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    Follodrama: la barba de 3 días que casi me mata

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    Hace unos meses mi cuenta de Tinder funcionaba a pleno rendimiento. Conocí a un chico de un pueblo cercano a mi ciudad, que estaba muy bien y que cumplía mis expectativas. Así que allá que me fui con mi coche, y mis ganas de pasarlo bien.

    Quedamos debajo de su casa para tomarnos una cervecita como preludio para algo más que ambos deseábamos. Había feeling y se notaba, ambos teníamos ganas de subir a su casa.  Era un chico rubio, alto y más joven que yo. Me atraía todo de él, su manera de ser, sus gustos musicales, su cara, su simpatía, y sobre todo ese olor que desprendía.

    Al subir a su casa fuimos al salón. Seguimos hablando de aquellas cosas que nos habían conectado y abrió Spotify para que pudiésemos oír a nuestro grupo de música preferido. Estaba un poco nerviosa, no esperaba encontrarme a un chico con el que conectase tanto y con el que quería que todo saliera bien, porque me empezaba a gustar de verdad para algo más que una noche. Empezamos a besarnos, a rozarnos por encima de la ropa y aquello subía de temperatura por segundos. Tras un ratito en el sofá, pasamos a su dormitorio.  Su barba de dos días me raspaba un poco cuando nos besábamos pero sus manos hacían que me olvidase de todo lo demás. Sus manos, su boca, su lengua, todo él en definitiva. Terminamos en la ducha, donde volvimos a repetir. Y  salí  de allí como 4 horas más tarde encantada de la vida.

    Volví a mi casa bastante tarde, pero feliz por todo lo que me había pasado tras dos experiencias en Tinder desastrosas que no pasaron de una cervecita. Incluso quería volver a quedar con él para seguir conociéndonos mejor. Hasta el día siguiente, ¿Os acordáis de que su barba me picaba? Pues en este caso, el roce no hizo el cariño, sino una costra impresionante. Os dejo fotos del momento.

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    Evidentemente la gente empezó a preguntarme qué era eso. Me inventé que me había caído en la bicicleta, porque sinceramente, no sabía como explicar que el roce de una barba me había producido tal erosión. Los que montaban en bicicleta se extrañaban de que no tuviese más daños y que no hubiese puesto las manos para no caerme así (jijij) y los que no usaban la bici juraron que tendrían mas cuidado.

    Yo me ‘salvé’ gracias al aceite de rosa mosqueta que me aplicaba según se iba cayendo la ‘costra’ mientras rezaba para que no se quedase marca.

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    Volví a quedar con él pero le apartaba la cara por miedo a que me volviese a pasar lo mismo, con lo que la situación fue rarísima. Él intentando acercarse, yo huyéndole a la vez que quería estar con el.

    Y al final (entre otras cosas) no quise saber nada más del chico, a Napoleón París bien le valió una misa, pero a mi unos polvos no me valían una barbilla.

    V_potter

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    Este post está escrito por un colaborador puntual de WeLoversize. Si tienes algo interesante que contarle al mundo, puedes enviarnos tu textos y propuestas a [email protected]

    

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