A mi que me encanta navegar por las redes sociales, surfear entre noticias y perfiles molones que me inspiren, hace unos días di (una vez más) con EL DATO. ¿Y por qué lo marco en perfectas mayúsculas? Ni más ni menos porque de nuevo la realidad me da la razón, y sí, a algunos padres se les está yendo un poco la olla con eso de contentar a sus retoños.

Estamos en plena primavera, es momento de cumpleaños infantiles al aire libre, empiezan las piscinas a funcionar y, por supuesto, es temporada de comuniones. Vamos, que si tú también tienes en tu familia a un pre-púber de entre 7 y 10 años es más que probable que te hayan invitado al evento. Y eso, que lo que nos esperamos cuando nos cae una comunión es lo habitual: una misa, una comida en familia y una larga sobremesa con una docena de niños correteando por el comedor.

Ay… ¡qué equivocados estamos! ¡Qué los tiempos han cambiado! Los muchachos de hoy en día, o mejor dicho sus padres, no se conforman con una comida en un restaurante de dos tenedores. Eso ahora son minucias, amigas, ahora lo que se lleva es el alto copete y el fiestón a la altura de las circunstancias.

Que no llevan los niños dos años matriculados en catequesis para una simple y sencilla comida con sus abuelos y sus tíos. Hay que darles algo más, además de regalos (tema este para tratar también). Hinchables, dj para el baile, juegos y actividades para los niños… De repente las comuniones se ponen a la altura de la ‘quinceañera’ americana que da ya la impresión de que todo el aspecto religioso sea solo una excusa para montar un circo.

Y no me malinterpretéis, que aquí cada familia es muy libre de festejar a su gusto, pero es cuanto menos desproporcionado que hablemos de comuniones asimilándolas ya a alquiler de coches de lujo y a banquetes desorbitados. Los niños son niños, y como tales deberían poder disfrutar de una fiesta para ellos hecha a su medida, no a la de sus padres.

Porque alguien podría explicarme, ¿en qué momento se ha normalizado que un niño llegue en una limusina Hummer a la iglesia? Está pasando, señoras, es real como la vida misma. Y es para empezar con el facepalm y no parar hasta quedarnos inconscientes.

Si ya el pasado año una criatura se hizo viral por acudir a su evento montada en una carroza similar a la de Cenicienta, ¿qué nos vamos a esperar? Es lógico, tú a la niña le preguntas cómo quiere que sea su comunión y ella te dirá que quiere galopar a lomos de un unicornio rosa que desprenda purpurina, pero es ahí donde nosotros como padres y adultos debemos actuar y poner un poco de cordura al asunto.

Niñas maquilladas para sus fotografías, niños que abren los regalos y no esperan menos que un viaje a Disney… Les daba yo la comunión de mis abuelos, de ir a la iglesia con una sotana, comulgar y cada uno a sus casita que se hace tarde. Entre otras cosas porque el motivo de tanto jaleo, es decir, la religión, se queda en un segundo plano que no debería gustar ni un poquito a la comunidad religiosa. Y a mí que no me miren, que yo me mantengo al margen de iglesias y creencias, pero si tu hijo decide que quiere hacer la comunión por tener un fiestón por todo lo alto quizás habría que darle alguna explicación al respecto.

Lo siguiente serán los macro-bautizos. Bebés que llegan a la iglesia montados en un dron que imita a una cigüeña y dj especializado en canciones infantiles y de cuna, todo por un módico precio.

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