Querido diario

Cómo me quedé en una silla de ruedas y todo lo que vino después

Y aquí empieza mi historia, 1 de agosto del 2003

Te levantas como cada día porque hoy se supone que será un día como otro cualquiera, te duchas, te vistes, te vas a sacar al perro, haces tus cosas habituales.

Son las 17h de repente oyes gritos, tú tirada en el asfalto abrasándote… ¡ojo que no es un accidente de coche!!

Es un accidente laboral, lo mismo si te digo que me caí de dos contenedores os quedáis igual. Si te hablo de los ESTIBADORES probamente os suene más ya que solemos estar en boca de todos últimamente, bueno al grano que me enrollo, la cosa fue así… mi yo de 24 años se cae de una altura de 8 metros.

Menos mal que no perdí la conciencia, no sé de dónde saqué las fuerzas pero sabía que algo muy malo me había pasado. Notaba la sangre brotando por encima de mi cabeza, las piernas no las sentía, no hacía falta ser muy lista para saber que me había partido en dos.

Me pasaron el móvil, llamé a mi hermano, no podía asustar a mi madre ya que me estaban esperando en el pueblo para empezar las vacas. Le dije: nene, acabo de tener un accidente y me llevan al clínico.

Mi única preocupación era que me cortasen la hemorragia de la cabeza ¡Joder que me la había partido!

Supongo que era el subconsciente  quien no quería hacerme ver la realidad, me iba a quedar en una silla de ruedas para toda mi vida. Yo, Silvia la que se pasaba el día corriendo por la playa, surfeando en las olas, siempre de fiesta, todo el día rodeada de animales paseándolos por el parque, siempre había sido el alma de la fiesta.

Solo tenía 24 años y lo único en lo que pensaba era en morirme. Mi drama no terminaba ahí, me había pegado tal leñazo que había una única persona que podía operarme. Qué suerte la mía que estaba de vacaciones. Debía ser un buen médico porque ni corto ni perezoso se pego 5h en helicóptero para venir a operarme, o lo hacía o ni tan siquiera me hubiese podido sentar en una silla.

A todo esto mi cabeza seguía abierta, 58 grapas me pusieron ya en quirófano. Sobre las 00:30 de la madrugada empezaba la angustia para toda mi gente, fueron 5h de operación pero en 15 días tuvieron que operarme 3 veces más durante 8, 11 y 13H.

Al día siguiente ya era más consciente de todo lo que me había pasado,  ¿vosotras sabéis lo que estar en una sala de reanimación que abran la puerta y tengas a mas de 30 personas con una sonrisa de oreja a oreja diciéndote que la vida sigue y ellos están ahí? Pufff ellos me dieron las ganas y las fuerzas para vivir.

He de decir que durante el transcurso de mis casi 5 meses de hospitalización no todo fue un camino de rosas; intervenciones, infecciones, virus y una sepsis que casi me mata, vamos que lo único que me funcionaba era el corazón. 24h me daban de vida y solo tenían una forma de poder salvarme, con penicilina y soy alérgica a ella… y oye, ella era la única que podía salvarme de la muerte,  pero ¿ y si funcionaba?

Silvia despídete de tu familia porque no sabemos si vas a llegar a mañana. Si señoras, eso fue lo que me dijo mi médico preferido. Te estás muriendo y es necesario que lo sepas.  Mi tensión caía, solo tenía 2/3 y llegó el momento de entrar en el túnel, y tanto que entré, hasta vi la luz… supongo que mi padre otra vez quiso que no me fuera con él. Salí del túnel señoras. Salí para no volver hasta dentro de muchos muchos años, o eso espero. 

Cuando vuelves a casa, te das cuenta de quién sí, de quién no y de quién nunca. Amigos que desaparecen porque te quedas en una silla de ruedas, colegas que pensabas que iban a desaparecer y a día de hoy siguen conmigo. Tu novio, ese que tanto te quiere y resulta que te deja, pero no te deja por él, no, te deja por ti, porque tú vas a ser más feliz…

Luego están tus personas favoritas, esas que tu vida sin ellas no sería lo mismo y por supuesto tener la mejor familia del mundo. Esa es la mía, tener una madre que ha tenido que ser madre, padre y encima tener que ver como a su hija le joden la vida, qué duro.

Conoces gente que está como tú, incluso peor y te das cuenta que no tienes derecho ni a quejarte, porque siempre hay gente peor que tu dándote lecciones de vida. Al final te haces a tu nueva mejor amiga, ella, tu silla de ruedas.

En el siglo que estamos todavía siguen habiendo muchas barreras y gente que te habla como si fueras un bicho raro o tonta. Gente que te ve con un chico y se sorprende. Sí señora follo, follo cada día con quien me da la gana y seguramente más que usted.

Frases como ¿Ya vais a sacarla a pasear?¡¿señora que soy un perra para que me saquen?! por dios!

Con toda esta historia vengo a deciros que nunca sabes cómo vas actuar cuando te pasan cosas así, tal vez unas seamos más fuertes que otras, pero siempre hay que echarle cojones y tirar hacia delante. Sigo siendo el alma de la fiesta, no hay quien me pare y por supuesto tengo a la mejor familia y amigos que podría tener.

PD: Espero no aburriros mucho, sois unas tías maravillosas y gracias a vosotras millones de personas empezamos a querernos como somos.

Silvia.

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