Cultura

Las Gilmore vuelven y hay que amarlas mucho

Me volvería loca si tuviera que hacer un top3 de series. Han sido muchas las que me han acompañado a lo largo de mi vida, ocupando las horas muertas (y no tan muertas) de diferentes momentos vitales y siendo especiales por el motivo más insospechado. Pero una cosa tengo clara, las Gilmore (MIS GILMORE) ocuparían uno de esos tres puestos que corresponden a «las elegidas», no hay discusión posible.

Llevaba tiempo rumoreándose, no se sabía bien en qué iba a consistir el experimento: una nueva temporada, una película, un capítulo largo… mientras tanto tod@s l@s fans de la serie esperábamos noticias muy nervios@s. Pero por fín Netflix ha anunciado que Lorelai y Rory vuelven a las andadas y juro que lloré viendo el teaser nada más oír la musiquita. El 25 de noviembre se estrenará una nueva «temporada», y uso las comillas porque constará solo de 4 capítulos de 90 minutos cada uno, en la que participarán casi todo el reparto original (para que no tengamos morriña). Se llamará «A Year in the Life» y nos relatará la vida de nuestras protagonistas ambientándose en cada una de las estaciones del año.

Una historia en la que no pasa nada pero al mismo tiempo pasan muchas cosas… sí, las historias de cotidianidad bien llevada son las mejores y las que calan más hondo. Muy emocionada después de ver el teaser la semana pasada, empecé a darle vueltas a la cantidad de cosas maravillosas que me ha aportado esta serie.

La banda sonora es simplemente brutal (ahora mismo la estoy escuchando en Spotify muy contenta). Gracias a ella empecé a conocer a bandas como Big Star, Wilco o The Shins, entre muchos otros, que al tiempo se convertirían en mi propia banda sonora.

Stars Hollow, un pueblo singular al que amar y odiar a partes iguales. Pese a los personajes locos que tendríamos aguantar (como Kirk o el pesado del alcalde), tod@s querríamos vivir ahí una temporada de nuestras vidas y montarnos un hotelito tan cuqui como el Dragonfly. Mi reino por una noche en el puñetero Dragonfly INN y por una cena de Sookie.

Emily Gilmore en su totalidad y su capítulo estrella en concreto, «Driving Miss Gilmore» (capítulo 21 de la sexta temporada), en el que después de pedir ayuda a su hija enfatiza el drama con un épico «Te esperaré ciega y sola». ¡Esos trajes estilo Jackie O! ¡Qué señora!

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Babette y Miss Patti. Señoras locas que tod@s querríamos tener de vecinas o de profesoras de baile para estar al día de todo lo que pasa en el pueblo, barrio o comunidad de vecinos.

Los maromos. Además de ser todos bastante guapis (hay donde elegir, tanto para las que le gustan los yogurines, como para las que suspiran por maduritos), lo que realmente mola es que no son lo más importante de la serie. Están ahí, como en la vida de cualquiera, son amigos, novios, experiencias… pero nunca el leitmotiv de la serie. Y eso está muy bien porque, amichis, la vida de las mujeres no gira en torno a los hombres.

Las referencias a la cultura popular son infínitas en esta serie. Cine, televisión, literatura a tope (siete temporadas de Rory pegada a libros ¡maravilla!), música (tener un perro y llamarlo Paul Anka es una genialidad), política e incluso feminismo (rosita, pero feminismo al fin y al cabo), convierten a las Gilmore en la verdadera voz de una generación.

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El puto sueño americano. El de los americanos demócratas, el de los preppies de colegio privado que sueñan toda su vida con ir a una de las grandes universidades americanas. Sus lujos y preocupaciones, que si sociedades secretas, que si viajes a Nueva York en avioneta… vamos, las cosas normales entre universitarios.

El guión y los diálogos a velocidad de vértigo. A veces es difícil seguir las conversaciones locas entre madre e hija, pero son tan insoportablemente adorables que se les perdona todo.

El café. Hay quien culpa a Disney de muchas cosas, pues yo culpo a las Gilmore de mi adicción al café (descafeinado JAMÁS). Esto es así.

Nuestra queridísima Melissa McCarthy aka Sookie.

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El amor por la comida. Comida everywhere y todo el rato. Hamburguesas, pizza, queso en spray, pasteles, platos finos en casa de los abuelos… LA LOCURA, JODER.

Lane, la amiga coreana de Rory que esconde su maravillosa colección de CD’s en un hueco del parquet del suelo de su habitación y se monta chill out en el armario, escapando de las garras de una madre demasiado tradicional y un poco bastante control freak.

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He decidido volver a verla enterita para estar preparada para el tan esperado estreno. Aprovecho para darle las gracias a Netflix por apoyar esta iniciativa y dejar total libertad creativa a la directora, Amy Sherman-Palladino, para que haga lo que le salga del chichi. ¡QUÉ NERVIOS!

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