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    Pero en Tinder… ¿se habla?

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    Tan sólo el 25% de chats de Tinder pueden calificarse realmente como conversaciones. Los demás se dirimen entre interrogatorios, cabezazos insensatos a un muro y, directamente, la nada absoluta.

    Esta es la conclusión de mis primeros tres meses en la aplicación. No es que no me lleve a nadie a la cama. No es que no consiga matches. ¡Es que los matches que consigo se desvanecen antes de que me dé tiempo a decir nada fuera de lugar! No es que no haya habido química. ¡ES QUE NO HA HABIDO CONVERSACIÓN! NA-DA.

    Así que lo siento por aquellas que hayáis abierto el artículo esperando encontrar la solución a vuestras inquietudes. Nada más lejos de la realidad. ¡Soy yo quien os suplica ayuda!

    DÍA 1: INTERROGATORIO. Un match de alguien que, por la razón que sea, consideró que no necesitaba ofrecer ningún dato personal más allá de su fotogenia. ¿Para qué, si la belleza está en el interior? Bueno, pues vamos a preguntar. No sé, para encontrar algún tema de qué hablar. Sí, hablar, esa actividad inusual que a algunos les gusta hacer antes del sexo. O incluso después. Así que abro el chat. Empezamos, ¡yuhu! Mis intervenciones deben de rondar las 20 palabras de media (¿Demasiado? Puede. Tranquilas que con este artículo intentaré ser breve). Las respuestas obtenidas se quedan en una media de 4. “En una oficina”. “No lo sé”. “Bastante”.

    El tipo rojo bajito que vive en mi cabeza (Inside out, I love it!) toma el teclado: “Creo que tu perro se apoderó de tu móvil y le dio al corazón verde sin querer.” ¿Quieres charlar o no? ¿Qué pasa, mis preguntas no son lo suficientemente interesantes para ti? ¿Tú no tienes nada que preguntar? ¿Nada que decir?

    Tristeza toma el mando. Soy yo, que hablo demasiado. Hablaré menos.

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    DÍA 8: EL MURO. Nuevo match. “Hola, ¿qué tal?” Respuesta: “Hola, qué tal?”. Brillante, prometedor, ¿vais pillando la metáfora del muro? “Pues bien, aunque hoy es sábado y me toca trabajar, pero ya casi he acabado y bla bla”. Silencio. Te he dejado a huevo que me preguntes a qué me dedico, pero nada, no te preocupes, seguiré preguntando yo. Silencio. ¿Habré preguntado algo inoportuno? Cambio de tema. Nada. Pregunto directamente si pasa algo… “Es que no creo mucho en esto”. Esto=Tinder, supongo. Ajá. ¿Pues por qué demonios le das al corazón verde? ¿Qué intentas decirme con esto? ¿Que me calle? ¿Qué se suponía que tendría que haber dicho para “hacerte creer”? El tipo rojo bajito ya saca fuego de la cogotera.

    Jornadas de reflexión. Una amiga me dice: “En Tinder la gente va a lo que va. Cuatro piropos de coqueteo y al tema”. OK, pues reduzco mi nivel de cortejo y voy a por ello. En el próximo match después de cuatro frases le propongo de quedar. Quedar de tarde para tomar algo, tampoco nos pasemos.

    Tampoco. Un simulacro de conversación de nivel 3 se reduce a nivel 0. Y yo, otra vez, como pulpo en un garaje.

    Vale, me faltan piropos. La gente quiere sentirse halagada. “Tienes un ojos muy bonitos” fue el último ridículo de un chat que aún conservo por ahí.

    DÍA 13: LA NADA 1. “Hola, ¿qué tal?”.

    DÍA 16: LA NADA 2: EL RETORNO. “Parece que Tinder no te notifica los matches ni los mensajes. Bueno, espero que abras pronto la app ;)”

    DÍA 18: LA NADA 3: LA VENGANZA. Sigue sin haber respuesta. Pero: “active hace 28 minutos”. Es viernes noche y no sólo sigo en el sofá, sino que mi autoestima y mi concepción del sentido común se han fugado juntos.

    200

    No te pido la opinión sobre la crisis de los refugiados sirianos, ni si estás a favor de un referéndum en Catalunya, ni si te gustó el final de True detective. Hago preguntas sencillas para saber algo más de ti. Para encontrar gustos en común. Para hablar un poco de algo. ¡Que hablar es afrodisíaco, caramba! Y si no quieres hablar, me lo dices. Y me cuentas lo que quieres. Te diré más: es probable que me parezca bien.

    Para que no se diga que veo el vaso medio vacío, este artículo va dedicado a ese 25% de chicas (no me toméis por un Adonis, el 25% son 3…) que sí ha sido capaz de establecer conversación. Especialmente a esa que me escribió: “Alguien que no ha olvidado una sola tilde en lo que va de conversación debe andar algo asustado por aquí”. ¡Qué comprendido me sentí aquel día!

    Amigas de WeLoverSize: ¿qué debo hacer? ¿Cambiar de planteamiento? ¿Cambiar de app? ¿Insistir con esperanza y perseverancia? ¿Asumir que ser cordial ya no se lleva? ¿Aceptar que el 75% de mis matches no van a valer para nada?

    Espero ansioso vuestras sugerencias y comentarios. Siempre vuestro.

    Un hombre hetero perdido en Tinder.

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    Este post está escrito por un colaborador puntual de WeLoversize. Si tienes algo interesante que contarle al mundo, puedes enviarnos tu textos y propuestas a [email protected]

    

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