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    Follodrama: un vibrador muy cachondo

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    ¿Sabes ese momento en que te quieres morir de la vergüenza, en que piensas Quiero teletransportarme? Pues justo eso me pasó hace unos días.

    Me desperté sin alarma porque era fiesta –¡yujú!–, me levanté y pasé la mañana trasteando en la cocina y haciendo cosas por casa. Cuando fui a hacer la cama empecé a escuchar un ruido extraño en la habitación y no sabía de dónde venía. Se oía lejano, así que di por sentado que era cosa del vecino de al lado y fui hasta su casa para decírselo.

    Llamé a su puerta y le conté lo que pasaba. El vecino, muy amable, me invitó a pasar y fuimos hasta su habitación. Allí también se oía el ruido pero menos que en mi casa, así que por lógica sería cosa mía.89089837-omg-reaction-

    Llamé al casero para informarle, ya que estoy en una casa alquilada, y me dice que pasará al final de la tarde a ver qué ocurre, que no puede venir antes. Yo entré varias veces más en la habitación pero no fui capaz de descifrar qué pasaba.

    No había nada enchufado que pudiera hacer ese ruido ni nigún electrodoméstico en esa habitación. Como ya iba a venir el casero me desentendí y me senté a ver una peli en el salón.

    El casero llegó pasadas las 18:30 horas. Le invito a pasar y le cuento que llevo desde esta mañana escuchando un ruido en la habitación, que he hablado con el vecino y no parece de su casa… GIF-do-not-want-face-Jenna-Marbles-no-OMG-shocked-GIF

    El hombre se pone a dar vueltas por la habitación con un oído capaz de rastrear el volumen del sonido. Asombrada me tiene. En un momento dado, se acerca a la mesilla de noche y –oh, drama– el ruido viene de allí.

    –Sí, seguro, viene de aquí –dice el casero. Y sin darme tiempo a reaccionar, abrió el cajón y allí estaba mi vibrador encendido, venga el movimiento sexy delante de ese señor que pasaba de los 70 y de mí, muerta de vergüenza.RDJ_Woah

    Porque sí, es natural, no hay por qué avergonzarse de disfrutar del placer de la masturbación pero en ese momento no sabía dónde meterme. No recuerdo cómo zanjamos la conversación pero sí que el hombre no podía aguantar la risa floja y que mi cara estaba roja cual tomate.

    Sin ser consciente de ello apagué el vibrador y volvió la calma. ¡Suerte que el hombre no vive en mi complejo y así no tengo que verle cada día!

    Autor: Anónimo.

    Foto destacada: Jonathan Storey.

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    Este post está escrito por un colaborador puntual de WeLoversize. Si tienes algo interesante que contarle al mundo, puedes enviarnos tu textos y propuestas a info@weloversize.com.

    

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