibais a hacer encima de la mesa que haciéndolo.

    -Pero si quedáis y la cosa es mucho mejor de lo que habías imaginado (porque los dos os habéis guardado un as en la manga y tenéis más y mejor que ofrecer) felicidades, la jugada te habrá salido bien.

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    Desilusión, incompresión, decepción… no entender una puta mierda en general es lo que pasa una vez termina el periodo de idealización. Has exaltado sus virtudes hasta límites insospechados y ahora tiendes a exagerarlo todo. No intentes mantener el ideal Disney, no existe, no está ahí, y no querrás pasarte la vida pegada a la pantalla de tu pc o tu móvil. Piensa que todos somos imperfectos y que necesitamos mucha fuerza emocional para querernos y querer con perspectiva. Queda antes de los 3 malditos días, y si  no puedes, intenta poner tus pies en la tierra.

    Sobre el Autor

    Imagen de perfil de Rebeca Gómez

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