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  • Vida sana

    Cómo adelgacé y lecciones que aprendí por el camino

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    Los que somos de pueblo conocemos a las Navidades como la época de vuelta a casa, ya sea desde la provincia de al lado como desde la otra punta del mundo, quién más quién menos busca pasar unos días en familia y ver a los amigos del pueblo. Esto da lugar a muchas situaciones del tipo:

    • ¡Qué bien te veo! ¡Cuánto has adelgazado!
    • Sí, bueno, algo he conseguido en estos dos años.
    • Pero un montón, ¿qué has hecho??
    • Nada complicado, cuidar lo que como, moverme más, beber sangre de unicornio y besar a una virgen en luna llena; lo último es difícil de encontrar, no hay muchas, pero en Amazon se encuentra de todo y el resto es pan comido.

    Han pasado ya dos navidades y esta respuesta me supone menos quebraderos de cabeza que dar la real, al fin y al cabo, muchos de los que preguntan quieren una solución mágica que explique por qué lo he conseguido, por qué quien hace la pregunta no, y cómo lo puede hacer. Yo misma lo preguntaba hace unos años.

    Como esta página me ha dado tanto y todo bueno, y tras el roscón de reyes empiezan los propósitos de año nuevo, quería comentar aquí lo que hice, la versión de verdad antes esa pregunta, con luces y sombras, por si a alguien os sirve algo. Es mi caso personal, así que lo que a mí me funciona, no te tiene por qué funcionar a ti, además cometí errores, así que lo puedes mejorar. Esto es lo que tengo presente ya para siempre.

    Lección 1: desterré el no puedo

    Esta fue de las que más me costó, empecé todo mi proceso de cambio sin creermela y seguramente sea la más importante. De pequeña hice deporte y comí poca “comida basura y chucherías”, y siempre había sido una niña rellenita, después fui pasando por fases de más o menos relleno, pero nunca delgada. En mis intentos por aceptarme, asumí que yo era así. Veía a mi alrededor a esas chicas de metabolismo más rápido que John Wayne desenfundando, que pueden alimentarse de patatas fritas y embutido sin salir de su 36, me decía que era injusto que mi cuerpo fuera diferente y llegué a creer que por no ser de las “afortunadas”, no era tampoco de las que llevando una vida sana podía estar bien. Puede sonar absurdo, pero lo llegué a creer. No estaba contenta con mi cuerpo, pero creía que era así y ya.

    Después de la universidad pasé por una mala época en la que engordé bastante, me hice muy sedentaria, y estaba en tan mala forma que me cansaba subir dos pisos de escaleras (de hecho estaba peor de forma que de cuerpo), y eso me dolía. Ahí fue cuando empecé a adelgazar, quería volver al menos a mi estado de rellenita anterior. Cuando estaba a mitad, me di cuenta, siguiendo con ese cambio de vida podía bajar más, llegar al cuerpo que sí que quería (dentro de lo sano, nada de querer entrar en tallas para las que necesitaría limarme un trozo de hueso, respirar una vez al día y aún así caber justita), y descubrí que realmente es algo que puedo hacer, y si por circunstancias de la vida mi cuerpo cambia otra vez, podré sobrellevarlo y volver a conseguirlo y mantenerlo. Es posible.

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    Lección 2: es un cambio de vida, no algo temporal

    La teoría nos la sabemos todos, si te quedas en tu cuerpo menos calorías de las que quemas, adelgazas porque coges de las reservas y al revés. Pero hay mil variantes que interfieren en cuántas se queda tu cuerpo, cuántas necesita realmente, cómo comerlas sin dejarte todas las vitaminas que necesitas, etc. Se puede adelgazar por dieta, por supuesto, y haciendo más ejercicio (que el músculo quema más grasa, aunque esté parado, cuanto más grande sea), la mejor forma de hacerlo la sabréis tu nutricionista, tu entrenador y tú. Pero también sabes que si “al terminar” vuelves a la vida anterior, tu cuerpo va a volver a crecer. ¿Toda una vida de privaciones frente a estar más gordo y comer y vivir como ahora? Vaya mierda de dilema. Esto me frenaba mucho.

    Y en parte, estaba equivocada, otra vez. SI vas comiendo menos comida o menos dulces, te vas acostumbrando, así que ya no te tienes que privar tanto, te apetecerá menos (ojocuidado, no te vuelves inmune a todo, si alguien consigue el superpoder de resistir a los polvorones caseros de mi madre y sus croquetas, que vuelva a Kriptón, yo hablo de humanos, humanos que pueden aprender a comer manjares sin subir 3kg por oler el bote de nutella). Además existe el cheat day, que viene a ser un día a la semana en el que saltarte la dieta o la vida sanísima. Para cogerlo con menos ansia, yo simplemente me lo tomo como el día en el que me puedo dar mis caprichos, o la cena de empresa, o esa comida con los amigos en la que ponen tanto asado que asustaría hasta a Obélix. Lo importante para mí es que sea una comida o un día, no comida y cena del viernes, del sábado y del domingo, que con la excusa del fin de semana pasas media semana de caprichos, y así no funciona…

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    Lección 3: Aprendí lo que me funcionaba a mí

    Que Gwyneth Paltrow viva del aire (orgánico, por supuesto) o la vecina del quinto se alimente de pomelo, no quiere decir que eso te funcione a ti. Cada cuerpo es un mundo. He visto gente que come por ansiedad, tendrá que mirarse la ansiedad; otros comen muchos procesados; algunos no se mueven; otros comen sanísimo pero demasiado, para otros son problemas hormonales… Yo aprendí que mi caso no era de comer mucho, me suelo llenar pronto, ni de picar entre horas cosas muy calóricas. Era que no sabía comer bien. Veía la verdura un par de veces a la semana; contaba como comer de todo un día pasta, al siguiente arroz y después tortilla de patata; y en las cenas picoteaba embutido, queso y cosas así rápidas de preparar, de comer, y que con la tele ni me enteraba de cuánto comía.

    Al analizar esto, fui cambiando poco a poco, no sin problemas, que caí en errores como los fiambres de pavo (que llevan más azúcar escondida que un bollycao). En ese momento había vuelto a vivir en casa, así que fui convenciendo a mi madre, la cocinera en mi casa, un punto que para mí fue clave, para ir comiendo yo más verdura, además de por mi cuenta añadir más fruta. Y por supuesto, si las acelgas hervidas no me han gustado nunca, era imposible acostumbrarme y obligarme a comerlas así para siempre. Y esto vale para toda la verdura que no me gusta, no es porque sean verduras, no se puede desterrar tooodo un grupo de alimentos con sabores tan distintos. Podría obligarme un tiempo, un par de meses quizá, pero no eternamente. En vez de eso, centré mi curiosidad culinaria en probar más verduras, más pescados, más formas de preparar los mismos alimentos… En definitiva, no he borrado alimentos de mi dieta, los he ampliado, al encontrar nuevas verduras, es rarísimo el día que no como un plato, me apetecen y no siento que esté dejando de comer cosas ricas por ellas, es que están buenas. ¿Que me tengo que preparar algo más al estilo asiático, sudamericano o marroquí? pues para algo está Internet, para aprender además de tener el porno a mano.

    Apliqué el mismo principio al ejercicio, me acosan más los runners que los testigos de Jehová para que me una a sus creencias, pero si no me gusta, me cansa (de aburrimiento) rápido, y además me fastidia la rodilla, no tiene sentido que me obligue a correr, como con las acelgas, podría sólo un tiempo. Lo intenté, no me gustó. Pero hay deportes como el yoga o la natación que me encantan, me puse con ellos y no es una obligación, ni más privaciones.

    Lección 4: Aplico 5 filtros antes de tomar en serio los comentarios ajenos

    Quieren decirme que coma más, que adelgace más, que no baje tanto, que si ya estoy estupenda, que baje 5kg más y me quedo de cine, que coma su comida, que les cuente mis secretos, que no les de la brasa con mi nuevo estilo de vida, que ojo con el turrón que engorda, que si estoy más guapa (guiño guiño), que siempre lo estuve, y todo a la vez. Muchas veces la misma persona se contradice. Incluso algunos sienten lástima por mi yo pasado cuando digo que ahora me pongo algo de ropa que antes no, porque me siento fantástica ahora, e intentan consolarme con efecto retroactivo, muy raro. Todo eso me ha pasado, y estoy aprendiendo a obviarlo. Da miedo, porque no quiero caer en bajar demasiado, obsesionarme de manera insana ni caer en trastornos alimentarios, pero también veo que hay gente más delgada que yo que me dicen que estoy estupenda ya, que no baje más, y que meses más tarde y más delgada dicen que mucho mejor así. Así que comprobé que hago vida sana, me mantengo en el peso que alcancé (kilo arriba kilo abajo, sin rayarme mucho), y me puse una meta realista para mi constitución de acuerdo a criterios médicos. Teniendo eso claro, agradezco los comentarios de apoyo, y evito que me influyan el resto.

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    Lección 5: me quiero y busco lo bueno de mi, para todo lo demás, Weloversize

    Esto suena muy Mr Wonderful, pero es algo que necesito recordarme. Veo fotos de mí antes, y estaba guapa, me arreglaba, me ponía mona, y entonces no lo veía. Ahora busco más esos puntos fuertes que tengo, físicos o mentales. Antes veía gente por la calle monísima con sus curvas, y no me daba cuenta de que yo estaba igual, para mí exigía un baremo diferente. Eso me hundía y me hacía tener menos fuerza de voluntad para conseguir objetivos a largo plazo, como la vida sana; eran mucho más difíciles. Es tan absurdo que ahora me veo ojos bonitos, y antes no era capaz, ¡como si cambiaran por unos kilos! (Lo peor es que alguno me lo había dicho y no le creía).

    Esta página me ayudó muchísimo, aunque la descubrí más tarde de lo que me hubiera gustado. Trabaja por lo que quieres mientras quieres lo que tienes, es un lema fantástico. Me enseñó que se puede ser sexy en cualquier talla, que es cuestión de actitud (y ver guapísimas a las chicas de esta web en las fotos de instagram me abrió los ojos), no quiere decir que no hubiera adelgazado, que me conozco a los haters de por aquí, si no que mentalmente hubiera estado mejor antes y durante. Me enseñó a quererme más, hasta el punto de que con el mismo cuerpo que hace un año, ahora soy capaz de verme muchísimo mejor (porque el proceso de adelgazar no es sólo el reto de bajar los kilos, es también asimilar mentalmente el cambio). Me enseñó que hablar en positivo a los demás les ayuda más, y a uno mismo también. Me enseñó tanto que tendría que estar hablando durante varios artículos para decir todo lo que me ha ayudado Weloversize.

    Anonimilla

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    Este post está escrito por un colaborador puntual de WeLoversize. Si tienes algo interesante que contarle al mundo, puedes enviarnos tu textos y propuestas a [email protected]

    

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