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    Vaginismo: Tardé años en perder la virginidad porque no me entraba

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    No me entraba. Os juro que no había manera de que me entrara. Y por eso estuve más de 5 años intentando perder la virginidad.

    Puede parecer de coña pero esta es la realidad de una historia en la que una chica se tiró 5 años con su novio sin que el pobre pudiera metérsela jamás. Con los años supe que aquello tenía un nombre, vaginismo, y que no era a la única en la historia a la que le había pasado esto, pero claro, en aquellos tiempos no había tantísima información como ahora, y ya sabéis que la educación sexual en nuestro país es tirando a nula, por lo que cuando te pasa algo de esto eliges callarte y no pedir ayuda o preguntar porque sólo sientes vergüenza y culpabilidad.
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    Mi primer intento fue con 18 años. Llevaba meses enrollándome con un chico a base de puras mamadas. Eso sí, las mamadas se me dieron siempre de puta madre, lo cual supongo que es lógico, ya que follar, lo que era follar, no había manera. Un día, un 10 de octubre de 2002, fecha que nunca olvidaré, decidí que estaba preparada para perder la virginidad. Se lo dije a este chico y él encantado, por supuesto. Yo nunca creí que para perder la virginidad había que estar enamorada ni mierdas de esas, así que aproveché que este chico tenía mucha experiencia y sabría lo que hacía, y me lancé a intentarlo con él. Empezamos a darle al asunto, yo bien lubricada, todo genial, y cuando llega el momento de meterla, el dolor era insoportable, o eso recuerdo. La cuestión es que no hubo manera de meter aquello para dentro. Él se quedó frustradísimo, no entendía nada, y yo triste, decepcionada y encima ¡culpable! Pero así fue la cosa y aquella fatídica noche quedó grabada en mi memoria para siempre.
    Unos meses después, conocí al que sería mi primer novio serio, con el que estuve casi 5 años. Yo no sé ni cuántas veces lo intentamos, y no hubo manera. No era cuestión de tamaño, los dos tenían pollas bastante ‘normales’, incluso aquel con el que lo intenté la primera vez la tenía tirando a pequeñita, y tampoco era un problema de lubricación o de ganas porque de eso siempre me ha sobrado, pero daba igual, no había forma de meterla. Estaba claro que el problema lo tenía yo, ¿no? Se me cerraba el chichi en banda y cada intento dolía tanto que era imposible seguir adelante. Y lo peor es que llegó a un punto en el que él ya dejó de intentarlo.
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    La paranoia durante esos años fue brutal. No entendía nada, no entendía qué le pasaba a mi cuerpo, si era algo de mi mente, si es que estaba ‘atrofiada’ y pensaba que jamás conseguiría perder la virginidad… Iba por la calle mirando a las chicas y pensando que todo el mundo follaba ‘normal’ menos yo. Todas mis amigas contaban sus historietas sexuales y yo tenía que inventarme cosas o asentir y callarme porque era incapaz de confesarle a nadie que estaba teniendo estos problemas. Al final, terminamos la relación este chico y yo sin haber practicado penetración ni una sola vez, en CINCO AÑOS. Sé que es increíble pero así fue. Eso sí, aprendí sin duda que el sexo es muchísimo más que penetración y que hay mil cosas más que se pueden hacer para disfrutar, pero coño, ¡yo sólo quería que me la metieran en condiciones de una vez! Tampoco me podía introducir tampones, ni dedos (porque yo lo intentaba en casa a ver si podía abrírmelo un poco), porque el dolor era terrible y no podía.
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    Llegó la fiesta de fin de año de 2007, es decir, con 21 años, y esa noche conocí por fin al único hombre que podría desvirgarme, cosa que yo aún no sabía, claro. Nos gustamos y quedamos unos días después en su casa. Nos empezamos a enrollar y yo no sé qué pasó pero él me penetró sin ningún tipo de problema. Yo le había contado ya que tenía ese problemilla y él se mostró en todo momento cariñoso y comprensivo, y sobre todo me hizo sentir como una diosa, ¿quizá fue eso lo que hizo que me abriera como una flor? Ni idea, pero la cuestión es que él lo consiguió, y además fue totalmente indoloro y me quitó de un plumazo todo el trauma que traía de todos esos años sin poder hacerlo.
    Estaba flipando, no me lo creía, y tanto así fue que pedí cita para el ginecólogo unos días después, le conté todo y le dije que había sido tan fácil con este chico que no estaba segura de realmente haber perdido la virginidad, porque no me lo creía, después de tantos años con esos problemas. El médico se río de mí, la enfermera también, y me exploraron de forma totalmente normal, quitándome todos los miedos y dudas que tenía, y asegurándome que no había ningún problema con mi vagina y que, efectivamente, ya de virgen no tenía nada.
    Así que esta es la historia de cómo perdí la virginidad, la cual sabe muy poca gente porque casi nadie se la cree, pero yo sí que sé lo que pasé todo ese tiempo… Eso sí, la perdí mucho más tarde que todo mi entorno, pero tranquis, que recuperé el tiempo perdido como nadie. 

     

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    Este post está escrito por un colaborador puntual de WeLoversize. Si tienes algo interesante que contarle al mundo, puedes enviarnos tu textos y propuestas a [email protected]

    

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