Cuando tenemos que juzgar a alguien a simple vista, cosa que TODOS hacemos, porque cuando no conocemos a alguien nuestro cerebro necesita encasillarlo en una “categoría”, nos servimos de los roles que previamente hemos asignado a una imagen determinada. Evidentemente hay gente que se queda en lo superficial y otras personas intentamos no dejarnos llevar por las primeras impresiones, pero el primer impacto es una realidad.

El cine es una de las principales fuentes de estereotipos de las que bebe nuestra cultura: llevar gafas es ser listo, ser rubia es ser tonta, la chica guapa siempre se va con el jugador de rugby (y además son reyes del baile) y un largo etcétera que, inevitablemente, se ha asentado en nuestras cabezas.

Dentro de toda esta serie de estereotipos andantes hay uno aparentemente más genérico pero que en la mayoría de los casos repite unas funciones: las mujeres. Esto no significa que en el cine no haya una gran variedad de personajes femeninos, cada uno con unas características concretas, pero si miramos detenidamente observaremos que el sexismo es una tendencia mainstream en las grandes películas de Hollywood.

Enseguida habrá quien entre a debatir esto y a hablarme de montones de películas con personajes femeninos complejos y maravillosos. No estoy negando la existencia de estas, sino reivindicando que sean una minoría. Me explico: ¿cuántas veces habéis estado viendo una peli y la tía se desnudaba sin que esto aportara absolutamente nada al guión de la película? ¿Y cuántas veces hemos visto esto en un hombre?

En el último Informe sobre la situación de Mujeres y Niñas en California, se constató que en el 26% de películas de Hollywood se desnuda una mujer, mientras que en el caso de los hombres es solo un 9%. Este dato es todavía más curioso cuando tenemos en cuenta que solo en el 12% de películas las mujeres eran protagonistas y, lo que es peor aún, solo el 30% de personajes que dicen al menos una frase son mujeres. Como diría mi abuela: calladita estás más guapa. Desnudamos a las mujeres, pero no nos importa lo que tengan que decir. Si se hiciese un informe similar en el cine español, algo me dice que los datos podrían ser aterradores.

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Como os decía, el cine es uno de los principales configuradores de estereotipos en nuestra cultura y nos está mandando el mensaje de que las mujeres no importan mucho, y si acaso es importante que se desnuden. Sé que es un resumen simplista, pero no deja de ser una lectura real de estos datos.

La cuestión es que yo soy de las que les gusta ver películas de Marvel y DC, y en los últimos tiempos empezó a chirriarme que en pleno siglo XXI no se haya actualizado a los personajes femeninos hasta igualarlos con sus superhéroes y villanos. Por ejemplo, en la reciente “Batman vs. Superman”, Gal Gadot pelea con un corsé asfixiante que destaca sus pechos y una especie de taparrabos con el que presume de unas piernas enfundadas en botas XXL. Y no, no me escandaliza por su ropa, pero siendo realistas ¿es éste un uniforme muy práctico para luchar contra el mal?

Tuve yo la ocurrencia de comentar esto con mis acompañantes al salir del cine, que por qué para que una mujer fuera superhéroe tenía que estar siempre buenísima y llevar el mínimo de piel cubierta por ropa (o, como en el caso de Catwoman, cubierta como si la envasáramos al vacío de forma que no haga falta destaparla para imaginar lo que hay debajo). Rápidamente me dijeron eso de que si Superman y Batman no estaban buenos. Y oye, que lo están. Pero resulta que no lo están ni Hulk, ni la Cosa, ni el Joker… Porque, ojo, para ser súpervillana también hay que estar buenísima, pero si eres un hombre no hay un requisito concreto para ser antagonista.

¿Te imaginas a Catwoman gorda?

¿Te imaginas a Catwoman gorda?

Es fácil interpretar este dato: las mujeres somos malas porque utilizamos nuestras artes de seducción para engatusar a esos superhéroes que, ¡oh, pobres! Pueden coger un edificio de diez plantas con una mano pero no pueden evitar pensar con el pito.

De todos modos, ya no se trata de que estén buenos o no los protagonistas de estas películas. Puedo entender que a uno de estos personajes se les supone fuerza física y una belleza que les de ese halo de superhéroes. La diferencia es que Superman lleva unos calzoncillos ridículos, Iron Man un traje de hierro ultramoderno o Thor un traje de caballero medieval. En todos los casos, trajes que les protegen en caso de caídas y que, más o menos, son prácticos para desempeñar sus tareas.

Sin embargo, ahora pensad en Wonder Woman, Tormenta, la Viuda Negra, Elektra, Catwoman,  la Mujer Invisible, Harley Quinn… No solo tienen en común un cuerpo de escándalo, sino que su vestuario siempre se caracteriza por enseñar lo máximo posible. Incluso Mística, teniendo características poco agradables como ser azul y tener escamas, va prácticamente desnuda para compensarlo.

¿Qué aporta esa sexualización al personaje? ¿No puede una mujer ser superhéroe con ropa más parecida a la que llevan ellos? ¿La cremallera del traje de Spiderman está en una zona estratégica entre el pene y los testículos que hace imposible que una mujer se lo ponga?

Desde la pantalla están mandando el mensaje de que las mujeres solo podemos ser figuras bonitas, calladas a ser posible, pero si nos convierten en superheroínas que al menos las tetas justifiquen nuestra presencia. ¿Cómo queremos erradicar el sexismo en las generaciones venideras si seguimos fomentando esos estereotipos?

La próxima vez que juzguéis a alguien pensad en qué medida vuestro juicio se basa en estereotipos que, en el fondo de vuestra patata, sabéis que os han llegado a través del cine. Os sorprenderá.

Carmen Tacón