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    Tinder sorpresa: el loco de los collage

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    Sí, yo también intenté encontrar el amor en Tinder. 
    Tras una relación muuuuy larga (6 años) y con apenas 23 primaveras me vi “sola” y totalmente perdida en eso de conocer gente nueva. De primeras me ponía super nerviosa y luego no conseguía aguantar más de dos minutos la mirada a todo chico que se cruzase en mi camino. Así que, un buen día, decidí crearme un perfil en Tinder pensando que eso de que hubiera una pantalla de por medio me facilitaría las cosas.
    Y así fue. Conocí a varias personas bastante interesantes, otros muchos que a la primera de cambio mandaban fotos de su pene (la de penes que vi a lo tonto, la verdad) y entre todos ellos, un chico que parecía encajar conmigo a la perfección. Físicamente me encantaba, muy de mi rollo, alto, moreno, ojazos verdes, muy top todo. Pero es que la personalidad era (o mejor dicho, parecía) tan genial que dejaba a la altura del betún cualquier atributo físico.
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    De esa manera comenzamos a hablar, y no pasó demasiado tiempo hasta que nos dimos el número para seguir por whatsapp, por aquello de “es que el chat de Tinder me va mal, etc, etc”. El chico no era de Madrid, había venido aquí a probar suerte buscando trabajo, por desgracia el pan de cada día de la mayoría de los jóvenes de hoy en dia, y se había creado Tinder para conocer gente nueva en general.
    En seguida congeniamos y nos vimos compartiendo horas y horas pegados al teléfono. Todo era maravilloso. Le encantaba la música, de hecho, tocaba varios instrumentos y cantaba más o menos bien.
    Cada cosa que descubría sobre él, me iba gustando más y más. Por eso, y porque el cuerpo ya me pedís alegría, tras casi dos meses chateando, me armé de valor y decidí dar un paso adelante; le propuse vernos al fin en persona.Como el chico no conocía mucho Madrid y además se acercaban las navidades, planeé una super cita recorriendo el centro y tomando el típico bocadillo de calamares al lado de la Plaza Mayor, con la idea, todo hay que decirlo, de que el postre lo tomáramos más tarde en su casa (ya me entendéis). Lencería debajo de la ropa y arreglada pero no demasiado, me dirigí hacia el bar en el que habíamos quedado para empezar con unas cervezas.Además, aún con algo de miedo, decidí llegar unos minutos después de la hora citada para asegurarme de que la persona con la que había estado chateando durante dos meses era realmente quien decía ser.

    Y así fue. Ahí estaba, sentado esperándome con una sonrisa de oreja a oreja. Me senté delante de él, nos miramos, nos sonreímos y comenzamos a charlar. Todo iba de lujo. Había superado completamente mis expectativas. Me sentía cómoda hablando con él, y todo lo que contaba parecía muy interesante.
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    Sin embargo, poco a poco fui viendo detalles que me dejaban cuanto menos confusa. Cuando confesé mis dudas acerca de qué ponerme para esa noche, mencionó que otro jersey azul que tenía le gustaba bastante. En ese momento, quizás por los nervios, no le di importancia pero, cómo narices sabía qué otros jerseys tengo.

    Habló sobre lugares en los que yo había estado como si yo le hubiese contado cosas sobre ellos, algo que sin duda no había hecho. Pero lo mejor de la noche vino después. Tras unas cuantas cervezas, sacó una bolsa con un regalo dentro y me lo dio. Que detalle, pensé. 
    Error.
    Abrirlo provocó en mí una mezcla de miedo y desconcierto. Era una especie de collage lleno de fotos mías que él había sacado de mis redes sociales (yo no le había agregado a ninguna de ellas) y palabras escritas del estilo de “juntos para siempre” o “amor eterno”.Mis alarmas de ALERTA PIRADO se dispararon al momento.
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    Lo mejor de todo, una foto en la que originalmente salía con un amigo, y que él había decidido cambiar poniendo una foto de su cara por encima de la de mi amigo.

    No sé si fue cobarde por mi parte, pero mi reacción fue decir que tenía que ir al baño y desaparecer por completo de allí.

    Sin duda, aprendí dos cosas: 

    1. No todos son lo que parecen y 
    2. Mantén privadas SIEMPRE tus publicaciones en redes sociales.Eso sí, reconozco que continué con Tinder una temporada y no me fue nada mal en experiencias posteriores. Supongo que me estrené por la puerta  grande en eso de conocer gente por Internet.

    TAM.

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    Imagen de perfil de Loversizers

    Este post está escrito por un colaborador puntual de WeLoversize. Si tienes algo interesante que contarle al mundo, puedes enviarnos tu textos y propuestas a [email protected]

    

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