Alex Ubago. Lo llamaste Álex Sobaco como todo hijo de vecino por hacer la gracia; escuchaste su primer disco porque tocaba, porque estaba en todas partes; cantaste en un karaoke a grito pelado y desafinando cosa fina su canción con Amaia Montero cuyo título, a día de hoy, no sabrías afirmar si era “Sin miedo a nada” porque tú la conocías como “Me muero por conocerte (y lo que sigue)”. Pero luego… silencio.

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Musicalmente, desde luego. Te reías como mucho con los chistes sobre que se le acabaría la carrera si encontraba novia o te llegaba el rumor de que en verdad era un fumeta porque nosequien conocía a noseque colega que era del mismo barrio y lo vio un día fumando un porro… También pasó que alguien comentaba de vez en cuando que había visto una imagen y que creía que se había engordado.

Ya está. Hasta aquí tu idilio con Álex Ubago. Nada más.

Entonces, desvelemos el misterio, llamemos a Iker y a Carmen y demás rista de colaboradores rarunos de Cuarto Milenio. ¿Por qué demonios te sabes todas sus canciones de memoria? 

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No mientas, te las sabes. En Weloversize sabemos que eres una de las miles de personas que cuando pasea con su carrito haciendo la compra por el Mercadona y Álex suena en el hilo musical, tarareas, sorprendida más tú que ninguna. ¿Sabéis el chiste ese de que la hija del dueño de Mercadona debe ser celíaca porque tienen mucho producto sin gluten? Pues la misma niña debe ser amante loca de Ubago porque sino, no se explica por qué es el hilo musical de la cadena de supermercados fielmente desde 2002.

Después de aquel primer disco, siguieron unos cuantos. “Fantasía o realidad”, “Aviones de cristal”, “Calle ilusión”. Por ahí en medio cantó con Craig David el aimgüokinagüeeeei en castellano y hasta con una hermana Corr. Probablemente, no lo sabías pero sacó un quinto disco hará un par de años, “Mentiras sinceras” (muy en mi línea sentimental, que dijo el chico sobre su obra, una declaración que fue toda una sorpresa, vaya). En fin, todo este último párrafo te cae como la info del Ibex, ¿verdad? Ni idea de qué estoy hablando. No te suena nada.

alex_ubago_gq_1647_645xEl mozo es tan sentimental que hasta se abraza a sí mismo

Por eso es un extraño caso sin resolver hasta la fecha. Porque si os ponemos un trozo de una canción de cualquiera de esos discos (no el primero, que eso es “nivel fácil”), nos jugamos el cuello a que sabríais continuarlas. ¡Es un misterio! ¿Cómo lo sé? Vale, lo admito, Sobaco vino a unas fiestas de la Merçé de Barcelona hará unos años y fui con mis amigas por pasar el rato y por cantar el memueroporconocerte… Para mi sorpresa, canté sin saber de dónde leches salía eso dentro de mí el resto de canciones de todos sus nuevos discos, música que ni sabía que existía, discos que ignoraba que se hubieran creado. En una extraña comunidad, todos los allí presentes parecíamos salidos de una secta, adorando al chico de la barbita y la chupa de cuero y la peca/lunar esa de la cara.

¿Tal  vez  pensábamos que estábamos cantando las mismas canciones una y otra vez en los pasillos del supermercado pero, en realidad, estábamos aprendiendo nuevas? ¿Es posible que, en una estrategia de marketing sin precedentes, Ubago, al que pensábamos desaparecido desde 2004, lleve en nuestras vidas más de 10 años colándonos sus nuevos trabajos en hilos musicales? Eso explicaría por qué te dan venadas pasajeras y si tienes un día raro te lo pones en el Spotify. Ubago se casó, tuvo hijos, y nosotros no notamos la diferencia en sus canciones… porque pensábamos que eran las mismas. Inquietante, ¿verdad? Tal vez Ubago nunca se marchó, tal vez Ubago siempre ha estado ahí.

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¡Hey, chatis! Sigo igual que siempre…