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  • Sex & Love

    Polos opuestos, se atraen pero ¿funcionan?

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    El amor de mi vida será aquel que me quiera por igual, tanto en mis horas bajas de protagonista desdichada de novelas, como en las más altas de quinceañera cachonda controlada por sus hormonas, pasando por las de bruja mala de cuento en momentos de discusiones y angelito del WhatsApp en las de reconciliaciones.

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    Y es que hay mucha gente por el mundo, seamos realistas, a  veces hasta demasiada. De esto que te metes en el metro y pides a tu yo futura que si existe alguna forma de teletransportarse aparezca para sacarte de esa lata de sardinas denominado “vagón”. Por lo que queda más que claro que lo normal es que cada una de estas personas tengan algo en común, al igual que también lo es que no tengan una mierda en común. Es aquí cuando nos adentramos en terreno pantanoso, ¿a quién nos interesa acercarnos más, a una persona con la que compartamos aficiones, gustos y formas de pensar? ¿o por el contrario al ying de nuestro yang, con quien tenemos en común poco más que el blanco en los ojos? Creo que cada cual elegirá a la persona que más le transmita independientemente de si tienen o no cosas en común. Sin embargo y con el corazón en la mano solo le puedo decir una cosa a esas personas que están empezando algo con alguien con quien no se identifican más que en la raza que comparten, a la larga a este tema le veo aguas.

    ¿Esquiusmi?

    ¿Esquiusmi?

    Lo primero es lo primero, todo sabemos lo que causa la novedad en nosotros, nos atrae la aventura, lo desconocido y nuevo. Pensamos que todo aquello que no está en nuestras vidas tiene un toque más exótico que nos atrae a probarlo. Y sí, claramente la monotonía nunca es de buen grado y adentrarnos en el nuevo mundo que nos presenta encima una persona que nos pone perracas, es lo más, al menos al principio…

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    Nos ilusionamos con TODO, que si le gusta el cricket, pues a mí más, y además me vuelvo una experta en menos de 10 minutos gracias a Wikipedia. Que si detesta “la multitud materialista” que sale a las discotecas emperifollada cada sábado y prefiere ir a tomar algo de tranquis por algún bar, pues reciclas los 57 pares de tacones y los conviertes en martillos muy fashions. Que prefiere peli en casa que cine, me doy de baja en el abono de cinesa, y a la mierda mis dos mil puntos, con su presencia me da y me sobra. Que es de salado y yo de dulce, me hago el bizcocho con sal de Himalaya, no problemo. Que prefiere moverse en transporte público por eso de que es verde, yo mando a freír (con aceite reciclado) espárragos a mi fiat 500 nuevo y monísimo, todo por amor.

    Sin embargo y cuando llegamos a la segunda base de la relación, la funcionalidad en pareja junto a un polo opuesto, digamos que se vuelve, complicado. Está claro que el domingo se jode en el mismo instante en que tú te quieres ir de relax a un chiringuito de playa a tomarte unas cañas y tu novio al monte hacer senderismo con zumitos detox incluidos. En este punto tenemos dos opciones, o nos acoplamos a nuestra pareja o ella a nosotros, lo que en un principio funciona, hasta que te duelen tanto los gemelos que estas a punto de amputártelos de todos los dominguitos que has tirado al monte cual cabra, mientras él no se ha dignado a prestarse a tomar esa cañita ni uno solocler-y-fli

    ¿En qué momento el acoplamiento funciona solo de un lado y no de los dos?

    Es entonces cuando llegamos al último punto, hecatombe. Digamos que tras varios meses de noviazgo y algunos cambios de gustos para contentar al otro (por parte de los dos, pongamoslo bonito), sientes que la persona que eres no tiene nada que ver con la que fuiste (y eso que te gustaba), esa que no solo salía de farra a romperse en las discotecas acicalada cual diva del pop, sino también a la que le encantaba su melena despeinada con el aire al quitar la capota de su fiat y amaba hartarse a dulces en días de ovulación. Y te preguntas ¿dónde coño está metida esa tía tan chachi que era? y entonces te llegarán las respuestas en ráfaga, desde los días de acampada con mil bichos metidos en el saco cagándote en todo y más que aceptabas cuando te ponía ojitos, hasta aquellos que tuviste que ver un estreno en una mierda de web con más pixeles que una foto de tuenti por “comodidad” como decía él.

    Y vale, desde mi propia experiencia y avalando a que no todo lo distinto es malo, está claro que existen otro tipo de parejas, esas que han conocido cosas nuevas gracias a su churri/churra, aficiones como el viajar, gustos por la comida exótica o pensamientos filosóficos trascendentes que concuerdan perfectamente con una misma, pero que no sabemos porqué nunca nos hubiéramos parado a conocer si no hubiera sido por ellos. Esas cosas que consiguen sacar a la parejita esa sonrisa de satisfacción y un choca esos cinco cuando pueden decir que las disfrutan juntos mucho más que lo que hacían por separado. Sí, hay parejas equipo que ganan todas las ligas.pareja (1)

    La realidad es esta, ya sea desde las noches de películas y guarradas (culinarias y no tanto), hasta las caminatas mañaneras, todos necesitamos esa conexión que transcienda mas allá del mero enamoramiento. Porque cuando este pasa y lo que queda es el amor, con todas sus esperanzas, dudas y variables, estas pequeñas conexiones son las que ayudarán a tirar pa´lante con más ganas o decidir mandarlo todo a ya sabéis que…

    Sobre el Autor

    Imagen de perfil de Liza Peter

    Estudiante de periodismo y esperanzada futura escritora. Domadora de gatos a tiempo parcial, escribo para comprobar que no soy la única que pensaba que la vida sería otra cosa. Escorpiona de pies a cabeza, me encanta viajar, adoro leer y disfruto viviendo.

    

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