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    Dos follodramas y un destino

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    Os escribo para contaros uno de mis follodramas… bueno, dos, porque aquí la menda, que le gusta más el folleteo que a un tonto un lápiz, no escasea en experiencias, por lo que igual que he tenido amantes BRU-TA-LES, los he tenido también muy pésimos.

    Total, que he dedicado toda una tarde a hacer en mi mente un “Follodrama Compilation” y me quedo con dos historias a destacar (no puedo seleccionar solo una, porque las dos son dignas de aparecer en el Top1).

    La primera me ocurrió con 20 años. Hay que decir que yo acababa de salir de una relación con un chico que había sido un desastre pero, que por suerte o no, sexualmente había dejado el listón MUY alto.

    A los pocos meses de esta ruptura empecé a quedar con un compañero de universidad de mi mejor amigo (aún me pregunto por qué me lo presentó… me cago en ti, Ángel!), y a los pocos meses de ir quedando y conocernos, nos liamos. Fue en el coche.

    Empezamos a besarnos y la cosa se fue calentando… A mí ya desde un principio me pareció raro que no me besara en el cuello, o se cortara a la hora de meterme mano, cuando estaba claro que iba a haber mandanguita (descampado + coche + noche de verano… blanco y en botella), pero pensé que estaría nervioso y no le di más importancia.

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    Lo conduje a la parte de detrás del coche, y empezamos a tocarnos… Bueno no, empecé a tocarle yo, pues él estaba un poco en shock (he de hacer un inciso y aclarar que él tenía 3 años más que yo… y no era virgen, o eso me hizo creer antes de este suceso) y al minuto de tocarlo (acariciarlo suavemente) se corrió, aunque me costó adivinarlo, pues su cara era impasible: ni un gemido, ni una respiración más agitada, ni un suspiro… NADA.

    A todo esto, yo seguí besándolo esperando “mi turno”, y llegó… bueno, mi turno consistió en que me pasara el dedo por ahí abajo como quien pasa el dedo en un periódico para cambiar de página,… y ya. Eso fue todo.

    Tiempo después, por curiosidad, le pregunté por qué no me siguió tocando aquella noche, y me dijo que fue porque creía que me había gustado. Aún a día de hoy me pregunto qué fue lo que me tenía que haber gustado, si no pasó nada.

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    La segunda historia me pasó años después, con 23. Liberé a la folladora que había estado encerrada durante ese tiempo dentro de mí, tiré de Badoo, y empecé a chingarme a todo lo que se me pusiera por delante (con un mínimo de criterio, claro, pero tampoco mucho), y conocí a un chico que uff…. estaba bueno no, lo siguiente. Era, vamos, un modelo de TV. Ojos azules y penetrantes, de esos que te empotran solo con la mirada, su voz era de fucker total, con la melenita rubia a lo surfer…

    Hablamos mucho por whatsapp y la cosa se iba poniendo calentita… A los dos nos iba el mambo.

    Días antes de quedar, mi mejor amigo me hizo una apuesta: “el tío está tan bueno y se está vendiendo tan bien, que seguro que la tiene pequeña”… hijo de bitch… me negué a que me cortara el rollo y nos apostamos unas birras a que no tenía razón (aclaro que el tamaño no importa, siempre y cuando te interese algo más de esa persona a parte de su titola. En este caso, yo solo quería un polvete, porque he de decir que el tío era muy aburrido, soso, y egocéntrico, y en consecuencia el tamaño en esta ocasión SI que importaba (al menos a mí sí)).

    Llegó el día D, quedamos en su casa, y el plan era salir a cenar (para abrir boca), e ir a su casa a echar unas copas y otras cosas ;), y así fue.

    La cena iba muy bien, yo estaba muy arriba, y él también, y al acabar fuimos hacia su casa.

    Me ofreció una cerveza, y aunque no suelo beber casi nunca, dije que sí, pues pensé que apaciguaría los nervios que llevaba encima. Y así me bebí unas tres cervezas. Cuando tocó irse a la cama, el tío va y me pone, no sé si para calentar motores o qué, el primer capítulo de Sons of Anarchy (perdón a los seguidores de la serie, pero no sé si fue por el pedal que llevaba o qué, pero no me enteré de una mierda) y cuando acabó, el rubiales se abalanzó sobre mí a saco, ni preliminares ni nada (¿pero no decía que era un fucker que te cagas? ¿y me la vas a meter a palo seco?), nos quitamos la ropa en un plis y se pone a follarme en plan conejil (eso sí, conocí todas las posturas habidas y por haber del Kamasutra… tanto que casi me desmonto en fascículos). Así, con el mete-saca que caracteriza a los “metralletas”, me tuvo dos horacas, pero el clítoris ni me lo miró. En verdad lo único que miraba eran sus bíceps, mientras los ejercitaba con un misionero digno de peli porno (sarcasmo).

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    Después de aquella noche de la que tengo alguna laguna (no sé si porqué mi cerebro no quiere que sufra recordando aquello, o porque las cervezas hicieron más estragos en mi de los que yo creí) no volví a verlo nunca máis.

    SuckQueen

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    Este post está escrito por un colaborador puntual de WeLoversize. Si tienes algo interesante que contarle al mundo, puedes enviarnos tu textos y propuestas a [email protected]

    

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