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Sex & Love

Follodrama: La cagada de mi romántica acampada

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Han tenido que pasar años para que me pueda reír de la historia que os voy a contar. Cuando ocurrió yo acababa de cumplir 20 años y llevaba unos meses con mi novio de entonces, un chico ecologista, deportista, friki… Vamos que lo tenía todo. Él me enseñó el respeto por la naturaleza y hasta tomé la decisión de hacerme vegana gracias a todo lo que aprendí. Pero había un pero… Nunca íbamos a hoteles sino que a la mínima me proponía una acampada en el monte. Muy romántico todo hasta que mi torpeza y mi mal cálculo de las distancias difuminó esas idílicas experiencias.

Todo ocurrió la tercera vez que fuímos a acampar. Hasta entonces habíamos ido con amigos pero esta vez fuimos los dos solos, picnic, condones y mucho vino ¡pintaba en oros y yo tenía el As! La noche fue increíble, si nunca habéis follado en una tienda de campaña tendríais que probarlo porque, al menos para mí, es una de las experiencias más morbosas que he tenido. Pues nada, que fue impresionante y después de que el churrito lo diese todo y yo viese el cielo tres veces entró en un sueño comatoso y ahí empezó mi paranoia. Empecé a oír ruidos por todos lados, animalillos, ramas crujir… Vamos que me creía que estaba en el bosque de Blancanieves y la madre naturaleza iba a atacarme en cuanto cerrase los ojos.

Del miedo y los nervios se me soltó la tripa, intenté despertar a mi novio pero al final decidí salir fuera a soltar el lastre. Me alejé lo que yo pensaba que eran kilómetros, me puse en cuclillas y me dejé llevar. Ahí agradecí el profundo coma de mi chico porque me tiré unos pedos que en la otra ladera de la montaña tuvo que producirse algún desprendimiento. Total que me limpié con mi paquetillo de klínex (los gasté todos) y volví a la tienda sin tomar más precauciones.

rino-poop

Por la mañana nos despertamos y no le conté nada pero como os estaréis imaginando se iba a enterar. Salió de la tienda, ya había empezado a dar el sol y os juro que olía fatal. Mi novio había andado tres pasos cuando gritó ¡Joder! Sus zapatillas (blancas) habían pisado mi mierda calentita y un poco líquida y le había calado uno de los calcetines. Os podéis imaginar su cara, y encima no podía declararme inocente porque había dejado todos los pañuelos llenos de caca alrededor.

Hicimos el viaje de vuelta en silencio y a día de hoy no sé si lo que peor le sentó fue que hubiese cagado a dos metros escasos de nuestras cabezas, que no lo hubiese tapado con una piedra como me dijo más tarde o que hubiese dejado todos los pañuelos manchados tirados por el suelo. Al poco tiempo lo dejamos, yo era demasiado cerda para un ecologista de 10.



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