Hace ya casi cien años, las estrellas eran esas personas que destacaban no sólo por su talento sino por su manera de ser: su forma de mirar, su disimulada sonrisa, su glamour, su saber estar… todo el mundo admiraba a las estrellas no por lo que hacían, sino por cómo lo hacían, por esa aura maravillosa que depositaban en todo lo que tocaban y que las convertía en únicas, irrepetibles, inalcanzables y, sobre todo, inigualables.

Vivien Leigh, Bette Davis, Greta Garbo, Rita Hayworth, Lauren Bacall, Audrey Hepburn, Marilyn Monroe, Elizabeth Taylor, Ava Gardner, Sara Montiel… podría estar diciendo nombres hasta que Paquirrín se sacase el graduado escolar. Pero seguro que ya os hacéis una idea de a qué me refiero.

rita

Bien, entonces podréis entenderme cuando me pregunto: ¿qué coño les ha pasado a las estrellas pop? ¿En qué momento de la historia se despeñaron por la ladera del glamour para acabar chupando un martillo en un videclip desnudas sobre una bola de demolición? ¿Por qué las estrellas que nos ha tocado admirar a nosotros son unas ordinarias de mucho cuidado?

Puedo comprender que, como técnica de márketin, como idea del representante más brillante o como Dios quiera que fuese, en un momento de la historia de la cultura popular las estrellas tuvieron que terrenalizarse, hacerse más cercanas, porque ya nadie se creía eso de que Audrey Hepburn no cagase. Vale, aceptamos que las estrellas también cagan, pero de ahí a que algunas nos tengan que poner su culo en nuestra cara yo creo que hay un gran trecho.

nicki minaj culo

La estrella del siglo XXI, al igual que la de primera mitad del siglo XX, no nos engañemos, es un producto. Ha sido creada para hacer dineros. Y no hay más. Pero, ¿por qué hacer dineros de ser la más fresca de tu pueblo? Tened una cosa en cuenta: estas chicas (porque hoy en día las mujeres siguen siendo más estrellas que los hombres, más que nada porque las mujeres pueden ser admiradas, y por lo tanto, recaudar dinero, por hombres y mujeres, mientras que los hombres sólo suelen ser admirados por mujeres, según manda la tradición capitalista) no son así de nacimiento. Esa no es su personalidad. Son frescas por exigencia de un contrato; por exigencia, generalmente, de unos señores que han pensado que hoy por hoy lo que vende es parecer más guarra que el fregadero de un piso de estudiantes.

rihanna sexy

Eso reduce al star sytem actual a señoritas que están bastante buenas y que hacen de la provocación su forma de vida. Y no, no estoy hablando de actrices porno. Estoy hablando de señoras que cantan, bailan y actúan. Pero parece que, si echamos la vista atrás, podemos ponerle un nombre a la pionera de la ordinariez. Ella es Madonna: la reina del pop. Una mujer que arrancó su carrera artística a principios de los años 80 siendo la más ordinaria de todas, pero también la única, y que cuarenta años después sigue viviendo prácticamente de lo mismo, aunque en su afán de renovación la hemos visto pasar hasta por etapas místicas y todo. Pero chica, la cabra siempre vuelve al monte.

Sí, tiene un bebé en las manos.

Sí, tiene un bebé en las manos.

La cosa sigue funcionando así: un cazatalentos encuentra a una chica encantadora que al menos sabe entonar, la apadrina y la explota hasta la saciedad. No tiene por qué destacar en nada. No es necesario una voz deslumbrante. Simplemente tiene que dejarse hacer, que para eso existen los expertos en forjar estrellas. Ejemplo: Britney Spears. La Spears, además, nos vale también para poder apreciar el paso de los últimos noventa y primeros dosmil a la entrada por la puerta grande en el siglo XXI. Britney nació para el espectáculo y apareció en la tele bien jovencita haciendo de niña Disney. Unos años después firmó un contrato y se convirtió en una estrella adolescente cándida y virginal que decía «oops!» cada vez que se saltaba algún sagrado mandamiento.

britney

Ella era ideala. Pero ser tan artificial pasa factura y pocos años después pudimos ver a la verdadera Britney, y lejos de horrirzarnos ante su terrible estado emocional, decidimos que nos encantaba esta nueva faceta así que nos la siguieron vendiendo, aunque estuviera calva. El siglo XXI en la música comercial comenzó cuando la princesa del pop decidió raparse la cabeza y amenazar paparazzis con paraguas. Se descubrió que ya no solo lo «perfecto» vendía, sino también lo más oscuro y extravagante.

Ahora, para extravagante, Stefani Germanotta, más conocida por todos nosotros como Lady Gaga. El caso de Lady Gaga es especial: esta mujer se ganó las castañas. Para empezar, es una artista con formación musical, y para continuar, es una mujer con talento. Logró hacerse oír con su potente voz y sus composiciones pero de nuevo cayó en la firma de contrato con productora que hará de ti un pelele más. A Stefani le tocó ser el monigote estrambótico y aunque se marcó unos buenos temazos realmente se la identificaba por sus estilismos imposibles y su peculiar forma de provocar.

lady gaga

A veces las historias de estos productos comerciales tienen final feliz, sobre todo cuando la persona que está detrás del producto además de tener talento tiene inteligencia, y hoy en día Lady Gaga es una artista más que asentada, mundialmente reconocida, y… ¡joder! está de gira con Tony Bennett. Pudiera parecer que no, pero la inteligencia es mucho más valiosa de lo que creemos. Hablemos de otra artista que nació con talento para la música, que ganó lo que tuvo currando, que fichó por una productora que quiso de hacer de ella algo que no era, a la que Tony Bennett también prestó atención, pero… que por desgracia no sobrevivió: Amy Winehouse, artista ordinaria por antonomasia, porque en ningún momento tuvo que fingir su ordinariez ni esta fue impuesta por una discográfica, es que ella ya venía así de casa.

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Llamadlo personalidad. Yo lo voy a llamar ordinariez. La Amy fue el punto más álgido de la estrella que da asco, y la pobrecita ni siquiera tuvo que hacer videoclips ridículos para desagradarnos. Simplemente vivió su vida a su manera y… bueno, ¿quién soy yo para juzgarla? A la que sí voy a juzgar, fíjate tú por dónde, es a Mariah Carey, otra de las grandes estrellas prefabricadas, y otra que finalmente se ha quedado para dar el cante más que para cantar. Que voz no le falta, pero digo yo que no hace falta ser así de mamarracha como es ella. Esta pobre tenía lo que muchísimas otras no tenían: una voz especial; pero quiso ser tan mediocre como todas las que la rodeaban y oye, la tía lo consiguió. Aprendió que era mejor vender chicha que voz, aunque se debió saltar la clase de cómo ser sexy y por eso la pobrecita se ha quedado con el título de mamarracha madre.

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Sí, es verdad: estoy poniendo finas a todas las cantantes cuando en realidad este artículo comenzó con la presentación de actrices de cine. Bueno, la sociedad ha cambiado. Mientras que, hasta los años 50 del pasado siglo, los role models eran definidos por el cine, creo que hoy en día las pautas las están marcando mujeres como Rihanna, Beyoncé, Nicki Minaj, Katy Perry, y menos mal que también está por ahí Taylor Swift, a la que odio con todas mis fuerzas pero le reconozco el poner un poquito de cordura en todo este jaleo en el que se ha convertido la industria musical.

No obstante, estad tranquilos: el cine también tiene alguna que otra ordinaria, aunque también es verdad que ninguna le llega a la altura del betún a gente como Miley Cyrus. ¿Se podría, entonces, considerar que la estrella de cine sigue destilando ese aroma de pureza que recuerda a la época dorada de Hollywood? Yo diría que no. Vivimos un momento histórico en el que se nos sigue vendiendo la idea de que cualquiera de nosotros podría alcanzar el estrellato: el músico descubierto en Youtube, la mujer que escribió la novela más influyente del siglo en un foro, la modelo que ha superado una grave enfermedadd… tendemos a creer que la celebrity es más como nosotros y que nosotros llevamos una vida más de celebrity que antes, con nuestra manicura y nuestros increíbles outfits, y, sobre todo, nuestra retransmisión casi en directo de nuestro día a día. Hemos sufrido junto a Jennifer Aniston, nos sabemos el pasado loco de Angelina Jolie, hemos visto completamente desnuda a Scarlett Johansson y hemos flipado con el cambio de cara de Renée Zellweger. Y, sobre todo, hemos soportado a la pesada de Jennifer Lawrence, la ordinaria de la gran pantalla.

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