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  • Sex & Love

    El amor está en los pasos de cebra

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    Hace 1 mes me disponía a ir a trabajar un domingo a las 8 de la mañana, porque sí amigas, soy de esas pringadas que le toca currar algunos domingos. Y me desperté como siempre a las 6, sólo que ese día retrasé el despertador 40 veces porque me había quedado hasta tarde viendo mierdas en Netflix, y me senté al borde de la cama con la mirada perdida, debatiéndome entre quedarme en esa postura toda la mañana o tirarme al río atada a un saco de cemento.

    Tal que así…

    Cuando decidí que la vida era bella y había que vivirla e ir a trabajar, me di cuenta que no me daba tiempo a plancharme el pelo.

    Hago un inciso para explicar que yo sufro de dramas capilares, porque cuando me levanto soy Mufasa, pero no rollo rizo bonito. No,  soy Tina Turner en “simply the best” pero consumida por las drogas.

    Tampoco me daba tiempo a maquillarme ni a gastar tiempo en conjuntar ropa, y me puse lo primero que tenía por delante (un vestido que cuando salí de casa descubrí que tenía una mancha de café). Así que sí, la vida era bella, la fea era yo.

    llanto

    En el camino al trabajo tengo que pasar por una calle muy larga donde sólo hay edificios de empresas que no están abiertas los domingos (salvo la mía por supuesto) y no ves atisbo de civilización, excepto rezagados que acaban de salir de algún after y hacen el camino de peregrinación a su casa. Total, que yo iba con mis cascos fumándome un mentolado y escuchando a Rocío Dúrcal y Gloria Trevi (yo en la música soy así, ¿vale? No hay nadie al timón) y mirando el whatsapp, cuando pasó lo inesperado. Me comí el semáforo por (gilipollas) no mirar.

    Y entonces me enfadé, me enfadé por trabajar un domingo a la mañana cuando la noche anterior mis amigas estaban de fiesta. Me enfadé por dormir una mierda, por ser trans, por ser gorda, por tener un Amazonas en la cabeza y por no ganar para depilación láser (dramas de primer mundo). ¿Karma, qué coño quieres enseñarme? Así que empecé a gritar e insultar al semáforo, demostrando que era una persona muy madura. Y de pronto él, un chico al otro lado del paso de cebra, con ojos de haber bebido hasta el agua de los floreros pero guapo como él sólo. Y yo despeinada, desarreglada y destruida, habiéndole gritado a un semáforo hacía unos segundos, pero cruzando el paso de cebra muy digna como si fuera Nati Abascal.

    pasarela

    El chico en cuestión empezó a hacer aspavientos con el dedo como imitando que fumaba un pitillo, y supuse que me estaba pidiendo uno, así que se lo di sin quitarme los cascos y seguí mi camino. Pero vi que me seguía llamando y caminaba detrás de mí. Paré a Gloria Trevi y le dije.

    – ¿Sí?

    – Muchas gracias por el cigarro.

    – Ah, vale, no es nada.

    – Perdona que te moleste pero es que no he podido evitar fijarme en ti

    – Claro, difícil no fijarte en alguien que le grita a un semáforo

    – Sí, jaja. Pero eres muy guapa.

    – ¿Pero qué dices? ¿Tú cuánto has bebido?

    – Bastante. Pero no lo suficiente como para no reconocer a una chica guapa. ¿Te puedo invitar a tomar algo? 

    No podía ser. Yo era un adefesio humano en ese momento. Pensé que en cualquier momento entraría Juan y Medio (para levantarme el vestido) y me traería un ramo con flores gritando “Inocente!!”. Pero no, el chico iba en serio. Así que fui directa al grano.

    – No soy lo que buscas.

    – ¿Por qué dices eso?

    – Porque soy una chica diferente. Soy trans. Tengo polla.

    – Ahh

    Y se hizo el silencio. Bueno, pues ya está. No se lo esperaba. A seguir con la vida. Caminando… Y de pronto siguió hablando.

    – ¿Pero te gusta la pizza?

    ¿Podía haber mejor reacción? Creo que no. Y además invitándome a pizza. ¿Dónde hay que firmar?

    firmar

    Así que quedé con él. Fue una cita normal, de dos personas que se atraen y se conocen de forma natural, sin preconcebir o planear cada paso por anticipado. No llegamos a nada, pero no por ello fue menos especial.

    En los últimos tiempos estamos tan desconectados del amor convencional que ya no sabemos dónde se esconde. Las nuevas tecnologías y corrientes nos llevan a ser impacientes y quererlo todo de inmediato. ¿Que quieres ver una peli? La tienes online. ¿Tienes hambre? Llamas al chino y te lo trae en un santiamén. ¿Buscas conocer gente? Todas las aplicaciones que quieras y más. Muchos han cedido a las prisas y la inmediatez. ¿Pero qué pasa cuando cocinas tú misma un plato (aquí lo mismo vale un huevo frito carbonizado) espectacular? ¿Qué pasa cuando el amor llega sin deslizar un dedo en una aplicación, de improvisto, casi por accidente? Pasa que es fantástico.

    Y el día que menos te lo esperas, cuando vayas con el vestido manchado, cara de mapache maltratado y pelos de Chewbacca, habrá alguien en un paso de cebra, observándote y queriendo invitarte a una pizza.

     

    @LuciaLodermann

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