Querido diario

La dura carta de Malena Costa que nos deja sabor agridulce

Hace unos días, Malena Costa, la modelo mallorquina, confesaba a través de su Instagram que después de haber sido mamá (dos veces), no todo ha sido un camino de rosas en su carrera. Yo sí te creo, Malena. Estoy segura de que la vuelta a un negocio como el del modelaje tiene que ser de todo menos fácil. Sin embargo, hay algunas cositas que me gustaría matizar acerca de estas declaraciones.

Lo primero que tengo que decir sobre las declaraciones de Malena es que SE TENÍA QUE DECIR Y SE DIJO. Ahora bien, algunos de estos puntos ya los teníamos claros: a nadie le coge de sorpresa que dentro de la industria de la moda, el físico es fundamental. Tradicionalmente, esto ha sido siempre así. Sin embargo, creo que debería haber ido un poco más allá y reivindicar su papel como modelo de esta nueva generación que admite cuerpos de todo tipo, en lugar de amoldarse y reconvertirse lo más rápido posible en su anterior yo. “Mi objetivo era estar igual o mejor que antes”, escribió.

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Sinceramente, me parece una lástima -no lo digo personalmente por Malena Costa- que en general la primera aspiración de tantas mujeres después de dar a luz sea volverse a ver como antes de quedarse embarazadas. Quizás hablo desde el desconocimiento porque no he sido madre todavía, pero desde fuera me parece triste que, después de haber pasado tanto trabajo (concebir un niño, llevarlo en tu vientre durante 9 largos meses y sobre todo, PARIRLO) aún encima nos tengamos que preocupar de recuperar nuestra cinturita. VENGA HOMBRE.

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Otro punto importante al que ha aludido Malena Costa es que “Desfilar junto a pivonazos bastante más jóvenes que yo, y yo teniendo dos hijos, pues supone ciertas preguntas y posiblemente inseguridades en mi cabeza.” Os voy a decir lo que veo yo aquí: mucho complejo. ¿Cómo puede ser que esta chica -o cualquier chica- tenga que sentirse intimidada porque hay mujeres más jóvenes en la industria? Si tu valía o tu profesionalidad la deciden los demás, ya me diréis.

Además, refleja una realidad muy cierta que cada vez vemos más hoy en día: la rivalidad entre mujeres. No solo en el ámbito laboral, que también, sino en general. Parece que vamos chequeando a las demás a ver si son más feas, más gordas, más bajitas o menos guays que nosotras. ¿Y sabéis que es lo peor? Que alguna vez nos ha hecho sentirnos mejor con nosotras mismas, cuando en realidad, cada una de esas veces nos estábamos convirtiendo en alguien peor.

Otro punto que me ha chirriado un poco es el de Calzedonia como salvavidas de su carrera, en lugar de ella misma: “Pero sabiendo que Calzedonia ha confiado en mi para su desfile me hace sentir tremendamente feliz y orgullosa de que todo el trabajo y esfuerzo de mi recuperación haya surtido efecto”. Seriously?

A mí como si viene el Rey a darme su beneplácito, después de que hayan salido de mi toto dos bebés, yo no tengo que demostrarle nada a nadie. Y mucho menos, como decía ella, si me he sustentado perfectamente toda mi vida con el sudor de mi frente, es que solo faltaría.

En mi opinión, han querido sacarle todo el jugo feminista a esto, pero les ha salido el tiro por la culata… porque si os paráis a analizarlo un poco, ya veis que aquí falta muuucho trabajo. Que no os coman el coco, chicas, estamos todas en el mismo barco. Da igual como seamos, todas somos mujeres.

 

 

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