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    Una cita de Tinder muy precoz

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    Aún me acuerdo cuando me inicié en esto del Tinder, mis amigas (solteras hartas de follar) me convencieron porque me iba a divertir, conocer chicos nuevos y encima desfogar con algún maromo de toma pan y moja. 


    Pues bien, mis inicios no pasaban del: 
    Chico: Hola (introducir tu nombre aquí ), ¿qué tal?
    Yo: hola! muy bien, ¿y tú?

    Si el chico volvía a contestar, que no siempre pasaba, entonces la conversación continuaba así:

    Chico: Pues aquí, ¿qué buscas?
    Yo: ( Caracoles, no te jode). (Entonces decía la frase del millón) Quiero conocer gente nueva.
    Chico: ¿Qué tipo de gente?
    Yo: (Gente de otro planeta en el que no estés tú) Pues chicos, chaval.
    Chico: (si era sincero) Yo es que solo busco divertirme…
    Yo: (en un intento desaforado de parecer moderna). Y yo también.
    Chico: ¿Me das tu WhatsApp?
    Yo: Claro, apunta 6…

    know

    Y así sucesivamente hasta que me hice una agenda que ríete tú de la de Escassi. 

    Llegó un fin de semana que andaba yo acatarrada y sin planes y coincidí por Tinder con un chico muy ingenioso con el que la química fue bestial, nos reíamos mucho, parecía un dios del sexo y a mí me ardía hasta el último pelo de mi cabeza. 

    Total, que ese día tonteamos hasta decir basta y durante toda esa semana estuvimos caldeando el ambiente, concertando una primera cita que prometía ser la hostia. Llegó esa cita y el chaval para empezar era más bajito de lo que me dijo (no es que yo sea una pivot, pero no soy bajita y con tacones bajitos era yo más alta que él). Aún así de cara era muy guapo y la química en persona era innegable. No tardamos en besarnos y eso prometía más que un buitre en una discoteca a las tres de la mañana. Nos besábamos como si no hubiera un mañana, pero yo me negaba a subírmelo a casa el primer día, ¿por qué? Por IMBÉCIL, la de disgustos que me habría ahorrado…

    giphy

    Os podéis imaginar que,  a partir de entonces, los mensajes eran puro fuego y que las ganas de pillarnos eran bestiales. Dos días más tarde vino a casa dispuesto a demostrarme lo que valía un peine. 
    Nos empezamos a liar como si no hubiera un mañana y empezamos con el tema. Para empezar el chico no andaba nada mal dotado (y yo pensé, tomaaaaaa). Nos costó que eso entrara y cuando entra y empiezo a disfrutar, se me derrumba encima diciendo que ya ha terminado… Mi cara de póker tuvo que ser épica. Pero yo, siempre tan comprensiva, dije bueno, tenía muchas ganas, es normal. Ahora utilizará alguna parte de su cuerpo para mí (pensé, ilusa de mí).

    El chico se me quedó dormido y yo mirando al techo y pensando: esto no puede ser verdad. Cuando se despierta, por fin, comenzamos un segundo asalto y mi vagina salta de alegría, alegría que duró exactamente dos minutos hasta que se volvió a ir (suerte que estaba yo más caliente que el palo de un churrero y me pude quedar a gusto). El chico, gilipollas donde los haya,  se vistió y se piró. 4

    Yo aún así , intenté hablar con él, en plan comprensiva, pero definitivamente me di cuenta de que tenía dos problemitas: el primero tenía solución y es que era eyaculador precoz y el segundo creo que era más difícil de solucionar, era gilipollas perdido.

    Si me estás leyendo, saluditos precoz!!

    Lady Piña

    Sobre el Autor

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    Este post está escrito por un colaborador puntual de WeLoversize. Si tienes algo interesante que contarle al mundo, puedes enviarnos tu textos y propuestas a [email protected]

    

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